Con una formación renovada y el capitán apareciendo desde el banquillo para firmar otra obra de arte, la Albiceleste se impuso 3-1 en Dallas, sumó su noveno punto en el Grupo J y emparejó la hazaña de México y Francia. El conjunto campeón del mundo ya piensa en los octavos de final, donde lo espera Cabo Verde, mientras la prensa internacional rinde pleitesía a la vigencia legendaria del 10, que con su sexto tanto en la presente cita global extendió una marca histórica que desafía al tiempo.
En una noche que tuvo a Dallas como testigo de lujo, la selección argentina volvió a demostrar que su condición de favorita no es producto del azar ni del discurso grandilocuente. Ante una combativa pero limitada Jordania, el combinado nacional selló su paso arrollador por la fase inicial del Mundial 2026 con una victoria contundente por 3 a 1, que le permitió alcanzar la cima del Grupo J con la totalidad de los puntos en disputa, una gesta que únicamente supieron repetir en esta edición los conjuntos de México y Francia en sus respectivas zonas. El triunfo, sin embargo, trascendió el mero resultado numérico para convertirse en una nueva declaración de principios de un equipo que, incluso con las piezas de recambio, mantiene intacta su jerarquía y su voracidad competitiva.
El partido comenzó con una Albiceleste que, pese a las numerosas modificaciones dispuestas por el cuerpo técnico, no tardó en imponer su sello característico. A los dieciocho minutos, una falta ejecutada con exquisitez por Giovani Lo Celso desde los linderos del área rival se incrustó en el ángulo superior del arco defendido por el portero jordano, desatando la primera explosión de júbilo entre los aficionados argentinos presentes en el recinto texano. Ese tanto tempranero no hizo más que confirmar la superioridad palpable de un conjunto que manejaba los hilos del encuentro con la tranquilidad que otorga la certeza de tener argumentos sobrados para doblegar a cualquier adversario. La ventaja se amplió cerca del minuto treinta, cuando el árbitro decretó la pena máxima tras una infracción dentro del área y Lautaro Martínez, con la sangre fría que lo caracteriza, cambió el castigo por gol para establecer el dos a cero parcial. Parecía que el primer tiempo concluiría con una diferencia abismal, pero el fútbol, caprichoso y sorpresivo, guardaba un giro inesperado.
En el complemento, la escuadra asiática encontró un resquicio de esperanza merced a una distracción mayúscula de la zaga albiceleste. Mousa Altamari, delantero de punta de Jordania, supo leer a la perfección un descuido de Nicolás Otamendi y Leandro Paredes para quedarse con el esférico y batir al arquero argentino, estableciendo el descuento que por instantes encendió las alarmas en el banquillo de Lionel Scaloni. El tanto visitante generó un breve período de incertidumbre, pero también sirvió como catalizador para que el entrenador tomara una determinación que cambiaría el rumbo del cotejo: la entrada en escena de Lionel Messi, resguardado durante la primera hora de juego, con la misión de apagar cualquier atisbo de rebelión rival.
El capitán, que no necesita presentación ni contexto para erigirse como factor determinante, necesitó apenas diecinueve minutos para grabar su sello indeleble en el marcador. Corría el minuto setenta y nueve cuando el astro rosarino, desde la vía del tiro libre, ejecutó un zurdazo perfecto que, tras superar la barrera y burlar la estirada del guardameta, se alojó en el fondo de la red para sentenciar el 3-1 definitivo. Ese tanto no fue uno más en la vasta colección del mejor jugador del planeta; significó su sexta anotación en el certamen mundialista, afianzándolo como el máximo artillero de la competencia, y elevó su cuenta personal en Copas del Mundo a la estratosférica cifra de diecinueve gritos, una estadística que lo coloca en un sitial de privilegio dentro de la historia grande del fútbol universal. Pero la hazaña no se agotó allí, porque la Pulga, a sus treinta y nueve años, extendió una racha sencillamente inusitada: ha convertido en los últimos siete compromisos que disputó en mundiales, una constancia que desafía toda lógica deportiva y que alimenta el relato de una leyenda que se niega a escribir su capítulo final.
El entrenador Scaloni, consciente de la necesidad de preservar energías y dosificar esfuerzos de cara a la fase decisiva, había dispuesto nueve variantes en relación al once titular, una apuesta arriesgada que sin embargo rindió frutos gracias a la profundidad de un plantel donde cada relevo parece estar a la altura de las exigencias máximas. Esta apuesta por la rotación no pasó inadvertida para la prensa especializada, que destacó la capacidad del conjunto albiceleste para sostener su nivel competitivo incluso cuando el capitán permaneció en el banco durante gran parte del encuentro. El desafío inmediato para la escuadra nacional será el viernes tres de julio, cuando desde las diecinueve horas en punto (hora argentina) enfrente a Cabo Verde en el Estadio Miami, por los dieciseisavos de final, un cruce que se presenta como la primera piedra en el camino hacia la ansiada defensa del cetro conquistado en Qatar 2022.
Las reacciones de la prensa internacional no se hicieron esperar y, como era previsible, giraron en torno a la figura omnipresente del diez y a la solvencia mostrada por el equipo en su conjunto. El diario Marca, desde la capital española, tituló con énfasis en la performance del astro y en la profundidad del plantel: “Messi brilla con otro gol (en media hora de juego) y la Argentina ‘B’ vence”, subrayando el hecho de que los nueve cambios introducidos por Scaloni no mellaron en absoluto el rendimiento colectivo. La crónica firmada por Juan Castro profundizó en esa idea, señalando que “era una Argentina diferente, un ‘equipo B’ en el que también reside su fortaleza, con jugadores de mucho nivel para cubrir utilidades en los cinco partidos que esperan a la Albiceleste de cara a la inédita misión del bicampeonato en el fútbol moderno. Y una de las conclusiones del partido es que este equipo de Scaloni no es sólo Messi; no es sólo el once titular; sino que tiene madera para sostener el nivel. Y hoy jugó a media máquina, ésa es la verdad”.
El periódico As, también de Madrid, optó por un enfoque más polémico al ensalzar al máximo anotador mundialista mientras ponía la lupa sobre el rendimiento de Julián Álvarez, delantero del Atlético de Madrid. “Messi retrata a Julián”, tituló el matutino, destacando que el 10 marcó su sexto gol y su decimonoveno en mundiales pese a jugar sólo media hora, mientras que “la Araña, bajo la lupa, horrible”, sentenció el medio, añadiendo que “para Argentina no hay trámites ni partidos irrelevantes. Incluso con un once lleno de suplentes, en un día en el que Messi no salió de inicio aunque acabó siendo protagonista, la Albiceleste pasó por encima de la débil Jordania sin miramientos”.
En tierras catalanas, el diario Sport puso el acento en la figura del ídolo blaugrana, hoy líder indiscutible del Inter Miami, con un titular que no dejaba lugar a dudas: “Otra obra de arte de Messi sentencia una fase de grupos perfecta”. El rotativo, además, se animó a una reflexión audaz al sostener que “cuesta encontrar un candidato más firme al título”, un elogio altisonante que refleja el clima de admiración que despierta el campeón defensor. Por su parte, Mundo Deportivo coincidió en la apreciación general y planteó que “Argentina firma una fase de grupos perfecta con otro golazo de Messi”, y ahondó en la importancia simbólica del capitán al resaltar que “como se suponía, el campeón del mundo ganó con comodidad, pero lo más importante fue todo lo otro… El genio. El capitán. El 10. Entró desde el banco y siguió alimentando su leyenda con otro gol, esta vez con un tiro libre delicioso y pensado, con una minibarrera que tapó al arquero”.
La mirada europea también se hizo sentir a través de los principales órganos de prensa del Viejo Continente. La Gazzetta dello Sport, desde Italia, sintetizó la actuación albiceleste con su habitual tono vehemente: “el equipo de Scaloni pasea en Dallas. Marcan Lo Celso y Lautaro antes de la joya de récord del diez: para Leo Messi este es el séptimo gol consecutivo (récord), el sexto en esta edición, en la que es el máximo goleador”. En Francia, en tanto, L’Equipe adoptó un perfil más sobrio pero igualmente elogioso: “Con un equipo muy renovado respecto a los dos primeros partidos y sin Lionel Messi durante una hora, Argentina encadenó una tercera victoria en tres partidos frente a Jordania (3-1). El capitán de los campeones del mundo vigentes volvió a marcar, de tiro libre”. Su par RMC fue aún más enfático al afirmar que Argentina “cierra con broche de oro la fase de grupos”, y detalló que “Giovani Lo Celso y Lautaro Martínez inauguraron su cuenta goleadora en este Mundial. Mousa Al Tamari devolvió algo de esperanza a su equipo al reducir la diferencia, pero Lionel Messi acabó con ella al anotar un nuevo gol, esta vez de tiro libre. Con confianza, la Albiceleste se enfrentará a Cabo Verde en los dieciseisavos de final”.
Finalmente, el periódico portugués A Bola se sumó al coro de voces que ensalzan al capitán argentino, resumiendo con precisión quirúrgica lo ocurrido en Dallas: “30 minutos alcanzaron: Messi continúa escribiendo historia y Argentina consigue el pleno”. De esta manera, la prensa mundial coincide en un diagnóstico unánime: el campeón defensor no solo ha superado la fase de grupos con autoridad, sino que ha exhibido una profundidad de plantilla y una vigencia individual de su máxima figura que lo erigen como el principal candidato a alzar nuevamente la copa, un desafío que, de consumarse, ingresaría en los anales del fútbol como una proeza sin parangón en la era moderna. Mientras tanto, la afición argentina, ilusionada y expectante, aguarda el próximo viernes con la certeza de que su selección, fiel a su estilo y a su historia, tiene todo para seguir escribiendo páginas doradas en el libro del deporte rey.
