Las nuevas alzas impactan en las facturas de electricidad, gas natural y suministro hídrico, además de las mensualidades de la medicina privada, el boleto del transporte metropolitano y el costo de los peajes. El precio de los combustibles, en tanto, permanece en terreno incierto.
El sexto mes del año arranca con una seguidilla de modificaciones al alza en prestaciones fundamentales que ejercerán una nueva presión sobre la economía doméstica. Los incrementos abarcan desde los cargos por energía eléctrica, gas y agua hasta las cuotas de las empresas de medicina prepaga, sin dejar de lado el valor del pasaje en el transporte público de pasajeros y el acceso a las autopistas urbanas. A este cuadro se suma la posibilidad de que los combustibles líquidos también experimenten una recomposición en sus precios en los próximos días.
En el segmento del gas natural distribuido por redes, los usuarios residenciales afrontarán una suba media del 2,81 por ciento a nivel nacional, conforme lo autorizado por el ente regulador. En paralelo, en el Área Metropolitana de Buenos Aires, la tarifa eléctrica se actualizará un 1,5 por ciento. No obstante, el verdadero golpe en los bolsillos, advierten especialistas, estará vinculado al incremento estacional en el consumo, impulsado por las temperaturas invernales que ya comienzan a sentirse.
El capítulo del agua tampoco permanecerá inmune a los reacomodamientos. Los clientes de AySA, tanto en la Capital Federal como en los partidos del conurbano bonaerense, recibirán boletas con un 3 por ciento adicional. La empresa prestadora sostiene su mecanismo de revisión mensual de tarifas, aunque mantiene vigentes los beneficios para los sectores con menores recursos económicos, en forma de bonificaciones y subsidios focalizados.
En cuanto al transporte, subirá el boleto de colectivos y trenes en el Área Metropolitana, con nuevas escalas que impactarán en millones de viajes diarios, a la vez que los peajes de las principales autopistas de acceso a la ciudad registrarán un ajuste similar. La medicina privada, por su parte, aplicará desde los primeros días de junio un incremento en las cuotas de los planes de salud, siguiendo la pauta inflacionaria y el índice de costos del sector.
El escenario energético permanece así bajo permanente revisión, y las subas escalonadas se suman a una serie de ajustes periódicos que vienen sucediéndose en los últimos meses, con el objetivo de reducir los subsidios fiscales. Aunque el gobierno ha sostenido la necesidad de avanzar hacia una segmentación más precisa de los apoyos estatales, los hogares de ingresos medios y bajos continúan sintiendo el impacto acumulativo de cada modificación tarifaria.
La incertidumbre, mientras tanto, se traslada también al surtidor. Si bien aún no hay una confirmación oficial, fuentes del sector energético no descartan que durante junio los combustibles líquidos —naftas y gasoil— también atraviesen una nueva recomposición, en línea con la evolución del tipo de cambio oficial y de los precios internacionales del petróleo. De concretarse, sería otro eslabón más en la cadena de aumentos que amenaza con erosionar aún más el poder adquisitivo de las familias argentinas en las puertas del invierno.
