El Presidente volvió a elegir el escenario bursátil para defender su gestión económica, arremeter contra periodistas y economistas, y minimizar el impacto de la morosidad y el endeudamiento familiar, mientras en las calles crecía el malestar social y los datos recesivos golpeaban a la provincia.
El presidente Javier Milei pisó nuevamente Rosario y, por tercera ocasión consecutiva, eligió como tribuna predilecta la Bolsa de Comercio, un reducto donde se siente en terreno propio y donde el poder financiero le brinda su respaldo más explícito. La ocasión fue el 142° aniversario de la institución, pero el mandatario convirtió la celebración en un nuevo capítulo de su cruzada discursiva contra lo que denomina “la casta”, los medios de comunicación y los economistas que, a su juicio, intentan instalar una narrativa catastrofista sobre la realidad doméstica.
Llegó acompañado por su hermana y por Martín Menem, y apenas comenzó su intervención, un desliz verbal lo llevó a agradecer a la “Bolsa de Comercio de Buenos Aires”, error que pasó inadvertido entre los asistentes, pero que no fue el único momento incómodo de su alocución. Con su estilo punzante y desafiante, Milei arremetió contra los periodistas, a quienes calificó como “brutos, ensobrados y sicarios del micrófono”, acusándolos de sostener un relato despegado de la realidad y de alimentar una crisis artificial. “No hay fundamentos para responsabilizar al Gobierno por la situación de morosidad”, disparó, y defendió su gestión asegurando que cada medida económica fue anunciada con antelación y ejecutada sin desvíos, en contraste con la tradición política de incumplir promesas.
El mandatario anticipó que dedicaría un tramo de su exposición a desmontar lo que considera una exageración mediática en torno al sobreendeudamiento de los hogares. “Los números no avalan las atrocidades que se están difundiendo”, sentenció, y volvió a cargar contra los comunicadores, aunque esta vez matizó: “No me quejaré de los periodistas porque son seres muy precarios, pero sí de los economistas”. Según su perspectiva, las cifras no revelan un problema estructural de morosidad, aunque admitió que ciertos discursos podrían terminar generándolo por efecto de la sugestión colectiva.
En un giro moralizante, el Presidente planteó una pregunta retórica que resonó en el auditorio: “¿Qué tipo de sociedad queremos?”. Y luego, al comparar la situación argentina con la de Estados Unidos, Brasil o Chile, cuestionó el revuelo generado: “No entiendo tanto ruido, salvo que haya un interés encubierto por salvar a los bancos”. Acto seguido, vinculó la controversia con el calendario electoral, sugiriendo que sectores opositores buscan dañar la imagen del Gobierno para preservar privilegios del “statu quo prebendario y corrupto”.
Pero fue al cierre de su intervención cuando Milei alcanzó su pico de agresividad verbal. “¡Me niego a creer que seamos tan pelotudos!”, exclamó, desatando la primera salva de aplausos entusiastas entre los operadores financieros. Luego, calificó las críticas como parte de “una opereta” orquestada por un estudiante de periodismo vinculado al gobierno de Lula, y no dudó en insultar al expresidente Alberto Fernández con expresiones soeces, lo que provocó nuevas muestras de adhesión en el salón. Mientras tanto, en las calles, la atmósfera era muy distinta: un operativo de seguridad con gendarmes, drones y vallados transformó el centro rosarino en un dispositivo blindado, alterando la rutina de los vecinos que intentaban cerrar su semana laboral.
El contexto social y económico que atraviesa Rosario contrastaba brutalmente con el clima de euforia bursátil. En los últimos treinta meses, la ciudad perdió veinte mil puestos de trabajo registrados, y más de ciento treinta y siete mil familias recurren al crédito para comprar alimentos, mientras las expensas se postergan mes a mes. Las ventas minoristas cayeron otro 3,8 por ciento en julio en comparación con el año anterior, y la industria manufacturera santafesina acumula una contracción del 3,7 por ciento en el semestre, con un 40 por ciento de su capacidad instalada ociosa. Sin embargo, esos datos parecían no haber traspasado los muros de la Bolsa, donde los trajes y las sonrisas predominaron entre el círculo rojo que respalda al plan libertario.
El gobernador Maximiliano Pullaro, presente en el acto, intentó mantener un equilibrio discursivo. Sin confrontar directamente al Presidente, describió con tono moderado la realidad provincial: “La gente hoy no está bien. Hay un alto nivel de endeudamiento. Necesitamos que la economía se reactive”. Reivindicó sus logros en seguridad y obra pública, y celebró la visita de Milei como una oportunidad para conocer el panorama económico. No obstante, en su alocución final, se alineó con el discurso antiperonista del ambiente y dejó una crítica velada al gobierno nacional al señalar que el 94 por ciento de los impuestos que pagan los productores santafesinos son de origen nacional, y que de los 6.500 millones de dólares en retenciones, casi la mitad proviene de Santa Fe.
Afuera, una nutrida columna de sindicatos, organizaciones sociales y estudiantiles marchó en repudio al mandatario, declarándolo nuevamente “persona no grata”. Pero el cerco de seguridad mantuvo a los manifestantes a prudente distancia, lejos del alcance visual y auditivo del Presidente, quien una vez más encontró en la Bolsa de Comercio el escenario perfecto para reafirmar su doctrina, alimentar a sus seguidores y desestimar, con exabruptos y descalificaciones, las señales de descontento que atraviesan a buena parte de la sociedad argentina.
