En una cumbre reservada que duró más de tres horas en el corazón de Buenos Aires, los máximos referentes del arco opositor sellaron un frente común. Con la mira puesta en el tablero electoral del 2027, los líderes coincidieron en que la eliminación de las Primarias es la llave maestra que el oficialismo busca utilizar para desarticular la oferta peronista y allanar el camino hacia un segundo mandato libertario.
En un giro estratégico que había sido largamente esperado por la militancia y los analistas políticos, el peronismo decidió enterrar temporalmente sus diferencias internas y dar un paso contundente en pos de la unidad orgánica. Los principales estandartes del movimiento se dieron cita en un cónclave de alto calibre desarrollado en un exclusivo hotel del barrio porteño de Retiro, donde, lejos del bullicio mediático y sin el registro de las cámaras, trazaron las líneas maestras de su resistencia al embate del Gobierno nacional.
La convocatoria, que se extendió por más de tres horas en el emblemático Hotel Emperador, logró lo que parecía un objetivo escurridizo en los últimos meses: sentar en la misma mesa a todos los sectores del espectro opositor. El hermetismo fue la tónica dominante; no hubo pose para la fotografía oficial ni declaraciones masivas, pero la contundencia de la representación política dejó en claro que el espacio se está reordenando de cara al desafío electoral que se avecina en 2027. El disparador de este inusual acercamiento no fue otro que la creciente presión oficialista para modificar el régimen electoral, específicamente mediante la suspensión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), un mecanismo que el peronismo considera vital para su supervivencia como fuerza competitiva.
El encuentro adquirió ribetes de máxima urgencia a instancias de los jefes de los bloques parlamentarios, José Mayans y Germán Martínez, quienes, tras el estrepitoso fracaso de la sesión en Diputados y el rechazo contundente a las enmiendas en la Ley de Tierras, elevaron la alarma ante el avance de la Casa Rosada. El oficialismo, obsesionado con asegurar la continuidad de Javier Milei en el poder, ha puesto toda su maquinaria legislativa al servicio de la reforma política, con la convicción de que la fragmentación de la oferta opositora es el camino más expedito para perpetuarse en el gobierno. Ante este escenario, uno de los participantes del cónclave lanzó una advertencia que resonó como un latigazo en el salón: «Aquellos que respalden la eliminación o suspensión de las PASO deberán asumir la responsabilidad de facilitar que Milei extienda su mandato por cuatro años más, sumiendo a la ciudadanía en este infierno económico y social». La frase, recogida por fuentes presentes, no fue un comentario al azar, sino un mensaje codificado dirigido a los gobernadores peronistas que, en ciertas coyunturas, han tendido puentes con el libertarismo en el Congreso.
La trascendencia de la jornada radicó, sin duda, en la reunificación de dos de las figuras más prominentes y, a la vez, distanciadas del espacio: el gobernador bonaerense Axel Kicillof y el diputado nacional y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner. El reencuentro físico de ambos dirigentes, que no compartían un mismo ámbito desde aquella noche de octubre del año pasado cuando la derrota electoral en las legislativas dejó sus marcas, significó un quiebre en la tensión acumulada. Durante esos largos meses, la comunicación se había reducido a meros contactos telefónicos para coordinar acciones periféricas, como la masiva movilización popular en Avellaneda. Sin embargo, la imperiosa necesidad de estructurar una respuesta común ante el avance oficialista logró destrabar los roces y propiciar un ambiente de distensión que todos los asistentes calificaron como «positivo».
La nómina de concurrentes al cónclave de Retiro reflejó la amplitud del arco peronista y federal. Junto a Kicillof y Máximo, se hicieron presentes el exministro de Economía y referente del Frente Renovador, Sergio Massa, así como un nutrido grupo de mandatarios provinciales: Ricardo Quintela, de La Rioja; Gildo Insfrán, de Formosa; Sergio Ziliotto, de La Pampa; y Gustavo Melella, de Tierra del Fuego. La lista se completó con la participación estelar del senador nacional y exgobernador santiagueño Gerardo Zamora, quien llegó con el peso político de su extensa trayectoria y su capacidad de articulación territorial.
Los ejes temáticos que dominaron la sobremesa política fueron tres, y todos ellos orbitaron en torno a la defensa del interés popular y la construcción de un proyecto alternativo. El debate principal giró, como era previsible, en torno al futuro de las Primarias, pero también ocuparon un lugar preponderante las discusiones sobre el impacto del impuesto a los combustibles en la economía familiar y la imperiosa necesidad de delinear un Presupuesto nacional que contemple las demandas de las provincias. Según trascendió de los testimonios de los presentes, hubo un consenso absoluto en considerar a las PASO como un instrumento insustituible para dirimir las discrepancias internas con transparencia y, al mismo tiempo, construir una propuesta electoral sólida y competitiva que pueda hacerle frente al oficialismo en las urnas.
Ahora, el foco de atención del peronismo se desplaza hacia el comportamiento de aquellos gobernadores que han sido calificados como aliados transitorios de la administración Milei. Las miradas están puestas, particularmente, en Osvaldo Jaldo, de Tucumán, y Raúl Jalil, de Catamarca. Mientras que el primero habría manifestado su oposición a la reforma electoral que propugna el Gobierno, el segundo ha mostrado cierta apertura, aunque condicionada a la búsqueda de un amplio consenso que trascienda las mayorías circunstanciales.
La evaluación final del encuentro fue unánimemente alentadora. Pese a los sacudones internos y las disputas por el liderazgo que han caracterizado a la oposición en los últimos tiempos, los participantes destacaron la existencia de un «clima de camaradería» y la voluntad explícita de evitar cualquier chispa de conflicto que pudiera empañar el espíritu de unidad. Este acercamiento en Retiro, que se produce apenas una semana después de la cumbre federal celebrada en La Rioja y que fue precedido por un explícito mensaje de pacificación emitido por Máximo Kirchner, quien negó estar en «veredas opuestas» a Kicillof, se erige ahora como el puntapié inicial de un proceso de reorganización. Con cuatro aspirantes nacionales de primer nivel compartiendo el mismo escenario, el peronismo no solo busca fortalecer su poder de fuego en el Congreso para frenar la reforma electoral, sino que también envía una señal inequívoca al electorado: el armado unitario para el 2027 ya está en marcha.
