Dueños de fábricas y pymes de todo el país se movilizaron a Plaza de Mayo para rechazar las políticas del gobierno de Milei, que atribuyen al cierre masivo de empresas, la caída del consumo y el endeudamiento récord del sector productivo. La jornada, en vísperas del Día del Empresario Nacional, tuvo un tono de duelo y advertencia.
En una estampa poco habitual para el sector, los industriales argentinos coparon este jueves las calles rumbo a Plaza de Mayo. No fue un gesto aislado ni una convocatoria menor: la marcha, encabezada por propietarios de fábricas, talleres y comercios de todo el país, buscó visibilizar el profundo malestar que atraviesa al tejido productivo local. La figura del empresario callejero, que el propio presidente Javier Milei encarnó en otras ocasiones, ahora se multiplicó en miles de voces que denuncian un modelo económico que, aseguran, asfixia a la industria nacional.
El reclamo central apuntó al rumbo de la política económica, señalada como responsable de un combo letal: tasas de interés elevadas, costos energéticos en alza y un desplome de las ventas que no encuentra piso. Los datos oficiales respaldan la gravedad del cuadro. Desde diciembre de 2023, más de 30.600 empresas echaron el cierre, mientras que la destrucción de puestos de trabajo registrados supera los 411.000. Las estadísticas del Banco Central reflejan, además, un salto alarmante en la irregularidad crediticia: si en octubre de 2024 apenas el 0,7% de las firmas presentaba problemas de pago, en junio de 2026 ese porcentaje se disparó al 3,5%, lo que implica que la cantidad de empresas con deudas incobrables se quintuplicó en apenas dos años y medio.
“Marchamos para poner un freno a políticas que nos oprimen, como el costo del crédito y la escasez de demanda”, explicó Sebastián Panuncio, un pequeño industrial del rubro iluminación, en diálogo con este medio. Su diagnóstico es compartido por la mayoría de los asistentes: el consumo interno se contrajo sin pausa. Según la consultora Scentia, en junio último la caída interanual en todos los canales comerciales fue del 2,7%, con un acumulado semestral del -2,9%. Pero la perspectiva histórica es todavía más elocuente: el volumen de compras actual apenas alcanza el 82,9% de lo que se consumía en enero de 2023, un retroceso que deja en evidencia la erosión del poder adquisitivo y la fragilidad del mercado interno.
El clima en la movilización osciló entre la indignación y la desesperanza. Humberto Soacessi, empresario de la construcción con sede en Córdoba, fue categórico: “Este es el Día del Empresario Nacional, pero no hay nada que celebrar. Estamos amenazados por las políticas públicas. Vamos a volver a las calles todas las veces que haga falta, hasta que la sociedad tome conciencia de que destruir la industria es destruir el futuro del país. Esto es un industricidio, y generará más desempleo y más pobreza”.
Los números de la Central Bank respaldan esa preocupación. En marzo de 2026, la cartera de deudores irrecuperables alcanzó a 21.948 compañías, y la morosidad se multiplicó por cinco desde 2024. Entre las firmas que recientemente entraron en cesación de pagos figuran nombres conocidos, como la cadena gastronómica LeBlé, la bodega mendocina Bianchi y la marca de indumentaria Rever Pass, lo que evidencia que el fenómeno no distingue tamaños ni sectores. En la Ciudad de Buenos Aires, los concursos preventivos de acreedores crecieron un 130% solo en 2025, un indicador más de la debacle financiera que atraviesa el entramado productivo.
La apertura de las importaciones fue otro de los blancos de las críticas. Carlos Ferrari, representante de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) en Bahía Blanca, denunció que el gobierno “excluye al empresario local al facilitar el ingreso de bienes extranjeros, lo que derrumba el poder adquisitivo y vuelve inviable a las pymes”. Los guarismos le dan la razón: en 2025, la importación de bienes de consumo tocó su nivel más alto en dos décadas. Solo en septiembre de ese año ingresaron productos por 1.157 millones de dólares, y el acumulado entre enero y septiembre trepó a 8.376 millones, la cifra más elevada desde 2004.
Julián Moreno, dueño de una empresa vinculada a la construcción, resumió el sentir general: “Si hoy no nos tocó el cierre, nos tocará mañana. Treinta y tres empresas desaparecen cada día. No hay motivos para festejar, sino para alertar”. Los manifestantes exigieron al Congreso la sanción de una ley de Emergencia Pyme y la apertura de un debate urgente que ponga sobre la mesa un proyecto de desarrollo nacional, con el aumento de salarios como motor para reactivar el consumo local y la regulación de las importaciones como herramienta de protección industrial.
Gustavo Casciotti, empresario minimercadista de Mar del Plata, fue contundente: “Argentina no es viable sin industria y sin mercado interno. Este modelo nos oprime y nos funde. Marchamos para interpelar a las autoridades, porque ya no hay margen para esperar”.
La jornada adquirió un simbolismo especial por su fecha. El 16 de agosto se conmemora en el país el Día del Empresario Nacional, en homenaje a la creación, en 1953, de la Confederación General Económica (CGE) durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón. Aquella entidad buscó agrupar a los empresarios locales, pequeños y medianos, bajo una concepción de desarrollo articulado entre el Estado, el trabajo y el capital productivo, en contraposición a las grandes corporaciones multinacionales y el capital financiero. Hoy, aquella bandera histórica pareció resurgir en las calles, pero teñida de urgencia: los empresarios que marcharon no reivindicaron un pasado glorioso, sino que reclamaron un presente posible, porque, como repitieron una y otra vez, no hay futuro si se desguaza la industria nacional.
