La geopolítica del neoimperio: cuando la soberanía se redefine

La geopolítica del neoimperio: cuando la soberanía se redefine

Un nuevo orden mundial se dibuja a partir de la apropiación de recursos, las extensiones estratégicas y una vocación de dominio que desdibuja las viejas categorías de patria y colonia

Las coordenadas que durante décadas ordenaron la comprensión del poder global parecen haber perdido su capacidad explicativa. Las relaciones históricas mutan su eje y ya no alcanza con las nociones clásicas de metrópoli y territorio dependiente para descifrar los conflictos contemporáneos. En ese vacío conceptual emerge la figura de los Neoemperadores, actores que despliegan novedosos mecanismos de apropiación de recursos y ensanchan sus fronteras geopolíticas sin reparar en los marcos normativos heredados.

La impronta trumpiana constituye un ejemplo elocuente de esta mutación. El magnate republicano sostiene que el vínculo de Groenlandia con Dinamarca posee una naturaleza colonial y que, por lo tanto, resulta legítimo aprovechar esa circunstancia para quedarse definitivamente con el territorio. Se trata de una operación discursiva que invierte los términos tradicionales: la denuncia del colonialismo ajeno se convierte en justificación para una anexión propia.

Idéntica lógica parece aplicarse al archipiélago de Malvinas. La intención, según esta lectura, consistiría en separarlo del yugo británico para compartir con su socio israelí la explotación de los recursos allí existentes. El Atlántico Sur se transforma así en escenario de una disputa donde los argumentos de soberanía quedan subordinados a los intereses de bloques transnacionales.

Otra cuestión de similar tenor es la del «gran Marruecos». Aquí se procura sacudir todas las tradiciones que vinculan a ese reino con España para inscribirlo en la nueva realidad. Marruecos, el país árabe mejor posicionado como amigo de Israel y de sus proyectos bélicos orientados a extender el llamado «espacio vital», aparece como pieza clave en un tablero que excede las fronteras del Magreb.

Muchos casos van a alterar progresivamente los conceptos geopolíticos si la voluntad de poder del mundo Neoemperador no encuentra dique. Su amenaza de guerra general, manifestada a través de formas híbridas que combinan lo militar, lo económico y lo tecnológico, se extiende sin pausa.

La masacre de Gaza y la nueva forma en que el señor de la guerra —Netanyahu— y sus seguidores emplean el término «antisemitismo» han destruido su significación. La palabra, vaciada de su sentido histórico, se convierte en herramienta de legitimación de una violencia que no distingue entre combatientes y civiles.

Por último, en la extensión geopolítica de la dominación tecnológica del Neoemperador, Europa y el Estado del Vaticano sobran. Ambos encarnan proyectos aún democráticos y de regulación que no valen para la actual religión capitalista, fundada en la eficiencia, la desregulación y el beneficio sin límites.

Frente a este panorama, las fuerzas de la izquierda y las nacionales y populares no pueden pensar exclusivamente en un nuevo acceso al gobierno. La responsabilidad histórica que enfrentan es de otra magnitud: afrontar la construcción de un nuevo marco civilizatorio que redefina el sentido de la palabra soberanía. Ya no se trata de administrar lo existente, sino de imaginar y disputar las categorías mismas con las que se piensa el poder.

Autor de Neoemperadores. Doctor honoris causa, distinción otorgada por las universidades nacionales de Córdoba y Rosario.

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