En una entrevista cargada de definiciones controversiales, el mandatario minimizó la recesión, defendió su discurso ante la ONU, relativizó la interna con Bullrich y volvió a arremeter contra periodistas y opositores. Además, confirmó un nuevo viaje a Europa mientras profundiza su estrategia de confrontación discursiva.
El presidente Javier Milei regresó de su gira por Estados Unidos con un repertorio de declaraciones que encendieron la agenda pública. En una entrevista concedida a su regreso, el jefe de Estado no escatimó en calificativos hacia el gobernador bonaerense Axel Kicillof, a quien tildó de “energúmeno” y responsabilizó por la imagen que los inversores extranjeros podrían tener de la Argentina tras el viaje del mandatario provincial a Nueva York. Según Milei, ese tipo de actitudes alimentan una percepción de desprecio por los datos económicos y profundizan la desconfianza en el país.
Lejos de moderar su tono, el presidente también justificó su reciente alocución ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde criticó con dureza al organismo al que, paradójicamente, había solicitado asistencia. En ese marco, sostuvo que la inteligencia artificial es un motor de productividad y que la desregulación es el camino para liberar todo el potencial de crecimiento. Incluso mostró una corbata que, según dijo, perteneció al economista Milton Friedman, y prometió demostrarle a la ONU que su escenario distópico no existe.
En otro tramo de la entrevista, el mandatario intentó relativizar la crisis económica y la recesión que atraviesa el país. Con una frase que generó inmediato rechazo en amplios sectores, afirmó que “no hay recesión, hay desaceleración del ritmo de expansión”. Explicó que técnicamente la recesión se verifica con dos trimestres consecutivos de caída, pero sostuvo que los cambios estructurales en la economía distorsionan los ponderadores desestacionalizados. Añadió que en el último semestre la actividad se expandió un 1,7 por ciento respecto del período anterior, que los salarios reales son más altos y que es falso que el consumo no crezca. Sobre la destrucción de la industria nacional, argumentó que el consumidor ahora paga menos por los bienes y destina ese dinero a otras cosas, y mencionó que las compras se trasladaron a plataformas como Temu o Shein.
Consultado sobre la suba del riesgo país, Milei optó por responsabilizar a la oposición y planteó una dicotomía entre el modelo del futuro, que según él genera admiración en el mundo, y el modelo de la decadencia de los últimos cien años. Afirmó que el setenta por ciento de los argentinos no quiere volver a ese pasado y descalificó a quienes lo añoran como gente que vivió del Estado o que actúa movida por la envidia y el resentimiento. En esa línea, volvió a insultar a los periodistas, a quienes calificó como peores que los chimenteros y como acomplejados de pluma venenosa con pretensiones de grandeza, aunque aclaró que nunca envió arca a la prensa, ni hizo operaciones de inteligencia, ni mandó a prisión a ningún comunicador.
El presidente también se refirió a la interna con Patricia Bullrich y buscó bajar el tono de la disputa. Dijo que su relación con la senadora es excelente y que los liberales no son manada, por lo que las distintas miradas permiten una estrategia mejor. Sin embargo, reconoció que Bullrich juega a la mancha con los aviones y pidió no subestimar el trabajo de la mesa política. En ese contexto, ratificó que el proyecto oficialista tiene que reelegir.
En materia de seguridad, Milei reveló que sufrió siete intentos de juicio político, que equiparó con intentos de golpe de Estado, y aseguró que su gobierno deportó a cerca de veinte mil terroristas, a quienes describió como personas infiltradas desde otros países para dinamitar el modelo argentino. También explicó que la decisión de modificar la Quinta de Olivos responde a cuestiones de seguridad interna y que hoy ese predio funciona como una base militar, debido a que tiene enemigos pesados en el mundo.
Finalmente, se refirió a la próxima visita del papa León XIV, prevista para noviembre, y afirmó que el Pontífice dirá lo que tenga que decir y que no habrá problema alguno. Mientras tanto, confirmó que este miércoles volverá a salir del país con destino a París, donde participará de una nueva edición de la Argentina Week, y recordó que el presidente estadounidense Donald Trump, aunque no lo recibió, lo respetó al no ingresar a un salón mientras él daba su discurso para no interrumpirlo. Con ese gesto, Milei cerró una entrevista que, una vez más, combina confrontación, justificaciones económicas y una agenda internacional que no se detiene.
