El primer ministro israelí calificó de “la mayor mentira del siglo” las denuncias por la ofensiva en Gaza, mientras decenas de delegados vaciaban la sala en repudio. En Nueva York, el alcalde Mamdani respaldó la orden de arresto de la CPI. El presidente argentino fue el único en ofrecerle un apoyo explícito, aunque no obtuvo ninguna señal sobre Malvinas.
La jornada en la Asamblea General de las Naciones Unidas quedó marcada por un gesto de rechazo difícil de disimular. Mientras el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se disponía a pronunciar uno de los discursos más aguardados de la Semana de Alto Nivel, representantes de decenas de países fueron levantándose de sus asientos y abandonando el recinto. El vacío se extendió por amplias zonas del salón, y Netanyahu, lejos de moderar su tono, respondió con una frase cargada de furia: “Si hay más cobardes morales que se quieran ir de la sala, que lo hagan ahora”.
El mandatario israelí sostuvo entonces una alocución dura, en la que arremetió contra la propia organización internacional. A su juicio, acusar a Israel de haber perpetrado un genocidio en Gaza constituye “la mayor mentira del siglo”. Para fundamentar esa postura, enumeró las acciones de sus tropas en el enclave palestino y repitió que su gobierno adoptó “innumerables medidas para proteger a la población civil”, pese a que las cifras de víctimas fatales en Gaza superan las setenta y cuatro mil personas. “¿Es esto un genocidio? Por supuesto que no. Es lo contrario de un genocidio”, insistió, antes de apuntar contra quienes difunden esas acusaciones, ya sea dentro de la sala o desde el despacho del “alcalde antisemita de Nueva York”, a quienes conminó a avergonzarse.
Una sala semivacía y una movilización en las calles
El desplante de los delegados dejó imágenes elocuentes de sillas desocupadas durante uno de los discursos centrales de la asamblea. No obstante, Netanyahu contó con el respaldo ruidoso de seguidores del gobierno de ultraderecha israelí que ocupaban los palcos, desde donde corearon consignas de apoyo, entre ellas una que lo proclamaba como “la luz de esta habitación”.
Fuera del edificio, la jornada tuvo otro epicentro. En distintos puntos de Nueva York se convocó una movilización contra la presencia del primer ministro israelí. El propio alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, se manifestó a favor de ejecutar la orden de detención emitida por la Corte Penal Internacional contra Netanyahu, quien enfrenta acusaciones por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad. La Casa Blanca, en cambio, no contempló esa posibilidad.
El único apoyo visible llegó desde Buenos Aires
Tras el fuerte gesto de desaprobación que acompañó su paso por Nueva York, Netanyahu cerró su visita con un respaldo categórico y solitario: el del presidente argentino, Javier Milei. Desde la cuenta oficial del primer ministro israelí se difundió un comunicado en el que se agradecía a Milei su apoyo firme e incondicional al Estado de Israel. “El presidente Milei es uno de los grandes líderes de nuestro tiempo. Lo que has hecho por la economía de Argentina es magistral, muy difícil de lograr, con mucha resistencia política. Pero has roto la jaula, y estás dando libertad a la gente”, expresó el texto oficial.
Según la información difundida por fuentes israelíes, ambos jefes de Estado conversaron sobre la cooperación continua entre sus países y sobre el cambio estratégico positivo que, a juicio de Netanyahu, está produciéndose en América Latina, circunstancia que permitiría expandir los denominados “Acuerdos Isaac” impulsados por Milei. El propio primer ministro israelí dedicó a su par argentino un agradecimiento personal: “Muchas gracias, mi amigo. Para mí es un honor recibir tus palabras, siendo tú uno de los mayores líderes de toda la historia del mundo”.
Malvinas: el pedido que quedó sin respuesta
Sin embargo, ese gesto de cercanía no se tradujo en el plano que más interesaba a la delegación argentina. Milei se quedó con las manos vacías al no conseguir ningún pronunciamiento formal de Netanyahu respecto del eje central de su discurso ante la ONU: la violación de la soberanía argentina por parte del Reino Unido y la explotación de recursos naturales en la plataforma continental de las Islas Malvinas. La empresa israelí Navitas Petroleum controla el sesenta y cinco por ciento de la explotación petrolera del proyecto Sea Lion, que avanza en la Cuenca Malvinas Norte en asociación con la británica Rockhopper Exploration. El silencio de Netanyahu sobre ese punto dejó al presidente argentino sin el respaldo que había ido a buscar y convirtió su apoyo incondicional en un gesto de una sola dirección.
