El Primer Mandatario encabezó el acto inaugural de la 138° edición de la muestra ganadera en el predio de Palermo, rodeado de un fuerte operativo de seguridad y la presencia de funcionarios, gobernadores y dirigentes del sector agropecuario. Si bien cosechó el respaldo de los productores, un grupo de manifestantes lo repudió desde el exterior del recinto.
En una mañana gris y con el suelo embarrado por las recientes lluvias, el máximo responsable del Poder Ejecutivo Nacional atravesó el eje central del campo ferial para dar inicio formal a una de las citas más emblemáticas del calendario agroindustrial. Acompañado por su hermana y principal asesora, el jefe de Gabinete y el titular del Palacio de Hacienda, el jefe de Estado ingresó pasadas las once al escenario principal, donde lo esperaban figuras del empresariado local, miembros de su gabinete en pleno y una multitud de trabajadores rurales que ocupaban las gradas.
El despliegue de custodia resultó uno de los rasgos más visibles de la jornada. Agentes de la fuerza federal con equipamiento táctico y maletines de protección, sumado a un efectivo que portaba un arma de alto calibre a la vista, resguardaron cada paso del orador durante toda la ceremonia, manteniendo una vigilancia constante sobre la retaguardia del líder libertario.
El discurso central del Presidente no incluyó anuncios concretos de normativas inmediatas, pero sí trazó un horizonte de reformas estructurales que encendió el entusiasmo de los presentes. Con énfasis, prometió para un futuro no definido “la supresión definitiva de los gravámenes a las exportaciones”, y sostuvo que el despegue de los sectores energético y minero será el motor que permita costear esa medida tan anhelada por el campo. “Vamos camino a liberarlos por completo”, insistió, al tiempo que calificó a los productores como “héroes”, una denominación que ya había utilizado en ocasiones previas para referirse a quienes eluden el fisco.
El mandatario no escatimó elogios hacia la actividad primaria, a la que definió como “el origen de la civilización” y sostuvo que “cuando la política ataca al campo, ataca a la nación”. En un gesto que provocó una ovación ensordecedora en las tribunas, citó al ex presidente Julio Argentino Roca, a quien distinguió como “un gran prócer”, y arremetió contra las administraciones precedentes, a las que acusó de haber “castigado al sector con cepos, cupos y tarifas máximas”, y de haber “frenado año tras año a la gallina de los huevos de oro”. “Esa página oscura la estamos volteando para siempre”, sentenció.
Sin embargo, la euforia dentro del predio contrastó con la tensión en los accesos. Un nutrido grupo de detractores se apostó tras las rejas perimetrales para repudiar al jefe de Estado mientras este desgranaba su alocución, generando un clima de grieta que se extendió más allá de los límites físicos de la muestra. A pesar de los abucheos externos, los asistentes corearon a coro el eslogan “Presidente, Presidente”, y varios ruralistas le obsequiaron presentes que el funcionario recibió con una sonrisa.
Entre la platea de privilegio, se destacó la presencia del jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, quien asistió acompañado por su esposa y su bebé recién nacido, y recibió un efusivo abrazo del anfitrión. La ministra de Capital Humano levantó al infante en brazos y los hermanos Milei se acercaron a acariciarlo, en una imagen de camaradería política que cobra relevancia ante los futuros desafíos electorales en la ciudad. También ocuparon lugares destacados el titular de la Cámara de Diputados, que no soltó su mate en ningún momento, y el flamante embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, quien arribó con su esposa cuando el discurso del titular de la Sociedad Rural ya estaba avanzado, sin reparos en cruzar entre los invitados ya sentados.
La vicepresidenta de la Nación, en cambio, brilló por su ausencia, reflejando la distancia que la separa de la Casa Rosada. En su reemplazo, envió al presidente provisional del Senado, mientras que el resto del arco político se completó con dos gobernadores presentes: el de Corrientes y el de Santa Cruz, quien supo ser un aliado estratégico.
El discurso del Presidente también incluyó una defensa cerrada de la gestión económica, celebrando la eliminación de los controles cambiarios y asegurando que “el capital global está volviendo a votar por la Argentina”. En ese sentido, agradeció explícitamente al dueño de Starlink por los acuerdos que, según dijo, “conectaron al campo”, y desestimó lo que calificó como “una campaña mediática internacional que quiere demonizar nuestro sentir patriótico”. “No les vamos a dar el gusto y vamos a hacer grande a la Argentina otra vez”, arengó.
Previamente, el anfitrión del evento y titular de la entidad ruralista había brindado un respaldo matizado al rumbo económico, aunque con un reclamo contundente: “Las retenciones deben dejar de existir por ley y para siempre”. En un momento de su alocución, se giró para mirar fijamente al Presidente y al ministro de Economía, quien asentía con la cabeza. El líder rural también celebró la iniciativa gubernamental que busca garantizar la inviolabilidad de la propiedad privada, incluyendo la venta de tierras a extranjeros, y advirtió sobre la necesidad de que la recaudación impositiva regrese en forma de obras y servicios, un punto que no necesariamente sintoniza con la prédica del liberalismo más ortodoxo.
El acto culminó con la entonación del himno nacional y una exhibición de caballos y vacas en la pista central. Antes de retirarse, el Primer Mandatario cruzó nuevamente el fango del predio para dirigirse a los Granaderos a Caballo, quienes despidieron la jornada con la ejecución de la marcha de San Lorenzo, mientras los ruralistas aún coreaban vivas al jefe de Estado, en una mañana que dejó más certezas sobre el respaldo del sector agropecuario que precisiones sobre las políticas por venir.
