El PRO navega en aguas turbulentas con una estrategia de múltiples frentes en el Congreso

El PRO navega en aguas turbulentas con una estrategia de múltiples frentes en el Congreso

En una semana de vértigo parlamentario, el partido liderado por Mauricio Macri despliega un tablero de movimientos contradictorios que van desde salvar al jefe de Gabinete en Diputados hasta promover su interpelación en el Senado, mientras modifica sobre la marcha las reglas de juego y expone sus profundas fracturas internas en la antesala de un año electoral.

En el intrincado escenario de la política argentina, donde las certezas se desvanecen con la misma rapidez con que se construyen los acuerdos, el PRO ha decidido sumergirse en una estrategia tan riesgosa como desconcertante. Lo que podría interpretarse como un mero ejercicio de equilibrismo táctico se ha transformado en una verdadera coreografía de contradicciones que mantiene en vilo al arco político y pone en evidencia las grietas internas de una fuerza que, a menos de un año de los comicios, parece navegar sin brújula clara entre su identidad opositora y sus aspiraciones de poder.

El derrotero comenzó el martes en la Cámara de Diputados, cuando el bloque amarillo, en una maniobra que sorprendió a propios y extraños, decidió no prestar quórum para la sesión especial que buscaba avanzar en la interpelación a Manuel Adorni, el controversial jefe de Gabinete. Aquella ausencia, justificada bajo el argumento de no «prestarse a un show kirchnerista», terminó siendo el primer acto de una obra que, para decepción de los estrategas macristas, tendría múltiples desarrollos en los días sucesivos.

Apenas veinticuatro horas después, en el mismo recinto de la Cámara baja, los legisladores del PRO protagonizaron un viraje de ciento ochenta grados al acompañar una moción impulsada por la Coalición Cívica que buscaba acelerar los tiempos legislativos para el tratamiento de la citación. Aquel gesto, que en apariencia respondía a una lógica de coherencia institucional, escondía en realidad la primera fisura visible en el monolito partidario: mientras el ala más cercana a Horacio Rodríguez Larreta y Cristian Ritondo pujaba por mantener canales abiertos con la Casa Rosada, el sector más fiel a Mauricio Macri en el Senado preparaba su propio tablero.

La jugada maestra, sin embargo, llegaría este jueves desde la Cámara alta, donde el jefe de la bancada PRO, Martín Goerling Lara, presentó un proyecto de interpelación que promete sacudir los cimientos del oficialismo. «No habrá lugar para los grises: en el tablero se verá quién está a favor y quién en contra», desafió el senador, en un tono que buscaba instalar un escenario de definiciones tajantes y posicionamientos claros. Pero lo que el legislador no explicitó en su arenga era que, detrás de esa ofensiva retórica, se escondía una concesión de enorme calado que beneficiaba directamente al gobierno.

En efecto, la propuesta del PRO en el Senado aceptaba la interpretación reglamentaria esgrimida por La Libertad Avanza, que exige los dos tercios de los votos de la cámara —nada menos que 48 voluntades— para aprobar la citación a Adorni sin pasar por el filtro de las comisiones. Este cambio, que en apariencia podría pasar inadvertido para el observador casual, representa un giro sustancial respecto de lo acordado apenas siete días atrás, cuando el PRO, la Unión Cívica Radical e incluso la propia Patricia Bullrich habían sellado con el peronismo un entendimiento que establecía la mayoría absoluta —37 votos— como umbral suficiente para avanzar en el proceso.

La modificación no es menor ni casual. Al elevar la vara numérica, el partido amarillo coloca a la interpelación en un terreno de extrema dificultad, otorgándole al oficialismo un salvoconducto casi asegurado. Los números en el Senado son elocuentes al respecto: el espacio gobernante cuenta con 21 legisladores propios y apenas necesita sumar cuatro más para bloquear la iniciativa, un objetivo que parece al alcance de la mano si se considera la disposición de algunos senadores radicales y los representantes de ciertos distritos gobernados por mandatarios provinciales, como los misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, quienes históricamente han mostrado una fluida sintonía con las demandas del Ejecutivo.

La reacción del peronismo no se hizo esperar y se expresó con la contundencia retórica que caracteriza a sus principales referentes. El jefe del interbloque Popular, José Mayans, no ocultó su indignación y calificó el proceder del PRO como «una vergüenza», recordando que la modificación de último momento se gestó en el seno de una reunión de Labor donde estuvieron presentes todos los jefes de bloque, incluidos los propios Goerling Lara y Eduardo Vischi. «Si cambiaron de opinión, será que Adorni compartió el pendrive», lanzó el senador en un comentario que, más allá de su filo irónico, buscaba instalar la sospecha de que la decisión respondía a algún tipo de negociación extramuros con el poder central.

El escenario que se vislumbra para la sesión de este jueves en el Senado es, por tanto, de una complejidad inusitada. Mientras el PRO impulsa su propia iniciativa bajo la lógica de los dos tercios, el peronismo planteará su alternativa con el criterio de mayoría absoluta, estableciendo un duelo interpretativo que sólo podrá resolverse mediante la votación de las fuerzas políticas presentes. La pregunta que flota en el ambiente es si la maniobra macrista logrará consolidarse o si, por el contrario, alguna de las variantes desplegadas en estos días de vértigo legislativo terminará por desmoronarse ante la falta de consensos básicos.

El martes en Diputados, la sesión no estuvo exenta de momentos de alta temperatura política. La diputada Myriam Bregman, del Frente de Izquierda, fue implacable en su diatriba contra quienes habían boicoteado el quórum, estableciendo un paralelismo entre las ausencias estratégicas y la discusión sobre Ficha Limpia que había ocupado horas de debate previas. «Ficha limpia, rabo sucio», sentenció la legisladora, en una intervención que buscaba desnudar lo que considera una doble moral en las fuerzas opositoras que, por un lado, reivindican la transparencia institucional y, por otro, facilitan la supervivencia política del oficialismo. Su propuesta de votar de inmediato la moción de censura, que obtuvo 104 adhesiones frente a 125 rechazos, no prosperó pero dejó en claro que el clima de confrontación estaba lejos de apaciguarse.

El segundo intento, esta vez impulsado por el diputado Maximiliano Ferraro de la Coalición Cívica, encontró un terreno más fértil. Su pedido de apartamiento del reglamento para forzar a la Comisión de Asuntos Constitucionales a emitir dictamen el próximo martes contó con el respaldo de todos los miembros del bloque PRO, en un gesto que la oposición no tardó en interpretar como una estrategia de desgaste calculado. «Son los mismos que han ocupado horas y horas en el recinto hablando de Ficha Limpia», reiteró Bregman, estableciendo un puente argumental entre las distintas jornadas de debate.

La fractura interna del PRO, sin embargo, encontró su expresión más diáfana en el cruce de posiciones entre sus principales referentes. Mientras el senador Goerling Lara presentaba su proyecto de interpelación en la Cámara alta, en Diputados su colega Cristian Ritondo justificaba la ausencia del bloque en la sesión del martes y agradecía «a la Presidencia de la Cámara por haber citado a la comisión para el martes que viene, para tratar el tema de forma institucional y terminar con el show». La contradicción no pasó inadvertida para la diputada Florencia Carignano, quien con ironía punzante señaló: «Me parece que se comieron los mocos, porque está el comunicado del senador Martín Goerling Lara pidiendo la interpelación del jefe de Gabinete y vemos que no es un show kirchnerista. Evidentemente no es la posición del PRO».

El entretejido de intereses y presiones que subyace a esta coreografía parlamentaria revela la compleja situación interna del partido amarillo. Por un lado, la figura de Mauricio Macri sigue ejerciendo una influencia decisiva sobre el rumbo de la bancada senatorial, donde los movimientos parecen responder más a las pulsiones emocionales del ex presidente que a una estrategia coordinada con el resto del partido. Por otro, la dirigencia de Diputados, con Cristian Ritondo a la cabeza, parece haber optado por una aproximación más pragmática y alineada con las necesidades de gobernabilidad, en un cálculo que no desestima las aspiraciones electorales del líder bonaerense.

El dato central que atraviesa todas estas maniobras es la supervivencia política de Manuel Adorni, el hombre que hoy ocupa el centro de la tormenta y que, a pesar de las críticas y los cuestionamientos, parece contar con un salvavidas que se extiende desde distintos sectores del arco político. La decisión del PRO de aceptar la lectura reglamentaria del oficialismo en el Senado, elevando el umbral de votos necesarios para la interpelación, constituye una concesión de primera magnitud que difícilmente pueda explicarse sin aludir a algún tipo de entendimiento con la Casa Rosada.

En este contexto, el escenario que se abre para las próximas horas es de una incertidumbre que pocas veces se ha visto en el Congreso. La sesión del Senado de este jueves se presenta como un verdadero test de fuerzas que pondrá a prueba no sólo la capacidad de negociación de los distintos bloques, sino también la consistencia de los acuerdos alcanzados en las últimas semanas. La interpelación a Adorni, que en principio parecía un objetivo compartido por gran parte de la oposición, se ha transformado en un campo de batalla donde las alianzas se tejen y se deshacen con la misma velocidad que cambian las posiciones en el tablero político.

Mientras tanto, en la Cámara baja, el proceso avanza con sus propios tiempos y contradicciones. La decisión de la Comisión de Asuntos Constitucionales de sesionar el próximo martes para tratar la citación, impulsada por el voto favorable del PRO, abre una ventana de oportunidad para aquellos que buscan un cauce institucional a la controversia. Sin embargo, el precedente de la sesión del martes, donde la falta de quórum impidió el avance, deja abierta la posibilidad de que nuevas estrategias dilatorias vuelvan a frustrar las expectativas de quienes reclaman una definición urgente.

En el fondo de esta disputa parlamentaria subyace una pregunta de mayor calado: ¿qué es lo que realmente busca el PRO con esta danza de movimientos contradictorios? ¿Se trata de una genuina disfuncionalidad interna que impide la articulación de una estrategia unificada, o responde a un cálculo más fino que busca presionar al gobierno en diferentes frentes mientras se reserva margen de maniobra para futuras negociaciones? La respuesta, probablemente, contenga elementos de ambas interpretaciones.

Lo que resulta innegable es que el partido amarillo ha decidido jugar a múltiples bandas, asumiendo los riesgos que ello conlleva. La imagen de una fuerza política que hoy salva al jefe de Gabinete en Diputados, mañana promueve su interpelación en el Senado y pasado modifica las reglas de juego para dificultar esa misma interpelación, proyecta una imagen de fragilidad y contradicción que difícilmente pueda ser beneficiosa en el largo plazo. La coherencia política, ese activo tan preciado en tiempos de incertidumbre, parece ser la principal víctima de esta estrategia de supervivencia inmediata.

A medida que se acerca el momento de la votación en el Senado, todas las miradas están puestas en el comportamiento de los legisladores del PRO. ¿Acompañarán la iniciativa de su propio jefe de bloque o se plegarán a la interpretación que el oficialismo ha impuesto en las negociaciones de último momento? La respuesta a esta pregunta no sólo definirá el destino inmediato de Manuel Adorni sino que también sentará un precedente sobre la capacidad de articulación de una de las principales fuerzas opositoras del país.

El peronismo, mientras tanto, observa con atención estos movimientos y prepara su propia estrategia para la sesión. La amenaza de Mayans de que quienes no acompañen su criterio de votación «serán cómplices y le darán protección a Adorni» apunta a instalar un relato donde la defensa del jefe de Gabinete se equipara con una suerte de complicidad con el oficialismo. El desafío para el PRO será demostrar que su proceder responde a una interpretación reglamentaria genuina y no a un acuerdo espurio con el poder de turno.

En cualquier caso, lo que queda claro es que la política argentina atraviesa uno de esos momentos de vértigo donde las alianzas se reconfiguran a velocidad vertiginosa y donde las certezas de ayer se desvanecen ante las urgencias del presente. El PRO, con su estrategia de múltiples frentes, ha decidido sumergirse en ese torbellino con la esperanza de salir fortalecido. El tiempo dirá si esa apuesta audaz resulta acertada o si, por el contrario, las contradicciones internas terminan por erosionar su credibilidad y su capacidad de incidir en el rumbo político del país.

La sesión del Senado de este jueves no será, por tanto, un mero trámite parlamentario. Será, ante todo, un examen de consistencia para una fuerza política que se debate entre su identidad opositora y sus aspiraciones de gobierno, entre la lealtad a su líder histórico y las necesidades de un escenario político cada vez más fragmentado. En el tablero, como anticipó Goerling Lara, no habrá lugar para los grises. Y esa definición, en un contexto de tanta incertidumbre, podría marcar el comienzo de una nueva etapa en las relaciones de fuerza del Congreso argentino.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *