Tras un extenso cónclave de casi cuatro horas en el hotel Emperador, los principales referentes opositores —entre ellos Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa— sellaron un pacto de convivencia que prioriza la amplitud de la coalición y establece a las Primarias como el instrumento dirimente para resolver las aspiraciones sucesorias, al tiempo que acordaron una sincronización de los calendarios electorales para potenciar la ofensiva nacional contra el oficialismo.
La cumbre que el peronismo celebró el martes por la noche en el céntrico hotel Emperador no fue una reunión más. Con una duración que rozó las cuatro horas, el cónclave reunió a los pesos pesados del arco opositor —Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y un nutrido grupo de gobernadores— y culminó con la definición de una estrategia común que busca recolocar al movimiento en condiciones de competitividad real de cara a los comicios de 2027. El encuentro, que algunos calificaron como histórico por el nivel de consenso alcanzado, dejó como saldo un método de trabajo, una hoja de ruta y, sobre todo, un compromiso explícito de convivencia democrática interna que los dirigentes esperan sea duradero.
El núcleo del entendimiento giró en torno a tres ejes fundamentales. En primer lugar, la construcción de un espacio opositor de la mayor envergadura posible, sin exclusiones ni vetos preventivos, que permita perforar los techos electorales que actualmente limitan al peronismo. En segundo término, la habilitación irrestricta para que todos los sectores con legítimas aspiraciones electorales puedan desplegar sus proyectos, bajo la premisa de que la competencia interna no debilita sino que fortalece la oferta final. Y finalmente, la preservación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias como el mecanismo institucional idóneo para dirimir los eventuales enfrentamientos entre precandidatos, evitando así fracturas traumáticas que puedan socavar la unidad antes de tiempo.
El senador José Mayans, uno de los artífices de la organización del cónclave, sintetizó el espíritu de la velada con una declaración que resonó entre los asistentes: “Estamos dispuestos a trabajar todos juntos y ofrecer una alternativa muy distinta a la que tiene Milei”. La frase, breve pero cargada de intención, refleja el diagnóstico compartido en la reunión: la respuesta al proyecto libertario no puede ser fragmentaria ni tímida, sino que exige una coalición lo suficientemente ancha como para interpelar a sectores que hoy se sienten huérfanos de representación. De allí que la decisión de no limitar la participación interna haya sido unánime, entendiendo que la diversidad de enfoques y liderazgos constituye un activo y no un pasivo en el camino hacia la recuperación del poder.
Un pacto de sana competencia y lazos con el norte
El acuerdo alcanzado en el Emperador no solo fijó las reglas del juego para la interna, sino que también estableció un explícito “pacto de convivencia” que los dirigentes bautizaron como “que haya una sana competencia”. La consigna, que se repitió a lo largo de la reunión, apunta a contener los impulsos destituyentes que en el pasado reciente envenenaron el clima interno y restaron eficacia política al movimiento. La pregunta que queda flotando en el aire, sin embargo, es si todos los actores estarán dispuestos a honrar ese compromiso cuando los sondeos de opinión comiencen a marcar diferencias sustanciales entre los potenciales aspirantes.
Paralelamente, la cumbre otorgó un rol protagónico al riojano Ricardo Quintela, quien fue comisionado para llevar adelante una tarea de aproximación con los gobernadores peronistas del norte argentino que, en los últimos tiempos, han mantenido una relación oscilante con la conducción nacional del espacio. Se trata de mandatarios como el tucumano Osvaldo Jaldo, el salteño Gustavo Sáenz, el catamarqueño Raúl Jalil y el misionero Hugo Passalacqua —este último con un perfil que, aunque ahora se muestra más opositor, no siempre fue nítido en esa dirección—. “Tengo la tarea de conversar con algunos compañeros del norte argentino para que se puedan ir incorporando paulatinamente a este esquema donde ellos tienen que sentirse protagonistas”, explicó Quintela, quien asumió el desafío de tejer puentes y disipar desconfianzas en una región que históricamente ha tenido una dinámica política propia y, en ocasiones, distante del eje bonaerense-porteño.
A estos cuatro gobernadores se les formuló un pedido concreto y no negociable: que se abstengan de acompañar la reforma política impulsada por Javier Milei, particularmente en lo que respecta a la eliminación de las PASO. Los asistentes al cónclave coincidieron en que suspender las Primarias equivaldría a facilitar la fragmentación de la oferta opositora, despojar al peronismo de un instrumento esencial para ventilar sus diferencias y, de paso, allanar el recorrido electoral de La Libertad Avanza. La advertencia fue categórica: “Los que apoyen a Milei en la eliminación de las PASO van a tener que hacerse cargo de cuatro años más de sufrimiento de la gente”, sentenciaron en la reunión, en un claro intento de establecer un límite ético y político a cualquier veleidad de alineamiento con el oficialismo.
Las negociaciones para tejer el bloqueo legislativo ya se encuentran en marcha, y la intención es emular la articulación que se logró en el reciente debate por la ley de Tierras, donde el peronismo mostró una capacidad de unidad que sorprendió a propios y extraños. En ese contexto, los primeros movimientos parecen alentar las expectativas: Jaldo ya se manifestó en contra de la eliminación de las PASO, mientras que Jalil condicionaría su apoyo a la reforma solo si existe un amplio consenso que, por ahora, no asoma. El quiebre entre el exgobernador misionero Carlos Rovira y Passalacqua, además, ha puesto en suspenso los votos de los senadores de esa provincia que Karina Milei contaba en su haber, lo que abre un panorama incierto pero no desfavorable para las aspiraciones opositoras.
El calendario como campo de batalla y la estrategia de Kicillof
La discusión sobre el cronograma electoral ocupó un lugar central en el debate, con un diagnóstico compartido: frente a un adversario como Milei, que ha mostrado capacidad de capturar la atención mediática y movilizar a su electorado, cualquier desinteligencia en los tiempos provinciales puede resultar letal. Por ello, hubo plena coincidencia en la necesidad de aunar esfuerzos y evitar el desdoblamiento de los comicios locales, de manera que las elecciones provinciales puedan traccionar votos hacia la contienda nacional. La premisa es que el margen de maniobra es exiguo —como lo demuestra el antecedente de 2023, cuando Sergio Massa obtuvo 37 puntos y quedó a apenas tres de derrotar a Milei en primera vuelta— y que, en un escenario de simultaneidad electoral, aquel resultado podría haber sido diferente. Por eso, los dirigentes sostienen que la unidad no debe limitarse a confluir en un mismo frente, sino también a articular campañas y sincronizar fechas de sufragio, maximizando así el impacto de cada votación.
El consenso alcanzado en torno a las PASO es, además, una excelente noticia para la estrategia que viene delineando el gobernador bonaerense. Axel Kicillof propone que cada sector del peronismo aproveche los próximos meses para ganar músculo y que sea el escenario electoral, llegado marzo, el que determine quién está en mejores condiciones de competir. Si no prospera una candidatura de unidad —y todo parece encaminarse en esa dirección, a juzgar por la cantidad de actores que ya asoman sus aspiraciones—, la disputa se trasladará a las urnas. La lista de posibles contendientes es extensa y variopinta: desde el propio Kicillof, pasando por Massa y Wado de Pedro, hasta dirigentes como Quintela, el sanjuanino Sergio Uñac y el santiagueño Gerardo Zamora. “Que se presente el que quiera, el que se sienta con ganas. Eso se acordó”, remarcó Mayans, quien llamó a que cada propuesta sea considerada “un aporte” y no “un enemigo”. Esa filosofía de “amplitud hacia afuera, competencia hacia dentro” parece ser, al menos en el papel, el sello distintivo de esta nueva etapa que el peronismo intenta inaugurar.
Tregua interna y primeras señales de distensión
La reunión del martes, en definitiva, representa un punto de inflexión en un movimiento que durante largos tramos del último año y medio estuvo signado por agrias disputas internas, cruces públicos y desconfianzas mutuas. Tanto el kirchnerismo como el entorno de Kicillof destacaron el resultado del encuentro, valorando especialmente la dinámica de trabajo que se puso en marcha. “Iniciamos una dinámica de trabajo y eso es altamente positivo. Además, que tenga esta lógica de verse las caras. Porque la política se hace cara a cara”, resaltaron cerca de Cristina Kirchner, subrayando la importancia de recuperar el diálogo directo y la construcción presencial de acuerdos. “Poder concretar una reunión por un tema puntual, coincidir en el diagnóstico y también en los pasos a seguir es un avance importante. Por supuesto, quedan muchos otros asuntos por discutir”, resumieron en la gobernación bonaerense, en un tono que combina el optimismo con la prudencia.
Fue, en definitiva, un primer paso. El peronismo todavía no resolvió la discusión por las candidaturas ni mucho menos las disputas por la conducción del espacio, aspectos que sin duda volverán a poner a prueba la fragilidad de los acuerdos alcanzados. Sin embargo, la cumbre del Emperador consiguió algo que hasta hace poco tiempo parecía una quimera: establecer las bases y condiciones para librar la batalla electoral sin romper el frente interno, fijando reglas claras y plazos que, de ser respetados, permitirían canalizar las ambiciones personales en el marco de un proyecto colectivo. La pregunta que sobrevuela el ambiente, y que ningún dirigente se anima a responder con certeza, es si este espíritu de convivencia logrará sobrevivir a la implacable lógica de los sondeos y la competencia por el poder. Por ahora, el peronismo se ha dado un respiro y una oportunidad. El tiempo, como siempre, será el juez más implacable de las buenas intenciones.
