Boca se impuso en el clásico bajo la tormenta y profundizó la crisis de San Lorenzo

Boca se impuso en el clásico bajo la tormenta y profundizó la crisis de San Lorenzo

En una tarde signada por la intensa lluvia que azotó el estadio del Bajo Flores, Boca Juniors venció a San Lorenzo por 2 a 0 en un partido correspondiente al Torneo Clausura, dejando al descubierto las falencias futbolísticas e institucionales del Ciclón. El conjunto dirigido por Rodolfo Arrabarrena supo sobreponerse a las adversas condiciones climáticas y, con una actuación sólida, selló una victoria que pudo haber sido más abultada si no fuera por la falta de puntería en los metros finales.

El desarrollo del encuentro estuvo marcado por la expulsión de Manuel Insaurralde a los 31 minutos de la primera etapa, luego de una entrada temeraria que el árbitro Nazareno Arasa sancionó con roja directa. La jugada, que bien pudo haber terminado con una sanción más severa, dejó a San Lorenzo con un hombre menos y condicionó por completo su planteamiento. Sin embargo, la inferioridad numérica no fue la única responsable del pobre rendimiento del equipo local, que desde el pitazo inicial adoptó una postura excesivamente conservadora.

Rubén Insúa, entrenador del Ciclón, optó por cederle la posesión del balón a Boca y replegarse con una línea de cinco defensores y cuatro volantes, apostando a no perder antes que a intentar ganar. Tras la expulsión, reafirmó su idea quitando a Cuello y colocando a Rattalino para reforzar la última línea. Este enfoque especulativo se mantuvo hasta los once minutos del complemento, cuando Lozano combinó con Flores por la banda derecha y definió con un remate bajo que se coló junto al poste izquierdo.

A partir de ese momento, San Lorenzo se desmoronó. La imposibilidad de sostener la pelota y generar jugadas de peligro se hizo evidente, incluso con los cuatro cambios que intentó Insúa, entre ellos el ingreso del colombiano Herazo por Farías. El segundo gol de Boca llegó a los 26 minutos, tras una brillante jugada individual de Blanco que dejó en el camino a Álvarez y habilitó a Miguel Merentiel para sentenciar el clásico en medio de un escenario de viento y agua.

Si el partido debiera resumirse en un nombre propio, ese sería el de Leandro Paredes. A pesar de no encontrarse en su mejor condición física y de no ejecutar los tiros de esquina, el mediocampista ofreció una segunda mitad magistral. Distribuyó el juego con precisión, abrió el balón hacia los costados, filtró pases profundos y hasta se permitió lujos en un terreno de juego anegado, demostrando una jerarquía que marcó la diferencia.

El triunfo de Boca no solo se explica por la actuación de Paredes. Los laterales Lozano y Blanco fueron prácticamente indetenibles por los costados, superando la marca de los defensores y delanteros que San Lorenzo fue incorporando para contenerlos. El rendimiento general del equipo fue notable, con casi todos los jugadores alcanzando un nivel sobresaliente. Esta victoria extiende la racha invicta de Boca a catorce partidos en todas las competencias, con siete empates y siete triunfos, manteniéndolo vigente en los tres frentes que disputa: Torneo Clausura, Copa Argentina y Copa Sudamericana.

San Lorenzo, en cambio, transita un camino opuesto. El equipo no muestra señales de mejora y su futuro inmediato luce incierto. Acumula once clásicos sin conocer la victoria, ha convertido apenas cuatro goles en el torneo y solo le queda el consuelo del apoyo incondicional de su afición, que cantó durante toda la tarde y abandonó el estadio empapada, sin siquiera haber podido celebrar una jugada de peligro o una mínima señal de reacción. La precariedad deportiva del Ciclón se refleja dentro del campo de juego y parece extenderse a todos los ámbitos del club.

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