El entrenador argentino duró apenas siete partidos al frente del conjunto cordobés. La falta de resultados, la sequía goleadora y la última posición en la Zona A sellaron su salida, pese al respaldo institucional y las expectativas generadas por su llegada.
El experimento duró lo que un suspiro en el calendario del fútbol argentino. Apenas siete encuentros oficiales alcanzaron para que el vínculo entre Jorge Sampaoli y Talleres de Córdoba se resquebrajara hasta su punto de quiebre. Este domingo, tras un empate sin tantos frente a Central Córdoba de Santiago del Estero en el Kempes, el entrenador rosarino dejó de ser el conductor técnico de la “T”, en una decisión que la comisión directiva comunicó oficialmente durante el mediodía.
La noticia no tomó por sorpresa a quienes venían siguiendo la erraticidad del equipo. Sampaoli había aterrizado en el barrio de La Viña con el cartel de técnico de jerarquía internacional, con un pasado en selecciones y clubes de peso, pero su discurso táctico nunca logró traducirse en puntos concretos. El margen de confianza se desvaneció con la misma rapidez con la que se había encendido la ilusión. El empate sin goles ante el conjunto santiagueño no fue más que la gota que colmó un vaso que ya venía goteando: Talleres suma apenas cinco unidades sobre veintiún posibles y ocupa el fondo de la Zona A, un lugar incómodo para una institución que había depositado en Sampaoli la esperanza de un salto de calidad.
El rendimiento del equipo mostró destellos aislados de buen fútbol, destellos que jamás alcanzaron la continuidad necesaria para sostener un proyecto. La producción ofensiva fue decepcionante: el arco rival se convirtió en un territorio vedado, y la fragilidad defensiva apareció en los momentos más críticos. La acumulación de puntos bajos terminó siendo un lastre insostenible para un club que, con la llegada del exseleccionador argentino, había elevado sus pretensiones y su inversión deportiva.
En el comunicado oficial, la dirigencia cordobesa no escatimó en gestos de cortesía hacia el entrenador y su cuerpo técnico. Agradeció “el profesionalismo y el compromiso” demostrados a lo largo de una etapa que, reconoció abiertamente, había despertado “otras expectativas en cuanto a resultados”. Las palabras institucionales también resaltaron la buena relación de Sampaoli con los futbolistas, su interacción con el personal del club y, de manera especial, el impulso otorgado a los jóvenes provenientes de las divisiones formativas, un aspecto que la directiva valoró como positivo dentro de un panorama por lo demás adverso.
La “T” fue clara además en un aspecto poco habitual en el fútbol contemporáneo: pese a la rescisión contractual, Sampaoli y sus colaboradores percibirán sus haberes hasta el último día trabajado, una decisión que el club justificó como un modo de “honrar su compromiso y su palabra”. Un detalle que, en medio de la turbulencia, habla de un intento por preservar las formas más allá de los resultados.
Ahora el desafío para Talleres es mayúsculo. Con apenas cinco puntos en su haber, el equipo se encuentra en la posición más incómoda de la tabla y debe recomponer sus piezas en plena competencia. La urgencia por sumar obliga a la dirigencia a iniciar de inmediato la búsqueda de un nuevo entrenador, alguien que no solo pueda revertir la racha negativa, sino que también sea capaz de reconciliar a una hinchada que soñó con Sampaoli y hoy asiste al final anticipado de un ciclo que prometía revolución y terminó siendo un espejismo.
