Con apenas tres años y medio de distancia desde Qatar 2022, la Copa del Mundo rompe récords de inmediatez, pero también arrastra controversias políticas, censuras simbólicas y una nostalgia inevitable por Maradona. El Destape desembarca en Norteamérica con una cobertura que prioriza lo que sucede fuera de la cancha.
Luego de tres años y medio, la cita ecuménica del balompié vuelve a escena. Ese intervalo, el más breve jamás registrado entre dos ediciones del certamen, convierte a este Mundial en un acontecimiento cronológico singular. La explicación reside en un simple corrimiento estacional: mientras que la justa de Qatar 2022 se disputó en diciembre, la presente recupera los meses habituales de junio y julio. Esta reorganización del calendario trajo consigo una consecuencia simbólica ineludible: la Selección Argentina disfrutó de un semestre menos como monarca vigente. En el universo del olimpismo, el lapso entre dos ediciones de los Juegos recibe el nombre de «olimpiada», pero el tiempo que separa dos Mundiales carece de una denominación específica. Sin embargo, para una vasta porción de la humanidad, ese compás se ha convertido en la vara con la que se miden las épocas, las ilusiones y los olvidos.
Entre los acontecimientos que jalonaron ese período intermedio, uno de los más llamativos fue el gesto de Gianni Infantino al conceder el «premio FIFA de la Paz» a Donald Trump. El mandatario del país anfitrión, apenas veinticuatro horas antes de que el torneo echara a rodar en su propio territorio, ordenó bombardeos sobre Irán, una de las naciones participantes. Tal es la naturaleza de esta competencia. El fútbol en suelo norteamericano se desarrollará bajo esas coordenadas: controles autoritarios sobre las delegaciones de aquellos países que Washington considera amenazas latentes, negativas de visados para árbitros extranjeros y, como si este cóctel de hostilidades fuera insuficiente, la propia FIFA se plegó a la presión y censuró una indumentaria nacional. Haití no podrá saltar al césped vistiendo la camiseta que rendía homenaje a la Batalla de Vértieres, aquel enfrentamiento decisivo en el que las fuerzas revolucionarias haitianas derrotaron al ejército enviado por Napoleón en 1803. La cobertura de El Destape pondrá su foco principal en aquellas situaciones que resultan —o que deberían resultar— imposibles de naturalizar, tanto dentro del rectángulo de juego como en sus márgenes más sombríos.
A lo largo de toda la extensión del Mundial, El Destape ofrecerá un abordaje multiplataforma y una perspectiva singular. En alianza con Telesur, el medio ha llegado a la cita de 2026 y compartirá desde aquellas tierras todo lo que allí acontezca con pasión, con fútbol y con atención minuciosa a cada detalle. Especialmente significativa será la atención puesta en México, una de las sedes que intenta poner un freno a los avances desmedidos de Estados Unidos. Precisamente en el país azteca se disputará el partido inaugural de la Copa: el estadio Azteca se convertirá en el primer escenario en albergar tres certámenes mundialistas diferentes. El encuentro que abrirá el torneo enfrentará a México contra Sudáfrica. El especialista en fútbol exótico —o alternativo— Nahuel Lanzón, quien escribirá a lo largo de toda la competencia, aplicará su mirada personal sobre el fútbol sudafricano y desentrañará por qué esa selección tiene como base a un equipo que nació en pleno Apartheid.
Lo que resulta más llamativo del Mundial 2026 es que muchos de sus elementos nos remitirán inevitablemente a la figura de Diego Armando Maradona. Telesur, el estadio Azteca y, por supuesto, aquel primer cruce entre selecciones evocan recuerdos imborrables, ya que el último antecedente entre México y Sudáfrica en un Mundial se remonta a la mítica edición de 2010, cuando Maradona, como entrenador, nos hizo ilusionar con la gesta. Para colmo, el 22 de junio —fecha en la que Argentina se medirá con Austria— se cumplirán cuatro décadas exactas de aquel partido ante Inglaterra que lo elevó al Olimpo de los próceres argentinos. El fútbol, una vez más, se niega a separar el presente de la memoria.
El video del día en CentroAtrás
Tres informaciones que no pueden pasarse por alto: la primera relata la historia de un milagro: un aficionado salió a festejar el triunfo de la Selección en el Mundial 2022, pero rozó la muerte tras una caída en pleno éxtasis celebratorio. La segunda plantea la pregunta del millón: ¿por qué en pleno 2026 todavía hay personas que impulsan la ola? Un interrogante que indaga en las motivaciones profundas de quienes, en medio de la tensión de un partido, deciden sincronizar sus brazos en un movimiento que nada tiene que ver con lo que ocurre en el césped. La tercera da cuenta de la locura por la Selección Argentina antes del Mundial 2026: lo que en 2022 se volvió viral, hoy persiste con renovado fervor. El fanatismo que despierta la albiceleste en la India no entiende de distancias ni de husos horarios, y sigue creciendo como una marea imparable.
