El Ciclón, que llegó como líder del Grupo D, no pudo sostener su privilegiada posición y sucumbió por la mínima ante el conjunto paraguayo. Un solitario tanto de Allan Wlk en el primer tiempo selló la suerte del equipo argentino, que finalizó tercero en una zona de extrema paridad.
En una noche que prometía ser de consagración y terminó transformándose en un amargo capítulo para la institución de Boedo, el conjunto de San Lorenzo se despidió de manera prematura de la Copa Sudamericana 2026. El escenario era el estadio Pedro Bidegain, testigo de una derrota inesperada por 1 a 0 frente a Recoleta de Paraguay, un resultado que sepultó cualquier ilusión de avanzar a la siguiente ronda. La paradoja fue cruel para el “Ciclón”, ya que antes del pitazo inicial se ubicaba en la cima de su zona, pero al concluir la sexta y última jornada del grupo D, solo le quedó el amargo sabor de la frustración.
El único grito sagrado de la velada llevó la firma del delantero Allan Wlk, quien capitalizó una veloz transición ofensiva cuando el cronómetro marcaba 36 minutos del primer período. Esa conquista no solo quebró la resistencia local, sino que además otorgó al elenco paraguayo un triunfo histórico, ya que hasta esta noche arrastraba cinco empates en su haber. Con esta victoria, Recoleta escaló hasta la primera posición del grupo, acumulando ocho unidades, mientras que el anfitrión se hundió en la tercera colocación con siete puntos, una cosecha insuficiente para sostener su antigua condición de favorito.
La igualdad fue la tónica dominante en esta fase preliminar, y la derrota del Ciclón lo dejó fuera de competencia de manera inmediata. En paralelo, Santos de Brasil cumplió con su deber ante su público y goleó por 3 a 0 a Deportivo Cuenca de Ecuador, transformándose así en el escolta del grupo. La diferencia de gol fue el criterio que benefició al Peixe, ya que en el desempate particular con el conjunto argentino ambos enfrentamientos habían concluido con empates idénticos (1 a 1 en Buenos Aires y 2 a 2 en San Pablo), un detalle que terminó siendo lapidario para los intereses del Ciclón.
Desde los primeros compases, el dueño de casa insinuó intenciones de quedarse con el dominio del esférico. Apenas transcurridos cuatro minutos, el carrilero Mathías De Ritis perforó por el flanco izquierdo del ataque, conectó con una habilitación en cortada proveniente del mediocampista Facundo Gulli dentro del área y sacó un zurdazo cruzado y raso que besó el césped antes de morir cerca del segundo poste, generando la primera señal de alerta en el arco defendido por Nelson Ferreira. Diez minutos más tarde, la dupla ofensiva del Ciclón intentó una combinación prometedora: el atacante Alexis Cuello envió un pase en profundidad para la llegada de Rodrigo Auzmendi, quien no logró batir al arquero rival debido a una oportuna achicada del guardameta paraguayo.
Sin embargo, la visita no tardó en advertir que también poseía armas para lastimar. A los 22 minutos, una réplica veloz ejecutada por el costado derecho derivó en un remate bajo y atravesado del enganche Wilfrido Báez, que el arquero Orlando Gill contuvo sin mayores contratiempos. Pero la advertencia no fue suficiente para evitar el mazazo. En el minuto 36 de la etapa inicial, una desorganización defensiva del fondo local habilitó una nueva transición rápida. Esta vez, el balón llegó a los pies del mencionado Allan Wlk por el sector izquierdo, quien sin dejarla picar conectó un zurdazo de primera intención que se coló raso y ajustado al primer palo, sorprendiendo a Orlando Gill y desatando la desolación en las gradas del Bajo Flores.
El complemento trajo consigo una reacción desesperada del cuadro argentino en busca del empate. A los 11 minutos, un centro elevado desde la derecha encontró la testa de Rodrigo Auzmendi, cuyo cabezazo careció de la suficiente violencia y fue desviado por Nelson Ferreira hacia su poste izquierdo. Tan solo tres minutos más tarde, Facundo Gulli protagonizó una maniobra individual elogiables: avanzó por la izquierda, eludió a un marcador mediante un cambio de ritmo y, tras ingresar al área, sacó un disparo cruzado que nuevamente el portero paraguayo alcanzó a rechazar. La insistencia continuó a los 15 minutos, cuando Alexis Cuello dominó un centro proveniente de De Ritis con un autopase que le posibilitó encarar por el costado izquierdo del área ajena, para luego liberar un remate elevado que Ferreira, gracias a un notable timing para achicar el espacio, logró desviar al córner.
El epílogo del encuentro contuvo una dosis extra de dramatismo. En el minuto once del tiempo de descuento —cuando ya se jugaba el anteúltimo suspiro reglamentario—, el arquero Orlando Gill cometió una infracción dentro de su área que el árbitro sancionó como penal. Parecía la oportunidad redentora para el Ciclón. El mismo Allan Wlk, verdugo de la noche, se encargó de ejecutar el lanzamiento desde los doce pasos, pero Gill se reivindicó con una notable estirada: adivinó la intención del remate bajo hacia su poste izquierdo y detuvo el disparo. Sin tiempo para nada más, el conjunto local no pudo gestar un último contraataque que al menos le otorgara un punto heroico. El pitazo final encontró a los jugadores de San Lorenzo con las manos vacías y el rostro desencajado, mientras los paraguayos celebraban una clasificación que parecía improbable antes del inicio de la jornada. El Ciclón, que soñaba en lo más alto, quedó abruptamente eliminado de la escena internacional.
