Alerta roja en las aulas: el avance imparable de las apuestas online entre los jóvenes argentinos y los vacíos de una ley que preocupa a especialistas

Alerta roja en las aulas: el avance imparable de las apuestas online entre los jóvenes argentinos y los vacíos de una ley que preocupa a especialistas

A pesar del proyecto enviado al Senado, los expertos advierten que la iniciativa oficial no aborda el corazón del problema y podría terminar beneficiando a las plataformas legales en detrimento de una protección integral a los menores

En cada encuentro de madres y padres que se organiza en los colegios secundarios —e incluso en los últimos años de la educación primaria—, tanto en los grandes centros urbanos como en las localidades más apartadas del país, resuena invariablemente la misma señal de alarma que se repite desde hace varios años: las apuestas por internet se han instalado como una preocupación central, especialmente entre los adolescentes varones. Este fenómeno adquiere una dimensión todavía más perturbadora cuando se observa a los propios referentes deportivos de esos chicos. Las camisetas de los cinco clubes más importantes del fútbol argentino, aquellas que visten los ídolos que ellos mismos admiran y cuyas réplicas adquieren niños y jóvenes con devoción, lucen en el pecho publicidades de casas de apuestas de manera prominente. Lo que ya constituye un riesgo evidente se ha transformado, paradójicamente, en una práctica naturalizada.

Los profesionales que estudian las adicciones conductuales sostienen que el proyecto de ley sobre ludopatía que el Poder Ejecutivo remitió al Senado no introduce modificaciones sustanciales a esta realidad. Más aún, estos especialistas alertan que la normativa propuesta tendería a resguardar a esas empresas de apuestas frente a sus competidores clandestinos, engrosando así sus ya millonarias ganancias, mientras silencia por completo los vínculos existentes entre las plataformas de juego y las instituciones futbolísticas junto a sus jugadores.

Un abordaje parcial que deja expuestos a los más vulnerables

El texto oficial menciona explícitamente la necesidad de “combatir la explotación de juegos de azar en línea no autorizados”, establece “mecanismos ágiles de bloqueo de dominios y limitaciones de circuitos de pago vinculados a operadoras ilegales” y busca “restringir la publicidad, promoción y difusión de plataformas no autorizadas”. Además, incorpora la modalidad virtual dentro de lo que el código penal considera apuestas ilegales. Sin embargo, cuando Manuel Adorni realizó el anuncio público, ya quedaron en evidencia las prioridades del gobierno: “Ley de Ludopatía, para combatir a las plataformas ilegales de apuestas online en pos de reforzar la protección de menores de edad”. La frase resulta elocuente por lo que omite: la protección que se propone alcanza únicamente a las apuestas clandestinas, no así a aquellas autorizadas que se encuentran al alcance de la mano con sus consecuencias demostradas.

El derrotero legislativo de una oportunidad perdida

Luego de dos intentos previos por avanzar en un encuadre normativo durante los años 2018 y 2020, hace aproximadamente año y medio el Congreso de la Nación había desplegado un debate exhaustivo sobre las apuestas virtuales en nada menos que cinco comisiones —a modo de comparación, la Ley Bases transitó por tres—. En esas instancias expusieron especialistas en adicciones, psicólogos, psiquiatras, familias enteras marcadas por la ludopatía junto a jóvenes que padecieron sus efectos, docentes, defensores del pueblo, expertos informáticos, representantes de empresas financieras tecnológicas, autoridades de loterías e incluso referentes religiosos.

En octubre de 2024, la Cámara de Diputados logró dar media sanción a un proyecto de regulación de características muy diferentes al actual. No obstante, en el Senado esa iniciativa quedó sin tratamiento —pese a haber sido considerada en la Comisión de Salud—, lo que allanó el camino para que ingresara esta nueva redacción legal con un espíritu notablemente distinto.

La diputada Mónica Frade, una de las principales impulsoras del proyecto que obtuvo media sanción, recordó en diálogo con este medio los ejes centrales de aquella iniciativa: “Pusimos mucho énfasis en la publicidad: la prohibición de pauta de juego era absoluta y total. En todos los espectáculos, los estadios, las camisetas de los jugadores, hasta en los influencers. Solo quedaba permitida en el interior de los casinos y bingos. También prohibimos los famosos ‘bonos de bienvenida’ y tomamos el recaudo de incluirlo en la reglamentación, como ocurrió con el tabaco, para garantizar que si salía la ley el Ejecutivo no pudiera obviarlo. Fue de las cosas más resistidas”.

Una normativa que blinda a las legales y desprotege a los adolescentes

El proyecto impulsado por el oficialismo propone “restringir la publicidad de plataformas no autorizadas”, pero guarda absoluto silencio respecto de aquellas que cuentan con autorización estatal. En los hechos, deja un carril completamente liberado para la promoción del juego, con apenas dos salvedades: indica que los mensajes publicitarios “no podrán ser dirigidas ni protagonizadas por personas menores de edad” y que su contenido no podrá transmitir la idea de “éxito” o “solución financiera”, una delimitación que parece difícil de trazar en términos prácticos. ¿Acaso la sola figura del influencer o del futbolista profesional no encarna por sí misma esas ideas de triunfo y prosperidad? Por último, el texto menciona la implementación de campañas de concientización.

El proyecto que contaba con media sanción, en contraste, extremaba las medidas de protección respecto de los menores. No solo exigía una verificación facial inicial a través del Renaper para acceder a las apuestas, sino que obligaba a revalidar la autenticidad de la identidad después de cierto tiempo de juego, para impedir que un adulto pudiera facilitar el ingreso a un menor. También prohibía el uso de tarjeta de crédito como mecanismo para evitar el endeudamiento y sumaba la figura de la autoexclusión, permitiendo que quienes reconocen su problema con el juego pudieran solicitar ser inscriptos en un registro que les bloqueara el acceso a las terminales.

El drama atraviesa a toda la familia

La diputada Frade subrayó además que el proyecto original abordaba también la situación de los jugadores adultos: “Yo recibía muchos papás ludópatas que llorando me decían ‘me jugué las zapatillas de mi hijo’. Cuando hablamos de ludopatía hablamos de grupos: todo el grupo primario se afecta cuando hay un ludópata, cualquiera sea el miembro de la familia”. Su diagnóstico es contundente respecto de la intención detrás de la nueva iniciativa: “En realidad hay una intención de captación de toda esa masa de jugadores para que de las ilegales vayan a las legales. No les preocupa el tema en sí, sino la captación”.

Cuando apostar es un modo de socializar entre pares

El proyecto gubernamental cita datos del Observatorio Argentino de Drogas del Sedronar, correspondientes a un estudio de 2025 que “advierte que más de una cuarta parte de los estudiantes de enseñanza secundaria manifestó haber participado de apuestas con dinero en el último año”, precisando que se trata mayoritariamente de apuestas en línea. El mencionado estudio no establece diferenciación alguna entre apuestas legales e ilegales.

Una investigación del Conicet que sirvió como insumo para el trabajo titulado “Apuestas deportivas online y jóvenes en Argentina: entre la sociabilidad, el dinero y el riesgo”, a cargo de los sociólogos Juan Branz y Diego Murzi, destaca que “los jóvenes perciben a las apuestas deportivas mayormente como un juego o una diversión, que se da, principalmente, cuando están con amigos”. Los investigadores agregan que “se trata de una actividad escasamente regulada por el Estado a la que cualquier persona puede acceder y es atractiva desde el momento en que promete recompensar con dinero un ‘saber’ sobre deportes en un país con alto consumo de espectáculos deportivos”.

Demostrar que se sabe: el componente identitario del juego

En su análisis de los resultados obtenidos mediante encuestas, los investigadores advierten un hallazgo revelador: “lo que se pone en juego en las apuestas no es solo ganar o perder dinero. También es importante para los jóvenes demostrar con sus amigos que ellos ‘saben de deportes’, y ganar una apuesta es la confirmación de ese saber”. Este componente identitario y de reconocimiento dentro del grupo de pares resulta central para comprender la atracción que ejerce la actividad.

Ninguno de los factores principales que, según quienes estudian esta problemática, inciden en una posible adicción se encuentra contemplado en el texto de esta ley. El problema de fondo no reside en la distinción entre lo legal y lo ilegal; lo verdaderamente peligroso es que la invitación a participar del juego sea bombardeada desde el propio deporte profesional y sus máximas figuras, que se encuentre tan accesible para todos y cada uno —literalmente al alcance de la mano a través de cualquier dispositivo móvil— y que estas apuestas no tengan una regulación efectiva más allá de una declaración jurada realizada con un simple clic.

El círculo de amigos como puerta de entrada

El trabajo académico aporta un dato adicional de enorme relevancia: más del noventa por ciento de los entrevistados inició su participación en apuestas virtuales porque un amigo lo introdujo en la práctica. Por esta razón, los autores del estudio hablan de una sociabilidad masculina estrechamente ligada a las apuestas en línea como un eventual factor de riesgo entre los jóvenes. Todo esto ocurre en un contexto histórico donde el encuentro y la socialización transcurren cada vez más a través de los espacios virtuales.

Un fenómeno tan complejo y extendido no puede reducirse a la mera diferenciación binaria entre lo legal y lo ilegal. Todo parece indicar que el meollo de la cuestión tiene que ver con la facilidad de acceso y la multiplicación constante de los estímulos que incitan al juego. Los especialistas insisten en la necesidad de una mayor regulación y de una intervención estatal más activa y efectiva. “Esto implica nuevos desafíos en la regulación para incorporar mecanismos que eviten el acceso a jóvenes, pero también a jugadores que experimentan problemas con el juego”, remarcan los investigadores, en una advertencia que el proyecto de ley actual parece no haber escuchado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *