La titular del Senado se plantó frente a los funcionarios que diseñaron el controvertido capítulo sobre discapacidad en el Presupuesto 2027, marcó límites internos y volvió a mostrarse como una dirigente con vuelo propio dentro del Gobierno libertario.
En el reducido universo del poder libertario, donde las jerarquías suelen confundirse con las lealtades y las diferencias internas rara vez trascienden los muros de la Casa Rosada, una voz disonante volvió a hacerse escuchar con fuerza. La presidenta del Senado, Patricia Bullrich, envió un mensaje inequívoco a los responsables del área económica y a otros integrantes del gabinete nacional. “En el Senado, manda ella. No es empleada de nadie. Espero que ahora les haya quedado claro”, sintetizaron desde su entorno, en una advertencia dirigida sin ambages a los ministros Luis “Toto” Caputo y Federico Sturzenegger, señalados como artífices del descalabro que generó el apartado sobre personas con discapacidad incluido en el proyecto de Presupuesto 2027.
La reacción de Bullrich no fue un simple exabrupto. Representó, una vez más, la voz cantante de un malestar que recorrió distintos sectores del oficialismo, incómodos con la falta de coordinación política y con el costo que esa improvisación podría acarrear en el frente legislativo. La senadora no dudó en reclamar una revisión profunda de la estrategia y, poco después, publicó en sus redes un video en el que se la observa escuchando un tema de Lali Espósito. La letra elegida no pudo ser más elocuente: “Por más que ladren, no me van a controlar”.
El presidente Javier Milei, habituado a responder con virulencia a cualquier gesto que perciba como provocación, esta vez optó por un tono inusualmente mesurado. Le restó importancia a la referencia musical y sostuvo que “me parece una tontería mayúscula politizar el arte”. Es probable que la cantante haya celebrado con una carcajada verse convertida, sin buscarlo, en el epicentro de una disputa entre dos figuras clave del espacio libertario.
El trasfondo del mensaje de Bullrich excedió la cuestión ética vinculada al ajuste sobre las personas con discapacidad. Su objeción apuntó a la conveniencia política de una avanzada que llegó en el peor momento, cuando una larga serie de negociaciones con los aliados se encontraba en pleno desarrollo. Su sugerencia, expresada con la contundencia que la caracteriza, fue revisar ese apartado y dar marcha atrás con rapidez para evitar daños mayores.
No se trató de una reacción aislada. La titular del Senado ya había utilizado recursos similares en otras oportunidades para tomar distancia de la línea oficial. En un momento de tensión con Karina Milei, difundió un video con “Se dice de mí”, de Tita Merello, en la versión de La Joaqui. También protagonizó piezas con María Becerra, a quien el presidente solía llamar “María BCRA”, y con “I Feel So Free”, del último álbum de Madonna. En todos los casos, la elección musical funcionó como un mensaje cifrado, una forma de marcar territorio sin romper formalmente con el espacio que integra.
Bullrich sabe que, más allá de que su estilo genere resistencias en los pasillos de Balcarce 50, su rol resulta indispensable. Por eso se permite cuestionar y criticar lo que otros no se animan a decir. Lo hace, claro está, desde la misma vereda. Uno de los episodios que mejor ilustran esa dinámica fue el de Manuel Adorni, cuando aún no había presentado su declaración jurada y se multiplicaban las informaciones sobre un crecimiento patrimonial difícil de explicar. “Adorni dijo algo contundente, que tiene una explicación a los gastos que hizo y que va a presentar su declaración jurada. Creo que lo tiene que hacer de inmediato”, disparó Bullrich, obligando al propio Milei a responder con cautela: “Ella espoileó lo que iba a hacer Manuel”.
Otro capítulo revelador fue el retiro del pliego de María Victoria Michelli, cuya postulación como jueza federal naufragó por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. Bullrich marcó su diferencia al sostener que le había advertido al presidente que iba “a ejercer mi derecho a la objeción de conciencia” y que no acompañaría la maniobra contra la magistrada. Poco después, puso en duda la conveniencia de suspender o eliminar las PASO. También expresó reparos en materia económica: reclamó “más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana” y cuestionó los intereses irrisorios que se cobran por morosidad, un tema cuya existencia el presidente se empeña en negar. “Cuando uno mira la letra chiquitita, se da cuenta del robo que se está haciendo. Ese robo no se puede permitir”, sentenció.
El episodio más reciente, vinculado al Presupuesto 2027, condensó todas esas tensiones. El ala negociadora del oficialismo, que incluye desde Martín Menem hasta Diego Santilli, pasando por la propia Bullrich, se mostró sorprendida y molesta cuando el proyecto llegó al Congreso con un capítulo que echaba por tierra todo lo relacionado con el área de discapacidad. Ocurrió en medio de un delicado proceso de acuerdos con los aliados que abarcaba, además de ese tema, la suspensión de las PASO y la aprobación del presupuesto. La senadora fue la encargada de ponerle voz al enojo. “A mí me sorprendió porque, estando en la mesa política, el tema no salió a la luz y llegó el presupuesto con esta introducción, de alguna manera, de cambios en la ley de discapacidad que no eran conocidos. Entonces, a mí no me tomen por tonta”, afirmó.
Bullrich describió el efecto de ese apartado con una imagen contundente: “cayó como una bomba atómica”. Recordó que en años anteriores el oficialismo había sufrido derrotas legislativas con esta cuestión, una de las leyes vetadas por Milei con las que el Congreso logró insistir, además del desgaste político que aquello provocó. Por eso recomendó “pensarlo tres veces” antes de volver a “darse la cabeza contra la pared”. Su molestia también tuvo que ver con la falta de aviso. Cuando le preguntaron quiénes integraban los sectores intransigentes que enviaron ese capítulo al Congreso, evitó nombres. “El presupuesto viene de Economía, yo no quiero acusar a nadie, pero lo menos que pueden hacer es ponerlo sobre la mesa”, subrayó. Fue una nueva jugada de autonomía política.
La secuencia no terminó ahí. Bullrich publicó otro de los videos de campaña que suele difundir cada tanto y que refuerzan su imagen de dirigente con criterio propio dentro del oficialismo. En esta ocasión, se la ve en su despacho, sentada frente a la computadora. Busca música y elige un videoclip del tema “No me importa”, de Mariana “Lali” Espósito, una artista por la que Milei ha expresado en repetidas ocasiones un desprecio absoluto. Mientras suena la canción, Bullrich trabaja: toma un café, revisa una carpeta con un proyecto de ley. Los fragmentos que resuenan con el momento político son elocuentes: “No voy a parar por miedo a correr / Sé que quisieran poder controlarme / No voy a cambiar, por mucho que ladren / Y las cosas que me pueden decir ya no me importan”.
La elección de un tema de Lali Espósito no pasó desapercibida en la Casa Rosada, sobre todo por la relación tirante entre el presidente y la cantante. En el entorno de Bullrich se barajaron otras opciones aún más incendiarias, como “La Tonta”, de J Mena, el nombre artístico de Jimena Barón, cuya letra dice: “Mentís / El verde de tus ojos se hace gris / El blanco de tu piel se hace marfil / Tu corazón de seda se hizo hielo / Vivís / Diciendo cosas que nunca sentís / Vuelvo a ser la tonta que se amolda a tu rutina”. Finalmente, se inclinaron por Lali, y queda a juicio del lector o lectora evaluar cuál de las dos opciones resultaba más provocadora para la psiquis presidencial.
En el círculo íntimo de la senadora coinciden en que el mensaje fue “para todos” y que su significado es claro: si ella está a cargo de las negociaciones y de que las leyes salgan del Senado, no se le puede enviar un proyecto sin consultarla o, al menos, sin avisarle que se viene un baldazo de agua fría.
Todo esto forma parte de una estrategia diseñada para instalar a futuro la marca Bullrich, ya sea con vistas a 2027 o más adelante. Detrás de esa construcción trabaja un equipo de comunicación digital integrado por el especialista Lucas Palatnik, que la acompaña desde sus tiempos en el Ministerio de Seguridad, el cineasta Francisco Heili y, sobre todo, la publicista Federica Suarez Santiago, formada con Ramiro Agulla y ex pareja de Antonio De la Rúa. Su impronta se advierte en la comunicación estratégica, en la elección de los momentos y en la osadía de algunas piezas que juegan al límite con el oficialismo, casi al borde de la ruptura. Todos trabajan con la idea de una campaña permanente hasta que vuelva a ser candidata.
Por ahora, no hay ruptura. Solo un aviso de que hay ciertas cosas que no se le pueden hacer sin que existan consecuencias. Hay una máxima que Bullrich puede aplicar: como dice el tema de Lali, “No estoy en la misma esquina que ayer / Pero todos saben dónde encontrarme”. Y, sobre todo, en el círculo rojo.
