Memoria y negacionismo: el torneo de rugby que naufragó en Tucumán por la palabra «Desaparecidos»

Memoria y negacionismo: el torneo de rugby que naufragó en Tucumán por la palabra «Desaparecidos»

El certamen nacional que honra a los 178 rugbiers víctimas del terrorismo de Estado debió suspenderse en San Miguel de Tucumán tras la negativa de cuatro clubes locales a participar por el uso del término «Desaparecidos» en la comunicación oficial. La falta de garantías habitacionales para las delegaciones visitantes y el silencio de las autoridades provinciales completaron un escenario que los organizadores calificaron como «una emboscada institucional».

A once años de su primera edición, el Torneo Nacional Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos había logrado consolidarse como un espacio de memoria viva, un ritual deportivo que recorría el país con la fuerza de la verdad y el afecto. Sin embargo, la edición que debía disputarse el domingo 16 y el lunes 17 de agosto en San Miguel de Tucumán no llegó a concretarse. Lo que parecía una nueva jornada de reivindicación histórica se transformó en un episodio de frustración, desencuentros y negacionismo que dejó en evidencia las grietas profundas que aún atraviesan la sociedad argentina en torno a los crímenes de la última dictadura.

El club anfitrión, Bajo Hondo Rugby Club, fue el encargado de comunicar la dolorosa novedad una semana antes del evento: cuatro instituciones tucumanas habían decidido retirarse de la competencia. El motivo, según trascendió, fue la presencia de la palabra «Desaparecidos» en el flyer promocional del torneo. Esa expresión, que para los organizadores es el eje de su lucha y el corazón de su homenaje, resultó incómoda para Los Alisos, Tafí Viejo, San Martín Rugby Club y el propio Bajo Hondo, quienes prefirieron desmarcarse de la convocatoria. Más aún: los principales equipos de la provincia ni siquiera aceptaron la invitación inicial, según denunció Carola Ochoa, militante y escritora sanjuanina que impulsó el certamen en 2016 junto al expuma Eliseo Branca.

La decisión de los clubes locales no solo llegó en un momento crítico, sino que además dejó en vilo a las delegaciones que ya se encontraban en viaje hacia Tucumán. Desde Neuquén, los equipos Hualas XV y Los Patos Rugby Club, junto a jugadoras de la categoría +35 y madres de deportistas, habían gestionado pasajes y logística durante meses para más de veinte personas. Finalmente, solo un grupo reducido pudo arribar a la provincia, pero se topó con una realidad desoladora: ni la Secretaría de Estado del Deporte de Tucumán ni el club anfitrión pudieron garantizar el alojamiento prometido. Ante el vacío, los organizadores apelaron a la solidaridad de las propias jugadoras de Bajo Hondo, pero el pedido fue rechazado de plano. «Manifestaron que no estaban dispuestas a albergar a ninguna de las visitantes», confirmó Ochoa con amargura.

Este gesto de indiferencia contrastó con la experiencia que la militante había vivido en otros puntos del país. En clubes del interior, como el Hualas XV de Centenario, en Neuquén, encontró una calidez obrera y comunitaria que nada tenía que ver con el elitismo que, según dijo, percibió en Tucumán. «Allí me dieron todo lo que tenían, aunque vivieran de changas», recordó, citando al cantautor Facundo Cabral para subrayar que «abajo está la verdad».

Pero los contratiempos no se agotaron en el ámbito privado. Desde el sector público, la respuesta fue igualmente elocuente por su silencio. La Comisión de Deportes de la Legislatura tucumana, presidida por Ricardo Bussi —hijo del represor Antonio Domingo Bussi, gobernador de facto durante la dictadura—, omitió cualquier tipo de colaboración. Para la organización, esa omisión no fue casual, sino un síntoma de la distancia abismal entre el poder provincial y las demandas de Memoria, Verdad y Justicia. «Resulta especialmente doloroso que un pedido de colaboración para un homenaje de estas características no haya recibido respuesta desde una comisión legislativa vinculada al deporte», expresó Ochoa, quien además denunció intentos de hackeo contra la página web del torneo en las horas previas al frustrado evento.

A pesar de todo, la edición número once quedará registrada en la historia del certamen, aunque por razones amargas. «Este torneo tendrá su capítulo de traición, de bajezas, de miserias humanas, institucionales y de poder», sentenció la escritora. Sin embargo, su voz no se apaga. Carola Ochoa ya proyecta la próxima edición para el 24 de marzo, fecha en que la memoria no admita dudas ni excusas, y en la que el rugby vuelva a ser, como tantas veces, un vehículo de dignidad y reconocimiento para aquellos 178 rugbiers que fueron arrebatados por el terrorismo de Estado.

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