La exministra reapareció con una pieza audiovisual musicalizada con un clásico de Tita Merello, donde una inteligencia artificial la muestra frente a un laberinto con tres destinos posibles. El gesto llega tras semanas de asperezas con el núcleo gobernante, en un contexto donde las lealtades internas se ponen a prueba.
En el momento justo en que las aguas del poder comienzan a tornarse turbulentas, Patricia Bullrich vuelve a ejecutar la maniobra que mejor domina: un repliegue estratégico, un paso lateral que le permite observar el escenario sin quedar atrapada en el centro del vendaval. La senadora del espacio libertario eligió las horas más álgidas de la tensión con Javier y Karina Milei para resurgir con una pieza audiovisual tan inusual como cargada de mensajes cifrados, un material que rápidamente volvió a encender las luces de alarma dentro de las filas de La Libertad Avanza.
El video, ambientado con la melancólica cadencia de “Se dice de mí”, el inmortal tango interpretado por Tita Merello, transita por diversos episodios de la trayectoria política de la exministra. Las imágenes la muestran en distintas facetas: en algunos pasajes aparece sumida en una reflexión profunda, en otros se la observa tejiendo acuerdos en el recinto del Senado. Pero hay una secuencia que, sin duda, se robó toda la atención: una recreación elaborada mediante herramientas de inteligencia artificial donde Bullrich se encuentra de pie frente a un laberinto del cual emergen tres senderos posibles. Cada uno de ellos exhibe un cartel orientador: Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Vicepresidencia de la Nación o, directamente, la Presidencia.
La aparición de este contenido no es fortuita. Llega precisamente cuando los corrillos políticos comienzan a poblarse de especulaciones acerca del lugar que ocupará la exfuncionaria en el tablero electoral de 2027. Y se produce, además, tras una seguidilla de episodios que terminaron por enfrentarla con el círculo más ceñido al oficialismo más duro.
El origen del distanciamiento puede rastrearse en el espinoso conflicto desatado por el pliego de la jueza María Verónica Michelli. Mientras la Casa Rosada impulsaba el retiro de esa nominación, Bullrich optó por diferenciarse de manera pública y contundente: anunció que haría valer una “objeción de conciencia” para no secundar aquella determinación presidencial. Aquel movimiento generó estupor dentro de un espacio político donde cualquier desviación de la línea oficial suele pagarse con un alto costo. Aunque la senadora intentó luego aclarar que su respaldo al rumbo del Gobierno seguía intacto, el gesto fue leído por muchos como una demostración inequívoca de autonomía frente al liderazgo del Presidente. Con el correr de los días, incluso trascendió que Bullrich había puesto a disposición de Milei su propia renuncia a la conducción del bloque libertario en la Cámara alta.
Para intentar enfriar los rumores de una fractura inminente, Karina Milei recibió a la senadora en la Casa Rosada y ambas difundieron una fotografía conjunta. El propio Presidente replicó esa imagen en sus redes sociales. El objetivo era transparente: transmitir la idea de que no existía ninguna ruptura. No obstante, el nuevo video de Bullrich parece narrar una historia muy diferente. Porque más allá de las instantáneas sonrientes y los gestos de unidad forzada, la senadora viene acumulando movimientos que la separan cada vez más del núcleo gobernante. Incluso antes del episodio Michelli, ya había generado ruido al reclamar en público que Manuel Adorni presentara su declaración jurada, y fue protagonista de varios cruces internos que dejaron al desnudo sus diferencias con los hermanos Milei. El laberinto que muestra la inteligencia artificial, entonces, no es solo una metáfora visual: es el espejo de una encrucijada política que Bullrich ya empezó a recorrer, con la música de fondo y la vista fija en el horizonte.
