Un informe confidencial elaborado por Misión Productiva, con base en estadísticas de la OCDE obtenidas, desmantela la narrativa oficial sobre el supuesto despegue económico. A pesar de los discursos y beneficios impositivos como el RIGI, el país se ubica muy por detrás de sus vecinos y apenas logra reunir una fracción de los capitales que ingresan en Brasil, México o Chile.
En medio de una controvertida difusión oficial que intentaba instalar un mapa cargado de inexactitudes acerca de un hipotético repunte del crecimiento económico asociado a las inversiones cobijadas por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), emergió una estadística irrefutable que termina por perforar de lleno el relato gubernamental. Se trata de una investigación de la agrupación Misión Productiva, que procesó información suministrada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y a la cual pudo acceder este diario. Las conclusiones no dejan resquicio a la interpretación optimista: la Argentina se desploma hasta el último puesto en la tabla regional de captación de inversión extranjera directa, un indicador clave para medir la confianza que despierta un país entre los capitales globales.
El documento revela cifras lapidarias que contrastan violentamente con la euforia propagandística que intenta instalar el equipo económico. De acuerdo con los registros de la OCDE correspondientes al año 2025, mientras que el Brasil gobernado por Lula da Silva logró absorber aproximadamente 77 mil millones de dólares en concepto de inversión extranjera directa, México recibió más de 40 mil millones de dólares y el Chile liderado por José Antonio Kast superó los 13 mil millones de dólares, la administración de Javier Milei apenas consiguió reunir unos magros 3.100 millones de dólares. Esta cifra no solo sitúa al país en la retaguardia de las principales economías latinoamericanas, sino que además representa una porción ínfima del capital que ingresó en la nación vecina: la Argentina ni siquiera alcanza el cinco por ciento de lo que obtuvo Brasil y se queda por debajo del diez por ciento de lo que captó el país trasandino.
El contraste se vuelve aún más desolador cuando la comparación se extiende hacia economías de menor tamaño relativo. El informe subraya con énfasis que incluso naciones como Costa Rica, con un tejido productivo sensiblemente más reducido, consiguieron atraer flujos de capital extranjero superiores a los registrados en el territorio argentino. Esta realidad evidencia, según los analistas de Misión Productiva, las dificultades profundas y persistentes que enfrenta el país para consolidarse como un destino atractivo para el capital productivo de largo alcance, a pesar de poseer ventajas competitivas indiscutibles en sectores estratégicos y de haber implementado un abanico de estímulos regulatorios de gran magnitud.
Un punto central que subraya el trabajo es la ineficacia demostrada por el RIGI, el buque insignia de la política de atracción de inversiones de la Casa Rosada. Los especialistas liderados por Martín Alfie destacan que, pese a que el gobierno colocó la llegada de capitales foráneos como uno de los pilares de su hoja de ruta económica, los números aportados por la OCDE confirman que el esquema de incentivos no ha logrado modificar el escenario de fondo. Las inversiones vinculadas predominantemente a la explotación de recursos naturales y a proyectos energéticos —los principales beneficiarios del régimen— resultan insuficientes para desencadenar un proceso amplio y diversificado de radicación de capitales. Desde Misión Productiva advierten que el fomento de actividades extractivas o de enclave no constituye, por sí mismo, un cambio de paradigma en la estructura productiva.
Para comprender las razones que explican este magro desempeño, el análisis repasa un conjunto de factores estructurales. En primer lugar, destaca la pronunciada contracción del consumo y de la demanda interna, un contexto que desalienta cualquier intento de ampliar la capacidad instalada ante la falta de perspectivas de colocación de bienes y servicios. A ello se suma la virtual paralización de la obra pública, una decisión que impacta de manera directa sobre la industria de la construcción y sus extensas cadenas de proveedores, al tiempo que profundiza el vacío de dinamismo económico. La escasez de crédito destinado al sector productivo constituye otra traba insalvable, agravada por una apreciación cambiaria que erosiona sistemáticamente la competitividad de los rubros transables con el exterior. La incertidumbre acerca de la sostenibilidad futura del esquema macroeconómico completa un cuadro de alto riesgo que ahuyenta cualquier decisión de radicación de capital a largo plazo.
Los especialistas enfatizan que la inversión extranjera difícilmente pueda expandirse de manera orgánica y perdurable en un escenario donde el mercado interno permanece deprimido, donde la capacidad instalada se utiliza por debajo de sus niveles óptimos y donde el financiamiento de largo plazo brilla por su ausencia. La debilidad del entramado de pequeñas y medianas empresas, junto con la caída de sectores intensivos en mano de obra, configuran un círculo vicioso que ninguna norma de promoción puede romper si no se atienden las causas estructurales. El informe concluye con una reflexión histórica: los países que lograron procesos sostenidos de desarrollo económico mantuvieron tasas de inversión significativamente más altas que las proyectadas hoy para la Argentina. El verdadero desafío hacia adelante, entonces, pasa por reconstruir las condiciones básicas que permitan una expansión amplia de la inversión productiva en todos los sectores. De lo contrario, la estrategia actual de estabilización y el rumbo productivo trazado por el gobierno continuarán dejando una huella negativa en el porvenir económico del país.
