En una ofensiva política de alto calibre, el jefe de Gabinete y el ministro de Economía viajaron a Catamarca con una doble misión: inaugurar obras rezagadas y, en el trasfondo, cosechar apoyos entre los gobernadores para la reforma electoral que impulsa el Gobierno, con la mira puesta en allanar el sendero hacia la reelección presidencial.
En un movimiento que trasciende la mera gestión administrativa, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, emprendió una gira estratégica hacia la provincia de Catamarca, escoltado por una figura de peso indiscutible en el tablero económico: el ministro de Hacienda, Luis “Toto” Caputo. El periplo, que en apariencia respondía a la necesidad de poner en funcionamiento infraestructuras que permanecían en el olvido, escondía en su núcleo un objetivo de naturaleza eminentemente política: tejer una red de consensos que permita al oficialismo avanzar con su proyecto estrella en el parlamento, destinado a suprimir o, en su defecto, suspender las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias.
El verdadero trasfondo de esta incursión territorial se revela como una pieza clave dentro del engranaje diseñado desde la Casa Rosada para fragmentar el caudal electoral de la oposición y, de ese modo, despejar el camino hacia la continuidad de Javier Milei en el poder. Conscientes de que el respaldo legislativo es esquivo, los enviados del Ejecutivo nacional desembarcaron en el norte argentino con la intención explícita de intercambiar gestos de buena voluntad por firmas y votos en el recinto. La visita no fue un acto aislado, sino parte de una coreografía política donde cada obra habilitada funciona como una moneda de canje de alto valor simbólico y tangible.
En territorio catamarqueño, la comitiva fue recibida por el gobernador Raúl Jalil, un dirigente que ha mostrado sintonía con las directrices del Gobierno nacional en diversas ocasiones, aunque su acompañante en el recibimiento, el mandatario santiagueño Elías Suárez, mantiene una relación más tibia y distante con el poder central. Esta dualidad en el trato refleja el complejo mosaico de alianzas que el oficialismo debe sortear para consolidar su agenda legislativa; mientras unos se muestran dispuestos al diálogo fluido, otros exigen contrapartidas concretas antes de comprometer su respaldo público.
La travesía de Santilli y Caputo no es fruto de la casualidad, sino que emerge tras un revés parlamentario que frenó en seco las aspiraciones del Ejecutivo de modificar la normativa sobre extranjerización de tierras rurales y reformar la ley de Manejo del Fuego. Esas derrotas en el Congreso activaron las alarmas en el despacho de Balcarce 50, impulsando una renovada ofensiva para no cosechar un nuevo fracaso con la iniciativa que consideran prioritaria. Sin embargo, los artífices de esta gestión saben que, en el tablero de las provincias, las meras promesas de Santilli han perdido efectividad, por lo que resultó imperativo recurrir al poder fáctico de Caputo, aquel funcionario que ejerce como cerrajero de las arcas estatales y que, en definitiva, posee la llave maestra para abrir o clausurar el grifo de los fondos públicos según lo pactado en las negociaciones de despacho.
Esta maniobra revela un cambio de táctica en el seno del Gobierno: la seducción política ya no se financia con discursos ni planes a futuro, sino con la habilitación inmediata de proyectos postergados que responden a necesidades urgentes de las economías regionales. La presencia simultánea del jefe de Gabinete y del ministro de Economía no es un detalle menor, puesto que simboliza la fusión entre la voluntad política y la capacidad de desembolso, dos elementos que, cuando se articulan, multiplican el poder de persuasión sobre los gobernadores. Estos líderes provinciales, ávidos de recursos para sostener sus administraciones, encuentran en esta dupla una oferta difícil de rechazar: el desbloqueo de obras paralizadas a cambio de un respaldo que, aunque temporario, resulta vital para el oficialismo en su pulseada por modificar el sistema electoral.
El desafío para la Rosada consiste ahora en replicar este esquema en otros distritos, convenciendo a los mandatarios de que la suspensión de las PASO no solo beneficia al partido gobernante, sino que también les otorga a ellos un mayor margen de maniobra para gestionar sus propios tiempos políticos. No obstante, el camino está plagado de resistencias, especialmente en aquellas provincias donde la estructura opositora se muestra cohesionada y recelosa de cualquier alteración en las reglas de juego democrático. La gira por Catamarca, con la sombra alargada de Caputo y su portafolios, constituye apenas el primer movimiento de una partida de ajedrez que se jugará en múltiples tableros a lo largo del territorio argentino, donde cada obra inaugurada y cada acuerdo financiero sellado se convertirán en fichas de un rompecabezas cuyo resultado final podría definir el mapa electoral de los próximos años.
