El Gobierno apuesta todas sus fichas a la reactivación económica para esquivar el balotaje y asegurar la reelección de Milei

El Gobierno apuesta todas sus fichas a la reactivación económica para esquivar el balotaje y asegurar la reelección de Milei

Tras las ajustadas elecciones en Perú y Colombia, la Casa Rosada redobla su estrategia para evitar un desenlace incierto en segunda vuelta. La salida de Manuel Adorni del gabinete busca despejar el escándalo que afectaba la imagen presidencial, mientras el equipo económico confía en la desaceleración inflacionaria y un dólar controlado para apuntalar la popularidad del mandatario, aunque los analistas advierten que la recuperación del bolsillo de los argentinos podría ser más lenta de lo esperado.

El tablero político de la región encendió todas las alarmas en el palacio de gobierno. Los recientes comicios presidenciales en naciones vecinas como Colombia y Perú dejaron una enseñanza que resuena con fuerza en la estrategia de la administración libertaria: las instancias de balotaje se han convertido en escenarios de extrema paridad, donde el veredicto de las urnas permanece en un tenso suspenso hasta el último minuto del escrutinio. Para el equipo que conduce Javier Milei, este fenómeno no representa un dato anecdótico, sino un llamado de atención de máxima jerarquía. La obsesión actual se centra en la necesidad imperiosa de obtener un triunfo en la primera vuelta electoral, sorteando así el temido «mano a mano» que, según la experiencia reciente, suele desembocar en resultados caóticos e imprevisibles para la estabilidad de los mercados.

La volatilidad política extrema es el caldo de cultivo perfecto para sacudidas cambiarias de gran magnitud, un escenario que el oficialismo desea evitar a toda costa. La historia reciente de la Argentina está plagada de ejemplos que funcionan como férreos recordatorios: la administración de Mauricio Macri sufrió en carne propia la embestida de la crisis del dólar en 2018, mientras que el gobierno de Alberto Fernández debió lidiar con una brecha entre el tipo de cambio oficial y los paralelos que llegó a superar el 150 por ciento en el tramo final de su mandato. Tampoco se olvida en Balcarce 50 la fiebre compradora de divisas del año pasado, que se aceleró de manera vertiginosa tras la victoria del kirchnerismo en el bastión electoral de la provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, el objetivo es claro: mejorar al menos un escalón los niveles de respaldo ciudadano a la gestión.

Según los relevantamientos de prestigiosas consultoras como Poliarquía y Management & Fit, la valoración positiva de la figura de Milei se estabiliza en un terreno cercano al 40 por ciento de la población. Esta cifra adquiere un relieve sorprendente si se consideran los vientos en contra que ha debido sortear el oficialismo durante los últimos meses, caracterizados por una inflación persistente, una pronunciada recesión del consumo privado y, más recientemente, la irrupción de denuncias por presuntos actos de corrupción que salpicaron a la cúpula del Poder Ejecutivo. La decisión final de aceptar la renuncia de Manuel Adorni, luego de una resistencia inicial del propio Presidente, quien se negaba a «entregar» no solo a su jefe de Gabinete sino también a un amigo personal, evidencia la magnitud de la crisis interna. La continuidad del escándalo en la órbita pública comenzaba a erosionar de manera peligrosa la imagen del jefe de Estado, y la gota que rebalsó el vaso de la paciencia –especialmente la de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei– fue la rectificación de la declaración jurada del ahora exfuncionario, donde los millonarios montos invertidos y las ganancias obtenidas en criptomonedas como el Bitcoin generaron un escepticismo generalizado que terminó por desacreditar aún más su figura.

Con el foco mediático alejado de la polémica, la estrategia oficial gira ahora hacia un único norte: la evolución de los indicadores macroeconómicos. La designación de Adrián Ravier, un economista de raigambre libertaria, al frente de la vocería presidencial es una señal inequívoca de la voluntad de avanzar sin dilaciones en esta dirección. La expectativa del oficialismo es dejar atrás definitivamente el capítulo Adorni y apostar todas las cartas a la reactivación de la actividad y a la mejora del poder adquisitivo de los hogares. El punto de partida, con un piso de aceptación del 40 por ciento, es considerado por los asesores presidenciales como un suelo promisorio para construir el camino hacia la reelección. «Estos números pueden seguir mejorando de manera sostenida. Hacia 2027, la economía acumulará tres ejercicios consecutivos de recuperación y de retroceso en los índices inflacionarios. Son datos de un peso específico enorme para la sociedad, incluso más allá de la lentitud con que se esté manifestando la mejora de la actividad», explicó recientemente Alejandro Catterberg, director de Poliarquía, durante un encuentro organizado por la firma Facimex.

El balance del primer semestre del año arroja varios guarismos que el Gobierno considera alentadores. El más significativo de todos es la confirmación de que la inflación habría perforado por primera vez en el año el umbral mensual del 2 por ciento, consolidando una tendencia descendente que los funcionarios esperan se mantenga. Aunque se admite la posibilidad de algún rebote en los meses venideros, se estima que el mismo no tendría la entidad suficiente como para torcer la trayectoria general. Sin embargo, en el frente externo, la fuerte depreciación del barril de petróleo a niveles cercanos a los 70 dólares, muy similares a los registrados en la etapa previa al estallido de la guerra en Ucrania, presenta un doble filo: si bien reducirá levemente el ingreso de divisas, es un dato auspicioso para la desaceleración de los precios futuros. El economista Fernando Marull calculó que el valor de los combustibles en los surtidores se encuentra un 25 por ciento por encima de los parámetros de paridad internacional, por lo que anticipa que en julio «existen más chances de que el precio baje a que suba, incluso a pesar del aumento registrado en el dólar».

En sintonía con este último punto, el mes de junio fue testigo de una danza cambiaria que mantuvo en vilo a los operadores. La divisa estadounidense acumuló una escalada superior al 4 por ciento mensual, superando holgadamente la inflación esperada, que se situó en torno al 1,9 por ciento. No obstante, el equipo económico del ministro Luis Caputo dejó en claro que la suba del tipo de cambio no representa un problema en sí misma, siempre y cuando se mantengan acotados los movimientos bruscos y desordenados. El dólar oficial en su versión minorista alcanzó un pico de 1.495 pesos, momento en el que el Banco Central intervino con ventas de futuros y operaciones en el mercado de bonos para contener la escalada. Incluso los dólares financieros –como el contado con liquidación y el MEP– y el denominado «blue», que habían superado la barrera de los 1.500 pesos, cedieron terreno tras las medidas oficiales. Aunque es previsible que en los próximos meses se registre cierta presión adicional sobre la divisa, la estrategia oficial apunta a que la suba mes a mes se mantenga en un rango acotado. La oferta de divisas proveniente de las exportaciones agroindustriales ha comenzado a declinar, mientras que la demanda de atesoramiento se mantiene firme: en mayo, los ahorristas adquirieron 1.900 millones de dólares, según el último informe de cambios del Central, y se estima que la cifra de junio sea aún mayor debido al pago del medio aguinaldo. A ello se suma la autorización para el giro de dividendos al exterior, que el mes pasado totalizó 476 millones de dólares, en contraste con la demanda de los importadores, que permanece aletargada a raíz de la caída del consumo local.

Sin embargo, el optimismo oficial encuentra un contrapunto en las voces más prudentes del arco económico. Nicolás Dujovne, quien fuera ministro de Hacienda durante el gobierno de Cambiemos, elogió la conducción del plan de estabilización pero advirtió que el panorama más probable para el corto plazo es el de una «reactivación mediocre». En abril se observó la primera mejora clara de los salarios reales, con un incremento del 4 por ciento frente a una inflación del 2,6 por ciento, y se espera que esta tendencia continúe. No obstante, es factible que buena parte de esa recuperación del ingreso sea absorbida por los aumentos en tarifas de servicios públicos, prepagas y cuotas de colegios privados, lo que podría diluir el efecto positivo en el ánimo de los consumidores. Para los mercados financieros y el tipo de cambio, el dato clave no solo será si Milei logra arribar competitivo a la contienda electoral del año próximo –un escenario que todos los sondeos anticipan–, sino también la magnitud de la ventaja que pueda construir sobre su eventual rival directo. En ese sentido, la estabilidad del dólar y la evolución del riesgo país dependerán en gran medida del nivel de aceptación que la ciudadanía le otorgue al mandatario, y ese factor estará inexorablemente atado al ritmo al que los salarios y los ingresos de las familias logren recomponer su capacidad de compra. La senda hacia una victoria en primera vuelta, a pesar de los signos positivos, se presenta aún como un desafío de enormes proporciones para el oficialismo.

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