Paraguay escribe su página más dorada al eliminar a Alemania en una definición por penales que quedará en la memoria del mundo

Paraguay escribe su página más dorada al eliminar a Alemania en una definición por penales que quedará en la memoria del mundo

Con la épica como único guion, la albirroja doblegó al gigante teutón desde los doce pasos tras un empate heroico que se mantuvo inmóvil durante el tiempo reglamentario y la prórroga. La estirpe de un viejo continente sucumbió ante el corazón indomable de un pueblo que, de la mano de un arquero salvador y una muralla colectiva, se ganó el derecho a soñar con los octavos de final, donde el destino le deparará un nuevo escollo ante el vencedor del duelo entre galos y suecos.

El firmamento del fútbol planetario se vistió de gala para presenciar una hazaña que trasciende las fronteras del deporte y se inscribe con letras de oro en el relato de las gestas universales. La selección paraguaya, guiada por un espíritu de acero y una estrategia milimétrica, protagonizó la proeza más resonante de su rica historia balompédica al desbancar en una dramática tanda de penales a la poderosa Alemania, un rodillo histórico que ha forjado su leyenda a base de títulos y eficiencia. El escenario, bañado por la tensión y la incredulidad, fue testigo de cómo el conjunto albirrojo, tras igualar sin goles en el tiempo suplementario luego de un 1 a 1 en el encuentro regular, se sobrepuso a la presión y a la jerarquía de su rival para sellar su pase a los octavos de final de la Copa del Mundo, una instancia en la que aguarda el ganador del cruce entre Francia y Suecia, un desafío mayúsculo que ya se vislumbra en el horizonte.

La definición desde el punto fatídico, la primera de su clase que se registra en esta edición del torneo, condensó en sus escasos minutos toda la esencia del dramatismo más puro y la incertidumbre que sólo el fútbol sabe destilar. El primer acto de esta tragedia griega moderna lo escribió Orlando Gill, el guardameta de San Lorenzo, cuya figura se agigantó bajo los tres palos al adivinar la trayectoria del remate inicial de Kai Havertz, desviándolo con una estirada felina que encendió la chispa de la esperanza en la hinchada guaraní. La respuesta no se hizo esperar, y la zaga paraguaya, con la sangre fría de sus ejecutantes, vio cómo Mauricio, Gustavo Gómez y Matías Galarza perforaban la red con una convicción inapelable, estableciendo una ventaja momentánea que parecía encaminar la eliminatoria.

Sin embargo, el duelo, caprichoso y volátil como la vida misma, se resistía a encontrar un desenlace sencillo. Gill, convertido en un muro infranqueable, volvió a frustrar a los germanos al detener otro disparo, esta vez del joven Woltemade, otorgándole a su equipo dos oportunidades sucesivas para finiquitar la contienda. Pero el destino, amante de los giros inesperados, deparó un revés cuando Sanabria envió su remate desviado y Neuer, el veterano cancerbero teutón, adivinó la intención de Balbuena para mantener con vida a su escuadra. La igualdad en el marcador (tres tantos por bando) se restableció tras la conversión de Amiri, forzando una extensión de la agonía que mantenía en vilo a millones de corazones.

Fue entonces, en el filo de la navaja de la locura, cuando la balanza se inclinó de manera definitiva hacia el bando sudamericano. Jonathan Tah, con la responsabilidad de un titán, elevó su ejecución por encima del travesaño, un error que el experimentado José Canale no desaprovechó, enviando el esférico al fondo de la red y desatando la explosión de júbilo que consagraba la clasificación guaraní y decretaba la eliminación del combinado germano, una caída que resonó sin gloria ni atenuantes en el firmamento del fútbol. Esta derrota adquiere un matiz aún más amargo para la escuadra europea, que, tras haber quedado relegada en la fase de grupos de las dos ediciones precedentes del certamen, ve cómo su travesía se trunca nuevamente en el primer escollo eliminatorio, y cómo su desempeño ante conjuntos sudamericanos en esta competición se salda con un saldo de dos caídas, un bagaje que pone en tela de juicio su tradicional fortaleza.

El desarrollo del encuentro, en su fase inicial, fue un ejercicio de paciencia y estrategia por parte del cuadro albirrojo, que, lejos de arredrarse ante el dominio territorial y posesional del adversario, supo tejer su propio camino hacia el gol. Apenas transcurrido el primer minuto, un tiro de esquina cerrado ejecutado por Julio Enciso desde el sector zurdo generó un amago de peligro cuando Junior Alonso, en su intento de remate, impactó el balón contra el cuerpo del guardameta Neuer, un aviso que presagiaba lo que estaba por venir. La recompensa al acecho constante llegó en el minuto 41, cuando una proyección de Almirón por el costado diestro habilitó a Galarza, cuyo centro preciso encontró la testa de Enciso para mandar el esférico al fondo de las mallas, desatando el primer estallido de una noche que prometía ser inolvidable.

Entre estos dos acontecimientos, el guión del partido no deparó sobresaltos ni concesiones: el conjunto paraguayo, fiel a la consigna de su entrenador, se replegó en los últimos veinte metros del terreno de juego, formando un bloque compacto y ordenado que desesperó a la ofensiva alemana. Ni la destreza individual de Leroy Sané, ni la dupla de ataque conformada por Havertz y Undav lograron encontrar los resquicios para desmontar el cerrojo táctico dispuesto por Gustavo Alfaro, un esquema en forma de 5-4-1 que cedió la iniciativa y la tenencia del balón (con un abrumador 79% de posesión en la primera etapa), pero que negó con eficacia cualquier intento de penetración clara en el área custodiada por Gill. La primera mitad concluyó con la ventaja mínima para los sudamericanos, un marcador que reflejaba la supremacía del orden sobre la posesión estéril.

La reanudación del juego trajo consigo la inmediata intención de los guaraníes de ampliar su renta, y fue Julio Enciso, el jugador más osado y desequilibrante de su equipo, quien estuvo a punto de concretar el segundo tanto al comienzo del complemento, aprovechando un error en un pase hacia atrás de Kimmich que casi sorprende a Neuer. No obstante, la réplica germana no tardó en llegar, y a los ocho minutos de la segunda mitad, Florian Wirtz colgó un centro al área que Havertz, con un sutil toque de cabeza, desvió antes de que Canale pudiera despejar, estableciendo el empate que iba a perdurar hasta el final del tiempo reglamentario y de la prórroga. A partir de ese instante, el conjunto europeo, herido en su orgullo, asedió incansablemente el arco paraguayo a base de centros y envíos frontales, buscando la estocada final que nunca llegó.

En el tiempo suplementario, la emoción alcanzó cotas de tensión insospechadas cuando Jonathan Tah, en un salto poderoso, conectó un cabezazo que parecía ser el gol del triunfo a los once minutos del primer periodo añadido. Sin embargo, la intervención del VAR, en un acto de justicia milimétrica, invalidó la anotación al sancionar una obstrucción previa del zaguero Antón sobre el arquero Gill, una decisión que devolvió la vida a un equipo que se defendió con una bravura extraordinaria, aunque siempre dentro de los márgenes de la corrección, con nueve de sus jugadores replegados en su propio rectángulo. El objetivo trazado por Alfaro era resistir el embate, y sus pupilos lo alcanzaron con armas nobles y un despliegue físico y emocional conmovedor, destacando sobremanera las actuaciones de Galarza y Cubas, verdaderos pulmones y corazones del engranaje táctico. Finalmente, desde los once metros, la estirpe guaraní, heredera de una tradición de lucha y resiliencia, encontró el sendero hacia su jornada más gloriosa, una página que ahora se abre hacia un nuevo desafío: enfrentar al ganador del duelo entre Francia y Suecia, una oportunidad para seguir escribiendo la leyenda de un pueblo que se niega a dejar de soñar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *