Militantes, jubilados, estudiantes y referentes sociales coparon las inmediaciones del departamento de la exmandataria con banderas, bombos y carteles. Entre cánticos patrióticos y consignas políticas, la tarde del 25 de mayo se transformó en un acto de resistencia popular que reivindicó a los Kirchner, Evita, las Madres y las universidades públicas, mientras desde el balcón la propia Cristina flameó la enseña nacional y entonó el himno junto a la multitud.
En una jornada que conjugó la celebración patria con la protesta política, la esquina de San José al 1111 volvió a erigirse como un polo magnético de la militancia kirchnerista. Lo que alguna vez fue la puerta de acceso al poder se convirtió, en esta nueva conmemoración del 25 de mayo, en un escenario de fervor popular donde una multitudinaria “peña patriótica” rodeó el edificio donde cumple prisión domiciliaria la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. El celeste y blanco dominaba cada rincón: banderas argentinas atadas a árboles y postes de luz, escarapelas sobre pecheras repletas de símbolos, y un mar de personas que llevaban altoparlantes caseros, bombos de cuero y carteles escritos a mano. Bajo el famoso balcón del barrio de Constitución, las consignas se entremezclaban con reivindicaciones históricas: Néstor Kirchner, Evita Perón, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la defensa de la universidad pública y tantas otras luchas fueron coreadas como parte de un mismo relato de emancipación.
Entre los asistentes, la diputada de Unión por la Patria Paula Penacca, quien se acercó a un puesto organizado por la militancia de Parque Avellaneda donde se ofrecían magdalenas caseras y dos enormes ollas humeantes de chocolate caliente para combatir la tarde otoñal, expresó que esta fecha tenía un significado profundo. “Era una ocasión más que propicia para estar aquí, en el cumpleaños de la Patria, tal como Cristina suele decir. Como tantas otras veces, venimos a escoltarla y a agradecerle todo cuanto realizó por nosotros”, señaló la legisladora. En sintonía con los afiches que la circundaban —algunos de ellos denunciaban directamente al Poder Judicial—, Penacca agregó durante un diálogo con este medio que la movilización también perseguía un reclamo de fondo: “Exigimos su liberación porque su encarcelamiento es injusto, porque es inocente y porque está claro que todo esto busca disciplinar a los dirigentes políticos para que nunca más alguien intente construir la emancipación de la Patria”.
La música folclórica se apoderó de la tarde con la inconfundible voz de Mercedes Sosa entre las canciones más coreadas. Pasadas las cuatro y media, la expectativa estalló cuando la protagonista de la jornada apareció en el balcón del segundo piso. Vestida con una escarapela en el pecho, Cristina Fernández no pronunció discurso alguno, pero sus gestos hablaron con claridad: con ambas manos flameó una bandera argentina desplegada hacia la multitud. Abajo, como respuesta, un enorme coro comenzó a entonar el himno nacional, pero no en tono solemne sino acompañado por el retumbar de bombos y el repiqueteo de panderetas. Desde lo alto, la exmandataria también cantó. Quienes observaban con atención podían leer el movimiento de sus labios mientras los libres del mundo respondían con un mar de manos levantadas y dedos en forma de V que saltaban al ritmo de la marcha patriótica. Entre el bullicio, se filtraban una y otra vez gritos espontáneos: “¡Te amo, Cristina!”.
La convocatoria no distinguió edades. Desde adolescentes hasta personas de la tercera edad se dieron cita en esa esquina que lució cubierta de celeste y blanco. Entre ellas, Renata Veber, presidenta del centro de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras, sostuvo ante este diario que “el primer paso para sacar al país adelante es liberar a Cristina, porque es quien más ha puesto el cuerpo para defender la soberanía con políticas que apuntan a un país más justo, en favor de todos los argentinos”. Las consignas recorrían cada metro de la vereda: una mujer lucía una remera con la leyenda “Nunca mascotas del poder”, mientras que en una calle aledaña un grupo de militantes pegaba sobre una pared letras rojas que poco a poco conformaron la frase “Liberemos a Cristina y a la Argentina”. Entre la selva de carteles y banderas, sobresalía una gigante con forma de escarapela que llevaba impresa una declaración contundente: “Con proscripción o hay Patria”.
Eduardo, un vecino de 80 años que sostenía en alto un cartel donde se leía “Señores jueces, la voluntad popular no se proscribe”, reflexionaba sobre el sentido de la movilización. “Proscribir, reprimir, encarcelar o asesinar es una campaña que los gobiernos de derecha han aplicado en muchas épocas de nuestra historia. Estar acá es ir en contra de todo eso, tener memoria y asegurar que no se repita más”, advirtió con la voz firme. Eduardo, que también se hace presente todos los miércoles en las marchas de jubilados, explicó con una sonrisa: “Yo quiero que la muerte me encuentre vivo”. Su presencia era un recordatorio ambulante de que las luchas del pasado se entrelazan con las del presente.
El evento también fue una vitrina de la economía popular. A lo largo de las cuadras aledañas se desplegaron puestos de artesanías, cuadernos artesanales, indumentaria y stickers con imágenes de la militancia. Además, abundaban los puntos de venta de comidas callejeras. Cada emprendedor ofrecía su trabajo como una forma de subsistencia en un momento particularmente adverso para el empleo y el consumo en la Argentina. Sobre una escalera, apoyada contra el edificio donde la expresidenta cumple prisión domiciliaria en el marco de la causa Vialidad, una joven organizaba afiches y los sumaba a un enorme mural de estilo collage. En el centro de esa obra colectiva se destacaba una foto de Cristina con la frase “Que florezcan mil flores”, rodeada por guirnaldas de papel, corazones, los colores patrios, imágenes de desaparecidos durante la última dictadura y postales de las Islas Malvinas.
A pocos metros, sentada bajo la copa de un árbol, la militante Estela resumió el sentimiento general: “En este día patrio, que Cristina nos regaló con mucha alegría para que festejemos juntos, qué mejor manera que venir a acompañar a nuestra principal referente”. Penacca, por su parte, agregó una reflexión política de mayor alcance: el 25 de mayo representa una oportunidad para “estar juntos, en comunidad, algo que el neoliberalismo viene a destruir pero que con Néstor y Cristina recuperamos y revivimos: ser un pueblo feliz, empoderado”. En una de las esquinas más concurridas flameaba una gran bandera celeste con el retrato de Néstor Kirchner junto a una de sus frases más recordadas: “No tengan miedo, coraje que hay un nuevo amanecer”. Allí, ningún militante dejó pasar por alto una efeméride dentro de la efeméride: fue un 25 de mayo, pero de 2003, cuando el entonces flamante presidente Néstor Kirchner asumía por primera vez el mando de la Nación, inaugurando una etapa que sus seguidores reivindican como la de la reconstrucción nacional. La jornada terminó sin incidentes, pero con la certeza de que el balcón de San José 1111 sigue siendo, para miles, un símbolo de resistencia y esperanza.
