La sombra de la desinformación: cómo una red de cuentas vinculadas a Fernando Cerimedo utiliza la crisis de Ceuta para sembrar en Brasil el fantasma de una “invasión” marroquí

La sombra de la desinformación: cómo una red de cuentas vinculadas a Fernando Cerimedo utiliza la crisis de Ceuta para sembrar en Brasil el fantasma de una “invasión” marroquí

Detrás del bulo que alerta sobre una supuesta oleada masiva de ciudadanos marroquíes hacia territorio brasileño, impulsada por la política migratoria del gobierno de Lula da Silva, se esconde una operación orquestada desde estructuras digitales ya señaladas por su participación en los ataques golpistas del 8 de enero de 2023. El número real de solicitantes de refugio en el estado de Santa Catarina no alcanza siquiera el dos por ciento del total, pero la maquinaria de la mentira, con ramificaciones en Argentina y Brasil, ya está en marcha.

En las últimas horas, un rumor de naturaleza incendiaria ha comenzado a recorrer las arterias digitales de Sudamérica, alimentando un clima de suspicacia y temor infundado en torno a las políticas de fronteras abiertas del Ejecutivo brasileño. La afirmación, que circula con particular virulencia en plataformas como X y Telegram, sostiene que Brasil se enfrenta a una inminente “invasión” de migrantes procedentes del reino alauí, un fenómeno que, según los impulsores de esta narrativa, sería el corolario directo de la gestión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Este relato apocalíptico no surge de la nada, sino que encuentra su caldo de cultivo en la reciente crisis diplomática y humanitaria desatada en la ciudad autónoma de Ceuta, donde miles de marroquíes lograron traspasar el perímetro fronterizo, desbordando temporalmente los mecanismos de control migratorio español.

Sin embargo, el salto geopolítico que realizan los artífices de esta campaña resulta, cuando menos, osado. Tomando como pretexto la tensión en el estrecho de Gibraltar, los operadores digitales han ensamblado una pieza de ficción política que titulan con rotundidad: “Oleada de inmigrantes marroquíes llega a Brasil de la mano de Lula”. El titular, concebido para generar un impacto visceral en el electorado conservador, ha sido meticulosamente traducido y adaptado tanto al portugués como al castellano, con el fin de maximizar su alcance en ambas orillas del Atlántico sur. La génesis de esta desinformación, según ha podido rastrear el equipo de verificadores del Observatorio Lupa, se localiza inicialmente en el portal conocido como La Derecha Diario, para luego ser recolectada y amplificada por un entramado de perfiles anónimos y cuentas de influencia dudosa que operan desde Argentina y, de manera creciente, desde diversos puntos del territorio brasileño.

El núcleo duro de la falsedad reside en la manipulación burda de las estadísticas oficiales. Los promotores de la alarma pretenden hacer creer a la opinión pública que el estado de Santa Catarina se ha convertido en el destino predilecto de una multitud norafricana que escapa de su país en busca de refugio. La realidad, tozuda y fría, desmiente por completo esta construcción ficticia. Según los registros accesibles al público, del total de peticiones de residencia tramitadas en esa región del sur brasileño, apenas cincuenta y siete corresponden a ciudadanos de nacionalidad marroquí. Esta cifra, colocada en perspectiva con el universo de tres mil quinientas nueve solicitudes presentadas en el mismo período, representa un exiguo 1,86 por ciento. Un porcentaje tan reducido que desvanece cualquier atisbo de “ola” o “avalancha”, transformando la presunta crisis en una anécdota estadística.

Para comprender la magnitud y la peligrosidad de este movimiento desinformativo, resulta ineludible señalar la figura que se yergue como el epicentro de esta red de manufactura de consensos artificiales. Se trata de Fernando Cerimedo, un nombre que resuena en los pasillos de la justicia electoral y en los informes de inteligencia por su papel protagónico en los acontecimientos que casi dinamitan la democracia brasileña. Cerimedo, quien antes de residir en Bolivia mantuvo una prolongada estadía en suelo brasileño, fue identificado como uno de los principales artífices de la campaña de descrédito contra el sistema de urnas electrónicas del Tribunal Superior Electoral. Durante los meses previos y posteriores a los comicios de octubre de 2022, su estructura de bots, cuentas automatizadas y ejércitos de trolls digitales vertió millones de mensajes tóxicos con el objetivo de sembrar la duda sobre la legitimidad del triunfo de Lula, alimentando la narrativa del fraude que terminaría cristalizando en el asalto sedicioso a las sedes de los tres Poderes en Brasilia, el fatídico 8 de enero de 2023.

El modus operandi de Cerimedo y su cohorte no ha variado sustancialmente en esencia, sino que se ha reciclado para adaptarse a las nuevas circunstancias políticas. Lo que en aquel entonces fue una guerra de desgaste contra la credibilidad del sistema de sufragio, hoy se transforma en una ofensiva contra la política migratoria del gobierno federal, utilizando el miedo al extranjero como catalizador de la indignación social. La táctica es siempre la misma: extraer un hecho real (la entrada de marroquíes a Ceuta y la existencia de solicitudes de refugio en Santa Catarina), despojarlo de su contexto, magnificar sus proporciones hasta lo grotesco y atribuirle una intencionalidad malévola al mandatario. En este sentido, la operación actual no es más que un capítulo renovado de la guerra híbrida que ya intentó derribar por la fuerza la voluntad popular expresada en las urnas.

La investigación sobre los desmanes del 8 de enero continúa su curso en los estrados judiciales, y en ese expediente, el nombre de Cerimedo sigue siendo una pieza clave para desentrañar las redes de financiamiento y coordinación que permitieron la movilización de masas radicalizadas. Mientras tanto, la maquinaria de propagación de falsedades que él ayudó a poner en pie no se detiene. La alianza entre medios digitales de ultraderecha y operadores de influencia en Argentina y Brasil demuestra la existencia de una infraestructura comunicacional trasnacional que actúa al unísono, con una agenda clara y una metodología probada: la repetición incesante de un mensaje, su traducción a distintos idiomas y su adaptación a los códigos culturales de cada audiencia.

El bulo de la “invasión marroquí” es, en esencia, un espejo deformante que refleja las ansiedades de un sector de la sociedad que ve en el migrante un chivo expiatorio para sus propias frustraciones. Pero, más allá de la anécdota, lo que subyace es un ataque sistémico contra la credibilidad de las instituciones y contra la capacidad del Estado para gestionar sus políticas públicas sin ser sometido a un escrutinio basado en la mentira. La respuesta de los verificadores de datos y de las autoridades competentes deberá ser tan contundente como lo fue la maquinaria del engaño, porque lo que está en juego no es solo la percepción sobre la inmigración, sino la integridad misma del debate democrático en un continente que ya ha sufrido las consecuencias de la posverdad llevada al extremo.

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