Un exvecino del edificio de Juncal y Uruguay aseguró que durante los años que residió allí nunca observó ingresos de bolsos ni movimientos inusuales vinculados al matrimonio presidencial. Su declaración se suma a la del encargado del inmueble y reabre cuestionamientos sobre algunos de los relatos que sostienen la acusación.
La causa conocida como “Cuadernos” volvió a sumar un capítulo de alto impacto durante las últimas audiencias del juicio oral. Esta vez, un nuevo testigo aportó una versión que contradice algunos de los elementos centrales utilizados para sostener la hipótesis de supuestas entregas de dinero en efectivo en el departamento que ocupaban Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en el barrio porteño de Recoleta.
Se trata de Ignacio Laplacette, quien vivió entre 2007 y 2011 en el edificio ubicado en la esquina de Juncal y Uruguay. Ante el Tribunal Oral Federal N°7, el hombre afirmó que jamás observó el ingreso de bolsos, valijas o movimientos extraordinarios que pudieran llamar la atención de los residentes. Asimismo, aseguró que durante todo ese período nunca se cruzó con el expresidente Néstor Kirchner, con la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner ni con sus hijos Máximo y Florencia.
Su declaración coincidió con la brindada días atrás por el encargado del edificio, Julio Silva, quien había generado controversia al denunciar que el contenido de una declaración atribuida a él durante la instrucción judicial no reflejaba lo que realmente había manifestado. Silva sostuvo que nunca observó los movimientos que luego aparecieron plasmados en las actas y aseguró haber firmado aquel documento bajo presiones de las autoridades que conducían la investigación en ese momento.
La relevancia de ambos testimonios radica en que chocan directamente con una parte sustancial de los escritos atribuidos a Oscar Centeno, exchofer de Roberto Baratta, y con las confesiones de varios imputados arrepentidos que describieron supuestas entregas de dinero transportado en bolsos y valijas hacia la residencia de los Kirchner en Recoleta. Esos relatos constituyen uno de los pilares sobre los cuales se construyó la acusación contra la expresidenta.
Durante su exposición, Laplacette explicó que apenas vio en dos oportunidades a Daniel Muñoz, exsecretario privado del matrimonio presidencial fallecido en 2016. Recordó que mantuvo una breve conversación con él cuando decidió vender su departamento y quiso saber si podía existir algún interés en la propiedad. Según relató, Muñoz no recibió bien la propuesta. Posteriormente, quien se presentó como interesado fue el empresario Osvaldo Sanfelice, aunque al momento de formalizar la operación apareció Osvaldo De Sousa, también imputado en la causa. El testigo describió aquella compraventa como una transacción habitual, marcada únicamente por las negociaciones propias de cualquier acuerdo inmobiliario.
Consultado específicamente sobre rumores o comentarios relacionados con personas que ingresaran al edificio transportando bolsos o equipaje con destino al departamento de los Kirchner, Laplacette fue categórico. Señaló que nunca observó situaciones de esa naturaleza y destacó que el consorcio estaba integrado por pocos vecinos, por lo que cualquier movimiento fuera de lo común habría resultado fácilmente detectable.
Otro de los aspectos que despertó interés en la audiencia fue la explicación sobre cómo terminó declarando ante la Justicia en agosto de 2018, pocos días después de que estallara públicamente la causa de los Cuadernos. Mientras en el acta de la fiscalía se consignó que había concurrido espontáneamente para aportar información útil a la investigación, Laplacette sostuvo ante el tribunal que fue contactado directamente por el fiscal Carlos Stornelli.
Según relató, primero recibió mensajes de WhatsApp y luego una llamada telefónica del funcionario judicial, quien le consultó si poseía información relevante para la causa. El episodio lo tomó completamente por sorpresa. Incluso recordó que se encontraba realizando una compra cuando recibió la comunicación y pensó inicialmente que se trataba de una broma. Poco después comprendió que efectivamente era el fiscal y fue convocado a declarar ese mismo día.
En aquella oportunidad, afirmó, se limitó a comentar que los Kirchner prácticamente no frecuentaban el inmueble y relató detalles de la venta de su departamento. También mencionó que en una ocasión observó una ventana cubierta con papel, algo que le llamó la atención, aunque sin atribuirle ningún significado especial. Insistió en que esos fueron los únicos datos que aportó.
Las referencias a Stornelli ocuparon una parte importante de la jornada. El fiscal fue quien recibió las fotocopias de los cuadernos atribuidos a Oscar Centeno de manos del periodista Diego Cabot y posteriormente impulsó la investigación que derivó en una extensa serie de detenciones y declaraciones de empresarios y exfuncionarios. Durante los primeros meses del proceso oral, varios imputados denunciaron haber declarado bajo presiones para obtener beneficios procesales, mientras algunos admitieron posteriormente que brindaron versiones inexactas por temor a quedar detenidos.
Las dudas sobre el origen y la construcción de ciertas pruebas también reaparecieron a partir de la situación de Jorge Bacigalupo, exsargento de la Policía Federal y allegado a Centeno. El hombre, quien tuvo un papel relevante en la entrega de los cuadernos al periodista que los dio a conocer, es investigado por las correcciones y modificaciones detectadas en esos manuscritos. Su reciente testimonio alimentó interrogantes acerca de la posible intervención de estructuras de inteligencia en los primeros momentos de la investigación.
En paralelo, el tribunal completó la declaración de Hilda Horovitz, expareja de Oscar Centeno, quien había interrumpido su testimonio días atrás tras sufrir una descompensación. La mujer ratificó que denunció a Centeno en 2017 por considerar que poseía bienes incompatibles con los ingresos que percibía como chofer del Ministerio de Planificación.
Sin embargo, varios pasajes de su declaración generaron nuevas controversias. Durante el interrogatorio surgieron mensajes enviados por ella a Roberto Baratta en los que reclamaba ayuda para obtener vivienda, dinero y otras asistencias, insinuando que contaba con información comprometedora. También quedaron expuestos intercambios con Miriam Quiroga, exdirectora de Documentación de la Presidencia, a quien buscó contactar para llegar hasta el periodista Jorge Lanata.
Uno de los momentos más llamativos ocurrió cuando se analizaron fotografías de bolsos que Horovitz había remitido a Baratta. En una de las imágenes aparecía un bolso con un billete de cien dólares. Consultada sobre el origen de ese elemento, la mujer sorprendió al reconocer que el billete era falso y que había sido colocado por ella misma, restando valor probatorio a la fotografía.
Hacia el final de su exposición, también relativizó una afirmación realizada durante la etapa de instrucción, donde figuraba que Centeno le comentaba periódicamente el contenido de los cuadernos. Frente al tribunal, dijo no recordar haber realizado esa afirmación ni que su expareja le hubiera explicado qué escribía en aquellas anotaciones. Según sostuvo, Centeno era una persona reservada y hablaba muy poco sobre su trabajo o sobre el contenido de los cuadernos que más tarde se convertirían en el eje de una de las causas judiciales más resonantes de la historia reciente argentina.
Las últimas audiencias dejaron así un escenario atravesado por contradicciones, rectificaciones y cuestionamientos sobre testimonios clave. Mientras la acusación intenta sostener la validez de las pruebas reunidas durante la instrucción, nuevas declaraciones continúan poniendo bajo la lupa algunos de los episodios que dieron origen al expediente que mantiene en vilo a la política argentina desde hace casi ocho años.
