La diplomacia global contiene el aliento: Teherán e Islamabad anuncian la inminencia de un histórico entendimiento con Washington mientras Trump denuncia “versión deformada”

La diplomacia global contiene el aliento: Teherán e Islamabad anuncian la inminencia de un histórico entendimiento con Washington mientras Trump denuncia “versión deformada”

El premier paquistaní asegura que la paz jamás estuvo tan próxima y el canciller iraní confía en la rúbrica digital en cuestión de días, aunque la Casa Blanca califica de “deshonestas” las filtraciones sobre el contenido. Suiza se ofrece como sede simbólica para la firma, mientras Israel exige conservar su capacidad de acción unilateral frente al programa nuclear persa.

La comunidad internacional amaneció este viernes atrapada entre la esperanza y la desconfianza, luego de que Irán y Pakistán coincidieran en señalar que un acuerdo con Estados Unidos para sellar el fin de las hostilidades abiertas en Oriente Próximo se encuentra a un paso de concretarse. Las declaraciones de altos funcionarios de ambas naciones, difundidas a través de sus respectivas plataformas oficiales, abrieron la expectativa de un giro histórico en el tablero regional, a pesar de las airadas objeciones vertidas desde la residencia presidencial estadounidense.

El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, utilizó su cuenta en la red social X para transmitir un mensaje de optimismo sin precedentes. El mandatario aseguró que se ha consensuado un texto definitivo y refrendado por las partes en litigio, destacando que su nación desempeña una labor de engarce meticulosa junto a los firmantes para ultimar los procedimientos inmediatos. “La calma nunca ha estado tan cercana”, remarcó Sharif, en una frase que resonó con fuerza en las cancillerías del orbe.

En la misma línea se expresó el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchí, quien a través de la misma red confirmó los progresos palpables en las conversaciones con la administración Trump. El diplomático persa calificó el denominado Memorando de Entendimiento de Islamabad como un documento a punto de culminarse y pidió a los medios de comunicación que se abstengan de especular sobre su articulado. “Siguiendo nuestro enfoque responsable y diáfano, todas las precisiones serán compartidas con la sociedad en el instante oportuno”, advirtió. Más tarde, en una intervención ante la televisión estatal, Araqchí elevó la temperatura de la expectativa al revelar que las últimas fases de la negociación están concluyendo y que la firma podría tener lugar dentro de los próximos días, un horizonte temporal que calificó de muy esperanzador.

El propio canciller iraní ofreció detalles sustanciales sobre el borrador en circulación. Según su relato, el pacto contempla el cese del bloqueo naval que Estados Unidos mantiene sobre los puertos iraníes desde el pasado 13 de abril, así como nuevas cláusulas destinadas a regir la administración del estratégico estrecho de Ormuz. Araqchí fue tajante al subrayar que “la gestión del estrecho de Ormuz ya no será igual que antes”, dando a entender que Teherán impondrá condiciones inéditas para la navegación en ese pasillo marítimo de vital importancia energética. El funcionario añadió que mantiene conversaciones paralelas con Omán, la otra nación ribereña del estrecho, para coordinar posiciones.

El órgano oficial de noticias IRNA precisó más tarde que lo pactado con Washington consiste únicamente en un memorando de entendimiento prácticamente ultimado, y que las discusiones proseguirán luego para forjar el convenio definitivo. En un punto que resulta crucial, la agencia subrayó que el entendimiento no incluye cláusulas referentes a la cuestión nuclear ni al levantamiento de las sanciones económicas que pesan sobre la República Islámica, dos espinas que quedarán relegadas a una nueva ronda negociadora que deberá arrancar en un plazo de sesenta días. En esa futura mesa también se abordaría la compensación por los perjuicios causados durante la contienda. IRNA insistió, además, en que Teherán negocia con “total desconfianza hacia la otra parte” y se halla preparado para cualquier quebrantamiento de promesa o maniobra engañosa.

Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, irrumpió con dureza en este clima de aparente consenso. El mandatario acusó a los iraníes de filtrar a la prensa una versión espuria del pacto, a la que tildó de “noticias falsas”, desvinculándola por completo de los términos consignados en el documento escrito. A través de su plataforma Truth Social, Trump arremetió contra la “deshonestidad” de la parte persa y sentenció que con ellos resulta imposible negociar de buena fe. “Lo que expresaron, incluida su declaración endeble y patética sobre la existencia de un acuerdo, no guarda ninguna relación con la verdad”, escribió el republicano, que según un recuento de la cadena CNN ya había anticipado en treinta y nueve ocasiones previas la cercanía de un arreglo. Cabe recordar que Trump había prometido durante la jornada del jueves asestar un golpe “muy enérgico” a Irán, pero canceló los bombardeos debido precisamente al avance de las conversaciones diplomáticas.

A pesar de la contundente desmentida presidencial, un alto cargo de la administración estadounidense –que pidió resguardar su anonimato– declaró ante periodistas que Washington confía en rubricar un entendimiento en los próximos días que satisfaría los objetivos medulares del gobierno de Trump. Horas más tarde, Suiza hizo saber que se había ofrecido como escenario neutral para una eventual firma, si ambas partes lo aceptaban. No obstante, el canciller iraní Araqchí aclaró que la rúbrica inicial será remota y digital. “Cada signatario estampará su visto bueno a distancia y luego se anunciará que el memorando ha quedado formalizado”, explicó.

El funcionario estadounidense que habló bajo condición de anonimato agregó elementos de notable calado. Según su versión, el pacto conllevaría la reapertura del estrecho de Ormuz y el “desmantelamiento del programa nuclear iraní”, además de permitir que Estados Unidos adquiera el uranio enriquecido por la República Islámica con el propósito de destruirlo. Esta afirmación choca de lleno con lo declarado por Araqchí en una entrevista, donde aseguró que la única manera de manejar las reservas de uranio altamente enriquecido es mediante su dilución dentro del propio territorio persa. La misma fuente anónima adelantó que el acuerdo forzaría a Teherán a “cesar la financiación de la violencia” en otros países de Oriente Medio y le proporcionaría un alivio parcial de las sanciones vigentes.

El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, salió al paso de posibles interpretaciones interesadas y remarcó que no se liberarán fondos a cambio de la firma de la paz. Vance describió el acuerdo como una estructura pensada para garantizar que las inquietudes de Washington y sus aliados ocupen el primer lugar, y para asegurar que, si la República Islámica cumple con sus deberes, los réditos económicos alcancen tanto a Irán como a toda la zona.

Todo este movimiento diplomático se produce apenas unos días después de que las hostilidades se reavivaran el pasado domingo, cuando misiles iraníes impactaron contra territorio israelí como represalia por los ataques israelíes en Líbano, socavando aún más la tregua que regía desde el 8 de abril. Líbano, precisamente, constituye otro de los focos de fricción en las negociaciones. Teherán, que patrocina al grupo chií Hezbolá, sostiene que cualquier arreglo para poner fin a la guerra debe incluir al Líbano, mientras que Washington prefiere abordar ese capítulo de manera independiente.

En Tel Aviv, la reacción no se hizo esperar. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, emitió un comunicado para aclarar que su país no forma parte del memorando. No obstante, expresó su coincidencia con Trump en la oposición frontal a que Irán pueda contar con armas atómicas. “Mientras yo sea primer ministro de Israel, la república islámica no dispondrá de armamento nuclear”, aseveró Netanyahu, quien enfrentará elecciones en otoño. El mandatario israelí reveló que ha dedicado más de tres décadas a encabezar la lucha internacional contra el programa nuclear persa y afirmó que su vida entera se orienta a impedir que Irán destruya “el Estado judío”.

Por su parte, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, fue más lejos al exigir que su país conserve “la capacidad de actuar de manera independiente para impedir que Irán obtenga armas nucleares”. Katz destacó que el presidente estadounidense negocia desde la óptica de los intereses norteamericanos, entre los cuales figura el interés compartido con Israel de frenar la amenaza atómica persa, y expresó su confianza en que Trump se mantenga firme en ese principio.

El canciller iraní Araqchí, en respuesta a las presiones israelíes, denunció abiertamente que el régimen sionista trata de boicotear las conversaciones de paz entre Teherán y Washington. “Debo afirmar con toda franqueza que este entendimiento tiene enemigos, y el principal es el régimen sionista, que busca cualquier pretexto para hacerlo naufragar”, declaró en la televisión estatal. De este modo, la carrera hacia la firma final se despliega sobre un campo minado donde las desconfianzas mutuas, las presiones regionales y las interpretaciones contrapuestas amenazan con convertir el anuncio de paz más prometedor en una nueva fuente de tensión internacional.

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