En un vibrante encuentro disputado en el estadio Norberto «Tito» Tomaghello, el Pincha superó al Guapo con una mezcla de polémica, efectividad y golpes de autoridad. Un autogol, la redención de Baltasar Rodríguez y la jerarquía de Guido Carrillo marcaron el rumbo de una noche que tuvo al VAR como protagonista excluyente y a la defensa visitante como verdugo de su propio destino.
El fútbol, en su esencia más pura, suele deparar guiones cargados de dramatismo y giros inesperados, y la noche de Florencio Varela no fue la excepción. El conjunto platense, bajo el mando de su entrenador, logró sortear el escollo de los octavos de final del certamen federal con una victoria que, si bien en el marcador refleja una diferencia holgada, en el desarrollo del juego transitó por vericuetos de incertidumbre y decisiones arbitrales que pudieron haber torcido el rumbo. Fue un triunfo forjado en la paciencia, la contundencia y, por qué no, en la generosidad ajena, que le permite al Pincha seguir con vida en la búsqueda de la gloria copera, ilusionando a su caudalosa hinchada con la posibilidad de alzar un nuevo trofeo.
El primer capítulo de esta historia tuvo como escenario principal el área rival, donde Baltasar Rodríguez, aquel volante creativo de pasado en Racing Club, creyó haber abierto el marcador a los veinticinco minutos del período inicial. Tras una maraña de rebotes dentro del área pequeña, el mediocampista empujó el balón al fondo de la red, desatando la euforia albirroja. No obstante, la alegría se tornó efímera, como un suspiro que se desvanece en el aire, cuando el juez principal, Nicolás Ramírez, fue conminado por sus colegas desde la cabina del VAR a revisar minuciosamente los instantes previos a la acción. Las imágenes, implacables en su análisis, revelaron una falta previa cometida por el defensor Santiago Núñez sobre el delantero Norberto Briasco, en un salto por el balón donde la carga sobre la espalda del atacante resultó determinante. Tras varios minutos de tensa espera, Ramírez decidió invalidar el tanto, una decisión que generó un manto de controversia pero que, al finalizar la noche, carecería de mayor relevancia en el resultado final.
Sin embargo, el destino, caprichoso y muchas veces cruel con los descuidados, le tendría reservada una jugada de esas que quedan grabadas en la memoria colectiva por su carácter insólito. Corría el minuto cuarenta del primer tiempo cuando el lateral Eros Mancuso, en una veloz incursión por el costado derecho, envió un centro tenso y rasante que parecía no encontrar destinatario. Pero la fortuna, o más bien la desgracia ajena, quiso que el balón impactara en la figura de Kevin Jappert, defensor del Guapo, quien en su desesperado intento por despejar el peligro, terminó empujando la esférica contra su propia portería. Un grave error de cálculo y una mala ejecución en la zaga visitante que se tradujo en el 1-0, un gol en contra que desmoralizó a los de Barracas y le otorgó un respiro invaluable al equipo de la Ciudad de las Diagonales.
La segunda parte del compromiso fue testigo de una rápida redención individual que selló la superioridad del Pincha. Apenas transcurridos seis minutos del complemento, Baltasar Rodríguez, aquel mismo protagonista que había visto frustrada su celebración inicial, volvió a aparecer en el área rival para batir nuevamente al arquero. En una jugada que parecía desordenada y con múltiples rebotes dentro del área, el ex volante de la Academia supo sacar provecho de la falta de claridad defensiva para, con un remate certero, inscribir su nombre en el marcador y esta vez sí, sin que el VAR tuviera objeción alguna. Fue un tanto de revancha, un golpe de autoridad que demostró la fortaleza anímica de un jugador que no se dejó abatir por la adversidad y que encontró en la oportunidad el espacio perfecto para borrar el fantasma del tanto anulado.
La respuesta del Guapo no se hizo esperar y, con el orgullo herido, logró descontar a través de Norberto Briasco, quien con un cabezazo preciso puso el 2-1 y encendió brevemente la ilusión de una remontada. No obstante, lo que pudo ser un trampolín para la reacción visitante se convirtió en un espejismo fugaz, ya que la figura de Guido Carrillo apareció en el momento justo para poner tierra de por medio. El delantero de larga trayectoria en el fútbol europeo, con su habitual capacidad para el juego aéreo, conectó un centro milimétrico para conectar un testarazo imparable que estableció el 3-1 definitivo. Con esta diana, el Pincha no solo aseguró la victoria, sino que también envió un mensaje claro de contundencia a sus próximos rivales, demostrando que posee recursos ofensivos variados y una capacidad de definición que en instancias de eliminación directa resulta vital.
Con este resultado, el conjunto dirigido por el técnico platense accede con méritos propios a los cuartos de final de la competencia, una fase donde las emociones se intensifican y cada error se paga con la eliminación. Ahora, el cuadro albirrojo aguarda con expectativa al vencedor del cruce que protagonizarán Platense e Instituto, dos escuadras que también ansían dar el golpe en el certamen y que, sin duda, representarán un desafío mayúsculo para las aspiraciones del Pincha. La copa sigue su curso, y el sueño de la gloria se mantiene vivo en la ribera platense, alimentado por una noche donde el juego, la polémica y la efectividad se dieron la mano para escribir una página más en la rica historia del fútbol argentino.
