El partido fundado por Mauricio Macri calificó como inadmisibles los descargos del jefe de Gabinete tras la difusión de su declaración jurada, mientras sectores opositores impulsan una sesión para pedir su remoción. El legislador Darío Nieto profundizó las sospechas sobre las criptomonedas: “La blockchain prueba el movimiento, no la titularidad”.
En un nuevo capítulo del creciente enfrentamiento entre el macrismo y el oficialismo, el PRO salió al cruce del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, al considerar que sus recientes justificaciones públicas para respaldar su patrimonio no hacen más que agravar su situación. A través de un mensaje difundido en la plataforma X, la fuerza política que alguna vez lideró Mauricio Macri sostuvo que la conducta del funcionario constituye “una falta grave”, especialmente porque, según su análisis, resulta inaceptable que un alto cargo del Estado afirme ante la ciudadanía y el Congreso que jamás ocultó información para luego admitir que sí lo hizo.
El comunicado oficial del PRO enfatizó que, en un contexto histórico signado por el sacrificio de millones de argentinos que apuestan a la consolidación de un cambio profundo con bases sólidas, semejantes contradicciones carecen de toda justificación posible. La agrupación política advirtió, además, sobre la necesidad imperiosa de no seguir alimentando polémicas evitables ni episodios que erosionen la confianza pública. En un pasaje de tono velado pero contundente, el texto sugirió la salida de Adorni del cargo al señalar que “la actitud más responsable es cuidar el cambio, actuando con la transparencia que la sociedad exige”.
Casi en simultáneo, diversas bancadas de la oposición solicitaron formalmente una sesión especial en la Cámara de Diputados para dentro de quince días, con el objetivo explícito de avanzar en un proceso de destitución del jefe de Gabinete. La movida parlamentaria añade presión sobre un funcionario que, tras haber gozado de cierta tolerancia mediática durante varias semanas, volvió a quedar en el ojo del huracán por las presuntas irregularidades entre su nivel de vida y los ingresos declarados antes y durante el ejercicio de su cargo.
Más temprano, había sido el legislador porteño Darío Nieto, exsecretario privado de Mauricio Macri, quien encendió aún más la mecha al poner en duda la veracidad de las supuestas inversiones en criptomonedas que Adorni habría realizado para incrementar sus ganancias antes de asumir funciones públicas. A través de un extenso hilo en la misma red social, Nieto desmenuzó el funcionamiento del mercado de activos digitales y explicó que, si bien la tecnología de cadena de bloques permite verificar la existencia de transacciones, resulta imposible demostrar por esa sola vía que el titular de aquellas operaciones fuera efectivamente el propio Adorni. “Verificar que las transacciones existieron NO prueba que fueran de él. Lo verificable es el movimiento. No la titularidad. Y esa diferencia es todo”, remarcó el legislador.
Nieto fue incluso más lejos al plantear una hipótesis que, según aclaró, quedará en manos de la Justicia: “Adorni podría haber arreglado a posteriori con alguien que sí hizo esos movimientos en su momento, para justificar el incremento patrimonial. Técnicamente posible”. El posteo conclusivo del exfuncionario macrista dejó un interrogante suspendido en el aire, pero cargado de suspicacia: “La blockchain puede probar que las operaciones existieron. No puede probar, por sí sola, que el dueño siempre fue él. Lo primero es técnica. Lo segundo lo tiene que resolver la Justicia”.
El cuestionamiento de Nieto no es un hecho aislado, sino la expresión más reciente de una decisión cada vez más evidente del macrismo de soltarle la mano a Adorni. Lo que alguna vez fueron roces esporádicos se transformó en un clima político espeso entre el PRO liderado por Macri y la Casa Rosada, con cruces personales que ahora adquieren riboles de revancha. No se olvida en Balcarce que el propio Adorni chicaneó en más de una ocasión al expresidente, al afirmar que Macri “se quedó sin nafta”, que estaba “equivocado” o que sus opiniones eran “de segundo orden”. Aquellos dardos que el jefe de Gabinete lanzó cuando gozaba de una posición más cómoda hoy regresan envueltos en una tormenta patrimonial que amenaza con empujarlo al borde del abismo político.
