El memorándum, que se rubricará el viernes en Suiza, estipula el cese inmediato de las hostilidades y la reapertura temporal del estratégico estrecho de Ormuz, aunque difiere las discusiones sobre el programa atómico de Teherán. Analistas advierten que el texto refleja concesiones clave de Washington, mientras el gobierno de Trump se prepara para desbloquear millonarios fondos y retirar sus tropas, en medio de las críticas del ala dura republicana y de un periódico estadounidense que califica el desenlace como una derrota para la Casa Blanca.
En un giro inesperado que reconfigura el tablero geopolítico de Oriente Medio, el Gobierno de los Estados Unidos hizo público en la jornada de ayer el articulado completo del acuerdo de paz que suscribirá con la República Islámica de Irán el próximo viernes en territorio suizo. El texto, un memorándum de entendimiento que consta de catorce párrafos, pone fin formalmente a las hostilidades desatadas el pasado 28 de febrero y abre un compás de espera de sesenta días para esculpir un tratado definitivo, aunque deja para esa instancia posterior la discusión espinosa sobre el programa nuclear persa.
El documento fue desglosado ante la prensa por un alto funcionario de la Administración de Donald Trump, quien en una conferencia telefónica bajo estricto anonimato leyó los puntos centrales del entendimiento. La esencia del pacto radica en la declaración conjunta de «cesación inmediata y perpetua de las acciones bélicas en todos los frentes», una cláusula que incluye expresamente al Líbano, escenario de recientes intercambios de fuego. Sin embargo, una arista fundamental del acuerdo es que ni el Estado de Israel ni la milicia chiita Hezbolá estampan su firma en el pergamino, lo que traslada la efectividad del cese de hostilidades en el sur libanés a la capacidad de persuasión que Washington y Teherán puedan ejercer sobre sus respectivos socios regionales.
Eric Quinteros, licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, analizó en profundidad los términos del memorándum y subrayó que el balance de fuerzas inclina la balanza hacia la delegación iraní. En su disertación, el experto remarcó que varios de los objetivos bélicos que el mandatario estadounidense había pregonado al inicio de la contienda quedaron relegados a un segundo plano o directamente carecen de una resolución concreta en el texto. El académico puso el acento en la omisión de cualquier mención al programa de misiles balísticos de Teherán, una demanda que la Casa Blanca había planteado como innegociable. «Esto evidencia que Irán ha sostenido una postura monolítica, a pesar de la diversidad de facciones que pujan en su entramado de toma de decisiones, y que en la mesa de diálogo ha conseguido arrancar esta concesión a los norteamericanos», sentenció Quinteros.
El especialista agregó que Estados Unidos tampoco logró quebrar los lazos estratégicos que unen a Irán con sus aliados en la región, en particular con Hezbolá, lo que a su juicio refleja la destreza de Teherán para salvaguardar sus intereses en el tablero negociador. En ese contexto, Quinteros destacó el rol marginal que ocupa Israel en el memorándum, un actor que emerge como el gran perdedor simbólico del entendimiento. «Si se examina con lupa el primer punto, que proclama el fin inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, se comprende que Israel ha quedado deliberadamente excluido. No es casual que en los días previos haya intensificado sus ataques sobre ese territorio, justamente para enviar una señal nítida de su rechazo a cualquier arreglo que surja del diálogo bilateral entre Washington y Teherán», puntualizó el analista.
Uno de los capítulos más relevantes del memorándum atañe a la reanudación del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, un pasaje neurálgico para el comercio energético mundial que permanecía bloqueado por decisión iraní desde el estallido de la guerra. Con la rúbrica del entendimiento, Irán se compromete a desplegar todos los recursos a su alcance para garantizar la navegación segura y sin trabas de buques mercantes durante un lapso de sesenta días, al tiempo que iniciará conversaciones con el sultanato de Omán para definir un régimen de administración futura del canal, en consulta con las monarquías del golfo Pérsico. Como contrapartida, Washington comenzará a desmantelar el cerco naval que pesaba sobre las embarcaciones con destino u origen en puertos iraníes, un proceso que culminará en un plazo máximo de treinta días.
Para Quinteros, el cierre del estrecho constituyó una jugada maestra de la estrategia iraní, que supo trasladar los costos del conflicto a la economía global al cobrar peajes por el paso y elevar la tensión en los mercados. El académico explicó que Irán aplicó una escalada de tipo horizontal: primero golpeó a sus vecinos alineados con Israel o Estados Unidos, y luego obstruyó la vía marítima, lo que disparó la inflación y encareció los combustibles y fertilizantes en Occidente. «Irán ha descubierto un mecanismo de presión que no solo afecta a Estados Unidos, sino que incomoda a todo el bloque occidental, poniendo de manifiesto el valor estratégico que estos cuellos de botella poseen en la arquitectura del sistema internacional», afirmó el entrevistado.
El texto del memorándum establece además un calendario para la negociación de un acuerdo de paz definitivo, que deberá ser refrendado por una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU en el transcurso de los próximos dos meses. Durante ese interregno, las partes se comprometen a preservar el statu quo: el programa nuclear iraní continuará en funcionamiento sin interferencias, mientras que Estados Unidos se abstendrá de imponer nuevas sanciones o de desplegar efectivos militares adicionales en la zona. Una vez que el pacto final entre en vigor, la Administración de Trump se ha obligado a retirar su contingente bélico de las inmediaciones de Irán en un lapso de treinta días.
No obstante, el memorándum soslaya deliberadamente la controversia sobre el enriquecimiento de uranio y la posible vertiente militar de la industria atómica persa, una cuestión que Washington había planteado como prioritaria y que ahora queda diferida para la etapa de negociaciones largas. En ese apartado, Teherán reafirma su postura histórica de que su desarrollo nuclear posee exclusivamente fines civiles y se compromete a no adquirir ni producir artefactos atómicos, al tiempo que ambas naciones acuerdan diseñar un mecanismo para la eliminación del uranio altamente enriquecido almacenado en suelo iraní, bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica.
La reacción en la prensa estadounidense no se hizo esperar. El diario The New York Times publicó un editorial en el que sostiene sin ambages que Donald Trump ha perdido la guerra contra Irán, al no haber alcanzado ninguno de los objetivos que presentó como ineludibles para decretar una victoria. El rotativo neoyorquino recordó que el mandatario había prometido la «rendición incondicional» de Teherán y había insinuado la posibilidad de un cambio de régimen, pero la permanencia del gobierno iraní y la postergación del expediente nuclear conducen a una conclusión amarga: el desenlace se asemeja peligrosamente al acuerdo firmado por Barack Obama en 2015, el mismo que Trump calificó en su momento como «el peor convenio de la historia». Además, el periódico argumentó que la contienda ha expuesto las limitaciones del poderío castrense estadounidense y ha erosionado sus alianzas internacionales, un costo que difícilmente podrá ser revertido con la rúbrica del nuevo entendimiento.
Entre los puntos más polémicos del documento final figura el compromiso de Washington de levantar todas las sanciones económicas que pesaban sobre Irán, incluidas las impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU, así como la emisión de licencias que permitan la exportación de crudo persa y la liberación de los fondos y activos congelados. Pero la medida que ha encendido las alarmas en el ala dura del Partido Republicano es la promesa de diseñar un plan de inversión por trescientos mil millones de dólares destinado a la «reconstrucción» del país asiático, una cifra que muchos legisladores conservadores consideran una entrega inaceptable de dinero a un régimen adversario.
Quinteros, al ser consultado sobre este aspecto, señaló que el flujo de capital resulta inmensamente beneficioso para Irán, cuya economía había quedado seriamente dañada por el cerco financiero internacional, lo que a su vez había generado un descontento social generalizado. El analista recordó que hasta diciembre pasado se sucedieron protestas en el interior de Irán, un fenómeno que Israel, su principal rival en la zona, interpretó como un signo de debilidad estructural, tanto por las fisuras internas como por el colapso de su aliado sirio Bashar al Assad. «Esa percepción de fragilidad fue, en cierta manera, la que Israel transmitió a Estados Unidos para impulsar esta campaña militar», explicó Quinteros.
El experto también puso el foco en el contexto global: el mundo tiene la mirada puesta en otros conflictos y acontecimientos, y Donald Trump, cuyo país es anfitrión de un evento masivo de repercusión internacional, prefiere navegar en un clima de paz. La escalada en el precio de los combustibles, consecuencia directa de la guerra, era un dolor de cabeza para la ciudadanía estadounidense, y ese malestar popular jugó a favor de un desenlace negociado. No obstante, Quinteros advirtió que Irán también enfrenta presiones internas, con sectores de línea dura que aún se resisten a cualquier tipo de entendimiento con los Estados Unidos, lo que augura un proceso de ratificación interno no exento de turbulencias.
En definitiva, el memorándum que se firmará en Suiza representa un punto de inflexión en la crisis, pero deja flotando interrogantes mayúsculos: el rol de Israel, la sombra del programa nuclear y la ingente inyección de fondos que promete reconfigurar la economía iraní. Lo que parece claro es que, tras cuatro meses de estruendo bélico, la diplomacia ha recuperado el protagonismo, aunque el camino hacia una paz estable y definitiva se antoja aún sinuoso y plagado de obstáculos.
