En una sesión marcada por la tensión y las duras críticas de la oposición, el proyecto estrella del Gobierno sufrió mutilaciones significativas en su articulado. El jefe del interbloque peronista, José Mayans, calificó la iniciativa como «un asco» y «manifiestamente inconstitucional», mientras celebraba la caída de los capítulos referidos a la extranjerización de tierras y desalojos exprés, atribuyendo este revés a la presión popular y al gesto simbólico de la selección nacional de fútbol.
En el recinto de la Cámara Alta, la sesión que debía consagrar la normativa estrella del Poder Ejecutivo se convirtió en un escenario de despojo normativo, donde el texto original quedó reducido a su mínima expresión tras un feroz embate dialéctico y político. Con un tono cáustico y una contundencia pocas veces vista, el jefe del interbloque peronista, José Mayans, graficó con crudeza el saldo de la jornada al señalar que el articulado original, compuesto por seis capítulos, había naufragado hasta quedar en apenas dos segmentos y un título que carece de sustancia. “De seis capítulos quedan dos y el de forma. O sea, queda la palabra ‘invio’ y lo otro se perdió”, ironizó el senador formoseño, en una intervención que buscó exponer la fragilidad de un proyecto que el oficialismo se empeñó en aprobar a cualquier costo.
Antes de que se consumara la votación, Mayans elevó un pedido explícito al presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, instándolo a retirar la iniciativa de la mesa de deliberaciones. Con un dejo de exasperación, el legislador cuestionó la pertinencia de continuar con el trámite parlamentario sobre un texto que, en su opinión, había sido vaciado de todo contenido sustancial. “Entonces, ¿por qué no retiran el proyecto, presidente? Porque es una… de seis capítulos quedó uno y medio y el título de forma”, reiteró, subrayando la paradoja de debatir una ley que ya no reflejaba el espíritu original con el que fue concebida.
Durante su extensa alocución, el jefe del interbloque opositor no escatimó calificativos para referirse al cuerpo legal impulsado por el oficialismo, al que tildó de “inconstitucional de cabo a rabo” y de constituir “un robo a cara descubierta” de los bienes y empresas pertenecientes al Estado nacional. Mayans sostuvo que la modificación propuesta a la ley de Expropiaciones no resistía el más mínimo análisis jurídico, y argumentó que la verdadera intención detrás de la norma era asegurar que aquellos activos transferidos al sector privado resultaran irrecuperables para el fisco, blindando así las operaciones mediante la figura del lucro cesante. En su razonamiento, el senador apeló a la autoridad de reconocidos constitucionalistas, citando al experto Daniel Sabsay, quien en una audiencia pública había anticipado el vicio de origen de la propuesta al declarar su abierta incompatibilidad con la carta magna.
El punto álgido de su discurso, sin embargo, giró en torno a los capítulos que sucumbieron ante la presión social y el rechazo transversal. Mayans atribuyó la caída del apartado referido a la extranjerización de tierras a una suerte de despertar colectivo, cuyo detonante encontró en un gesto inesperado protagonizado por los jugadores de la selección argentina de fútbol. Al exhibir una bandera alusiva a las Islas Malvinas tras su victoria contra Inglaterra, los deportistas encendieron una chispa de soberanía nacional que, según el senador, se tradujo en un aluvión de reclamos ciudadanos y, finalmente, en la decisión de numerosos legisladores de retirar su apoyo a esa porción de la ley. “Si esos jugadores hicieron esto y la gente salió a la calle a festejarlo, acá hubo gente a la que le dio vergüenza votar esto. Esa fuerza fue lo que evitó esa enajenación”, afirmó, en un reconocimiento explícito al poder de la movilización popular para torcer voluntades políticas en el recinto.
En ese mismo tenor, el legislador formoseño celebró abiertamente el fracaso de los artículos que pretendían habilitar los denominados desalojos exprés, una medida que, en su criterio, castigaba con crudeza a los sectores más vulnerables de la sociedad. A su juicio, la iniciativa ocultaba un propósito perverso al buscar modificar la ley de Manejo del Fuego, con el objetivo encubierto de incentivar incendios en zonas rurales para facilitar posteriormente operaciones inmobiliarias especulativas. “Perjudica terriblemente a la gente humilde”, sentenció, al tiempo que denunciaba un presunto plan del Gobierno para inducir siniestros ambientales que allanaran el camino a negocios predatorios en el mercado de tierras.
El discurso de Mayans, cargado de un dramatismo político que resonó en las bancas de todo el arco opositor, buscó instalar la idea de que el oficialismo había sufrido una derrota estratégica de proporciones, al ver desguazado su proyecto insignia por la presión de las calles y la propia dinámica parlamentaria. Mientras el oficialismo celebraba a regañadientes la supervivencia de un esqueleto normativo, la oposición alzaba la voz para advertir que el verdadero debate, el de fondo, seguía abierto y que la defensa de la propiedad estatal y los recursos naturales no era un capítulo cerrado, sino una batalla que recién comenzaba. La sesión, más que un triunfo, dejó en evidencia la fragilidad del consenso oficial y la capacidad de resistencia de un peronismo que, a pesar de su minoría, supo encontrar en el sentimiento popular y los símbolos patrios un escudo para detener lo que consideraba un asalto a la soberanía nacional.
