Las declaraciones juradas rectificadas por el funcionario destapan un crecimiento patrimonial imposible de explicar por medios lícitos convencionales, mientras la aparición de criptomonedas y una herencia tardía siembran más interrogantes que certezas en el expediente del «Adornigate».
Lejos de clausurarse el escándalo bautizado como el “Adornigate”, el desaguisado documental que el jefe de Gabinete presentó simulando una declaración jurada ha logrado el efecto inverso al pretendido. Lejos de calmar las aguas, aquel mamarracho administrativo provocó que la lupa inquisidora se posara con una intensidad todavía mayor sobre los rocambolescos equilibrios que el funcionario debió ejecutar para intentar esclarecer lo que, por su propia naturaleza, resulta inexplicable. Uno de los aspectos más llamativos de este embrollo no surge únicamente de la declaración correspondiente al año 2025, aquella que refleja de manera cruda su brutal acumulación de riqueza; sino, sobre todo, de las correcciones que se vio obligado a realizar hacia atrás en el tiempo. Esto implica tanto su primera presentación ante la Oficina Anticorrupción en 2023, cuando recién se calzaba el traje de vocero público, como la del ejercicio 2024, que ya había soportado tachaduras y modificaciones previas. De la meticulosa comparación entre los documentos primigenios y sus versiones enmendadas emerge un dato contable cuanto menos perturbador: una plusvalía de 490 millones de pesos argentinos en el lapso de apenas dos semanas.
Ese número formidable surge de manera casi inmediata al contrastar el rubro “Bienes, depósitos y numerario al inicio del año” de su formulario original de 2023 con el correspondiente al cierre del mismo periodo, pero tomando como referencia la versión rectificada que el funcionario entregó este miércoles. La simple operación aritmética revela un incremento de 490 millones en solo diecisiete días calendario. Expresado de otra manera más gráfica: Adorni asumió sus funciones como subsecretario de vocería el 14 de diciembre de 2023, por lo que esa fecha debe considerarse como el punto de partida de ese ejercicio fiscal, mientras que la conclusión del período se fija, de manera inapelable, en el último día de aquel mes. Al 14 de diciembre de 2023, el entonces portavoz declaró un patrimonio total que rondaba los 25 millones de pesos, una cifra que a simple vista resultaba compatible con su nivel de vida previo; sin embargo, en la rectificación correspondiente al 31 de ese mismo mes, el funcionario aseguró poseer bienes por un total de 515 millones de pesos. Si se toman esos montos al pie de la letra junto con las fechas consignadas, el resultado es un incremento patrimonial de 490 millones de pesos en tan solo diecisiete días. Un verdadero mago de las finanzas, o al menos un ilusionista contable.
Se trata, es cierto, de un mero ejercicio matemático, pues resulta evidente que Adorni no generó semejante fortuna en un intervalo tan breve, pero la operación sirve perfectamente para graficar el alarmante nivel de desorden que reina en su papelerío fiscal, una cuestión que Patricia Bullrich ya le había señalado con sequedad e ironía hace más de un mes. La llave que permite abrir la puerta de este desaguisado se encuentra en la aparición de los dólares provenientes de sus inversiones en Bitcoins, un terreno en el que Adorni parece desenvolverse con la soltura de un consumado especialista. Son más de 565.000 dólares estadounidenses los que emergieron en la rectificación de 2023 como parte de su supuesto haber previo a su ingreso a la administración pública, fondos que había silenciado en su presentación inicial. Es decir, esos “ahorros en negro” que mencionó durante una plácida entrevista televisiva el miércoles por la noche y que, aparentemente, serían el fruto de una hasta ahora desconocida capacidad para multiplicar criptomonedas hasta alcanzar cifras multimillonarias.
Durante aquella misma jornada del miércoles, Adorni no solo deslizó sobre la mesa su declaración jurada correspondiente a 2025, sino que además se ocupó de rectificar las de 2023 y también la de 2024. Se produjo así un efecto dominó inevitable: al verse compelido a incorporar activos “anteriores” a su gestión estatal para justificar los desembolsos posteriores, la inclusión de aquella fortuna al cierre del ejercicio 2023 impactó de lleno en la representación del “inicio” del año 2024, donde esos bienes también debían figurar de manera obligatoria. Y así, la distorsión se fue propagando hasta llegar al presente. El documento correspondiente a 2024 es el que acumula una mayor cantidad de enmiendas, ya que había sido retocado previamente, atesorando en la actualidad tres versiones diferentes. Esta circunstancia demuestra con elocuencia por qué el funcionario invirtió tanto tiempo en el laborioso dibujo de sus números.
Al contrastar las distintas versiones de la declaración jurada de 2024, surge un abanico de diferencias sustanciales. Se detecta un aumento global de 550 millones de pesos en el patrimonio entre una presentación y la siguiente, lo que lleva a preguntarse cómo pudo un contador omitir un volumen de riqueza tan significativo. La explicación, una vez más, remite a los medio millón de dólares “extraviados” provenientes del mundo cripto. A esta suma se le agrega una herencia de más de 10 millones de pesos declarada de manera tardía, que no figuraba en el formulario original. Por supuesto, también hace su aparición la residencia ubicada en el exclusivo country de Indio Cuá, que ya había sido incorporada en la primera rectificación una vez que el escándalo estalló y se divulgó su existencia en el marco de una investigación por enriquecimiento ilícito. Por si fuera poco, se observa un salto en los ingresos derivados de su sueldo correspondiente al mismo período, que asciende a 16 millones de pesos. Ante tamaña disparidad, uno no puede evitar preguntarse qué opinaría Javier Milei, quien al menos podría concluir que su colaborador “no sabe sumar”.
Un pasado en Cultura que levanta polvareda
Más allá del laberinto de las declaraciones juradas de bienes, existe una porción del relato de Adorni que resulta más endeble que un papel mojado. Se refiere a los años en los que, según su versión, habría experimentado su salto patrimonial gracias al sector privado. Según le confesó a la prensa, ese período de bonanza se habría situado entre 2017 y 2018. La reconstrucción de sus operaciones con criptomonedas dibuja un retrato de un avezado inversor: compra de 13 Bitcoins en agosto de 2017 a un valor de 3.356 dólares cada uno, adquisición de una unidad adicional poco después a 3.330 dólares, otra compra en noviembre de ese año a 7.234 dólares, para luego desprenderse de 10 monedas en marzo de 2018 a 8.824 dólares y vender cinco más a 6.845 dólares. Un manejo de cartera envidiable.
Sin embargo, lo que resulta curioso es que, mientras supuestamente timbeaba con Bitcoins, Adorni se desempeñaba como “coordinador técnico administrativo” en la Dirección de Infraestructura de la cartera de Cultura, durante la época en que este rubro era ministerio y luego secretaría de Estado. Lo hacía bajo la modalidad de un contrato de obra, una figura bastante común en el engranaje estatal. El dato, filtrado por fuentes internas de aquel ministerio, fue confirmado por el propio círculo íntimo de Adorni ante la consulta formulada por este diario. Su remuneración no era exorbitante ni tampoco destacaba entre sus pares por su ostentación. Quienes aseguran haberlo cruzado por los pasillos de aquella repartición coinciden en un punto: ninguno de ellos percibió entonces nada anómalo, ni mucho menos un salto en el nivel de vida como el que exhibe en la actualidad. Todo parecía transcurrir dentro de la más absoluta normalidad.
Salvo por un detalle de peso que agrega una capa adicional de misterio a este embrollo. Su jefe en aquel entonces, la persona que le abrió las puertas del Estado, fue Daniel Testagrossa, un histórico funcionario de la ciudad de Buenos Aires con firmes ligaduras al PRO. Testagrossa había sido designado al frente del área de Infraestructura cultural de la Nación y, según murmuran las malas lenguas en los pasillos oficiales, terminó siendo eyectado de su cargo a raíz de una licitación que presuntamente intentó amañar y que le salió mal. Adorni, fiel a su mentor, se marchó junto a él. Y el destino quiso que, varios años después, regresara de la mano del mismo personaje: no fue sino hasta la llegada de Javier Milei a la presidencia que Testagrossa volvió a ocupar un puesto en la cartera de Cultura. Así se disfrutan, al parecer, las dulces mieles de profesarse libertario.
