Netanyahu condiciona la reconstrucción de Gaza al desarme total de Hamás y frena el ingreso de una fuerza internacional

Netanyahu condiciona la reconstrucción de Gaza al desarme total de Hamás y frena el ingreso de una fuerza internacional

El primer ministro israelí insiste en que no habrá rehabilitación del enclave mientras perviva el brazo armado del movimiento palestino, en medio de un plan de paz impulsado por Estados Unidos que enfrenta objeciones clave. Los ataques israelíes continúan y la crisis humanitaria se agrava con más de 73.400 fallecidos desde el inicio de la ofensiva.

En una declaración oficial difundida este jueves, la oficina del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dejó en claro que la reconstrucción de la Franja de Gaza no comenzará mientras el grupo islamista Hamás no sea completamente desarmado. El comunicado, emitido tras una semana de intensas negociaciones diplomáticas, subraya además que el Ejecutivo israelí aún no ha autorizado el despliegue de una fuerza internacional en el territorio palestino, pese a los rumores que circulaban en círculos políticos y mediáticos sobre un posible acuerdo en ese sentido.

El mensaje de la máxima autoridad israelí surge como un revés a las expectativas generadas tras la reunión mantenida el lunes pasado en Jerusalén entre Netanyahu, Jared Kushner —yerno y consejero del expresidente estadounidense Donald Trump— y Nickolay Mladenov, director de la Junta de Paz. Aquel encuentro, centrado en desbloquear la implementación del denominado «plan de paz» que pretende poner fin a la ofensiva bélica en Gaza, no logró conciliar las posturas encontradas entre las partes implicadas, según fuentes cercanas a la negociación.

Kushner, quien un día antes había viajado a Egipto para entrevistarse con una delegación de Hamás y mediadores egipcios, transmitió a Netanyahu los avances discutidos en El Cairo. De acuerdo con informaciones proporcionadas a la agencia EFE por una fuente de seguridad egipcia, en aquella cita participó el líder de Hamás, Jalil al Haya, quien ratificó la aceptación del movimiento palestino a la hoja de ruta de quince puntos propuesta por la administración Trump. Sin embargo, ese mismo plan fue rechazado de manera tajante por Netanyahu el pasado 9 de agosto, lo que evidencia el profundo desacuerdo que persiste en el núcleo del conflicto.

La iniciativa estadounidense contempla el ingreso de un contingente militar internacional en Gaza, así como la formación de un comité tecnócrata palestino que asuma la gobernanza del enclave. Una vez establecidas esas condiciones, se daría inicio al proceso de desarme de Hamás, acompañado de una retirada progresiva de las tropas israelíes. Pero el principal escollo radica en el orden de los pasos: mientras el movimiento islamista exige la evacuación inmediata de las fuerzas de Israel antes de proceder a la entrega de su arsenal, Netanyahu mantiene una posición inflexible y reclama que la desmilitarización sea previa a cualquier repliegue, so pena de considerar cualquier movilización internacional como una concesión a la seguridad del Estado hebreo.

En paralelo, los líderes de Egipto y Catar redoblaron sus gestiones para destrabar el estancamiento. El presidente egipcio, Abdelfatah al Sisi, y el primer ministro y ministro de Exteriores catarí, Mohamed bin Abdulrahmán, urgieron este jueves a todas las partes involucradas a cumplir con los compromisos adquiridos en el marco del plan impulsado por Trump. Ambos mandatarios se reunieron en la ciudad mediterránea de Al Alamein, al norte de Egipto, y coincidieron en la necesidad de facilitar la entrada de ayuda humanitaria a la Franja, así como en la importancia de «continuar la coordinación» para sostener el alto el fuego y preservar la estabilidad regional.

Las advertencias de El Cairo y Doha no se limitaron al escenario gazatí. Los dirigentes también manifestaron su preocupación por «los peligrosos acontecimientos» que se registran en Cisjordania y Jerusalén, en alusión a la expansión de los asentamientos judíos y la escalada de ataques en esos territorios. Egipto, por su frontera directa con la Franja y su histórico papel de mediador, y Catar, como principal canal de comunicación con Hamás, han sido actores fundamentales en los intentos por sellar una paz duradera, trabajando codo a codo con Estados Unidos para apuntalar el frágil cese de las hostilidades.

Sin embargo, la realidad sobre el terreno sigue siendo devastadora. Este miércoles, el Ejército israelí perpetró dos bombardeos en la Franja que causaron la muerte de al menos diez gazatíes y dejaron veinte heridos. El ataque más letal tuvo como objetivo la sede principal de la policía municipal en el norte de la ciudad de Gaza, donde un dron impactó contra el edificio, provocando nueve víctimas mortales y quince lesionados que fueron trasladados al Hospital Shifa. Entre los fallecidos se encontraba Faten al Sajar, directora de la policía femenina de Gaza, así como el recién nombrado jefe del cuerpo policial, quien había asumido el cargo apenas ocho días atrás, tras el asesinato de su predecesor.

Un segundo ataque, contra un motociclista en el campamento de refugiados de Nuseirat, sumó una décima víctima, según confirmaron las autoridades gazatíes. El ejército israelí reivindicó ambos bombardeos y aseguró que iban dirigidos contra el brazo armado de Hamás, aunque sin proporcionar identidades ni detallar cuántos de los abatidos pertenecían a la organización. Desde la entrada en vigor del alto el fuego en octubre pasado, los ataques israelíes han segado la vida de al menos 1.273 personas, de acuerdo con los datos aportados por los servicios sanitarios de Gaza.

La indignación y el dolor se expresaron este jueves en un multitudinario funeral celebrado por la población gazatí, que dio sepultura a cincuenta cadáveres recuperados recientemente de entre los escombros. Entre ellos figuraban diecinueve niños y adolescentes, cuyos restos pertenecían a las familias Sawafiri, Batniji y Karam. Los equipos de rescate de la Defensa Civil hallaron los cuerpos tras largas jornadas de búsqueda en las ruinas de sus viviendas, que habían sido destruidas en los bombardeos de 2023. El entierro se realizó en un cementerio próximo al Hospital Shifa, en el norte de Gaza, en un ambiente de duelo colectivo que refleja la magnitud de la tragedia humanitaria.

Las cifras oficiales, aunque provisionales, resultan estremecedoras. El ministerio de Salud gazatí ha contabilizado más de 73.400 muertes desde el comienzo de la ofensiva israelí, y estima que unos 7.500 cadáveres continúan sepultados bajo los escombros, sin que sea posible su identificación por la falta de medios técnicos y forenses. Cada jornada que transcurre reduce las esperanzas de que los familiares puedan recuperar los cuerpos y darles una despedida digna, en un contexto donde la infraestructura sanitaria y los servicios básicos se hallan al borde del colapso. Cerca del ochenta por ciento de las edificaciones de Gaza han sufrido daños o han quedado totalmente destruidas a causa de los casi tres años de ataques, y la mayoría de los dos millones de habitantes sobreviven en tiendas de campaña o refugios improvisados, expuestos a condiciones higiénicas deplorables.

El panorama que se dibuja es el de una paz inalcanzable mientras las exigencias de las partes en conflicto sigan siendo irreconciliables. La negativa de Netanyahu a autorizar la reconstrucción sin el desarme previo de Hamás, sumada a la insistencia del movimiento palestino en la retirada israelí como paso inicial, mantiene el proceso en un punto muerto que la comunidad internacional observa con creciente inquietud. Los llamados de Egipto y Catar a la responsabilidad y al cumplimiento de los acuerdos parecen estrellarse contra la realidad de una guerra que no cesa, y que sigue cobrándose vidas mientras las negociaciones se arrastran sin visos de éxito. Mientras tanto, los gazatíes, atrapados entre los bombardeos y la falta de recursos, asisten a la demolición sistemática de su hogar, sin atisbo de una tregua definitiva que les devuelva la esperanza.

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