La visita del pontífice, que se perfila como un acontecimiento de hondo calado simbólico y político, incluirá once alocuciones en apenas tres días y pondrá en el centro de la escena temas como la pobreza, la fragmentación social y la defensa de la paz.
A medida que se aproxima la fecha de la llegada del papa León XIV a tierras argentinas, el perfil que adquirirá su estadía comienza a delinearse con creciente nitidez. Las palabras y los ademanes de los obispos locales, así como las posturas públicas que el propio pontífice ha venido adoptando sobre asuntos vinculados con la realidad social y política, aunque sin referencias explícitas a lo que ocurre en el país, permiten entrever los ejes de pensamiento que atravesarán sus intervenciones. Durante su permanencia, que se extenderá por apenas tres jornadas, el Santo Padre hablará en once oportunidades entre homilías, discursos y mensajes breves.
Si bien todos los prelados han puesto el acento en el carácter “pastoral” de la visita, un énfasis que repite en cada una de sus apariciones el titular del episcopado, el arzobispo mendocino Marcelo Colombo, ninguno de ellos desconoce ni soslaya la “connotación social” que entraña la doctrina social de la Iglesia y el magisterio pontificio. En esa línea, el cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba y vicepresidente del episcopado, señaló días atrás que el papa conoce la realidad argentina. ¿De qué manera la conoce? A través de los relatos de los obispos, de un informe quinquenal sobre su labor que se eleva al Vaticano y se presenta en las denominadas visitas “ad limina apostolorum”, un deber y una práctica institucional que incluye además un encuentro personal con el pontífice. A esto se suman incontables contactos de diversos miembros del episcopado, no solo con el Santo Padre sino también con organismos de la Santa Sede, y visitas extraordinarias por distintos motivos que sirven igualmente para el intercambio y la información.
La otra vía de conocimiento es la nunciatura apostólica, la embajada del Vaticano, que opera como un canal informativo habitual, tal como ocurre con cualquier Estado. El actual nuncio en la Argentina es el arzobispo Michael Wallace Banach, de sesenta y tres años, estadounidense al igual que Robert Prevost, quien fue designado el 4 de mayo de 2026. Aunque arribó al país para asumir efectivamente sus funciones el 22 de julio de este año, desde antes conocía la intención papal de visitar la nación y desde entonces comenzó a recabar información para anticipársela al pontífice.
El acontecimiento que genera la visita pontificia propició una convergencia inédita en torno a una misma mesa, no solo de obispos y funcionarios gubernamentales, sino también de adversarios políticos como el oficialismo libertario y los colaboradores del gobernador Axel Kicillof, un hecho que el arzobispo porteño Jorge García Cuerva calificó como “el primer milagro” logrado por León XIV. Sin embargo, el propio arzobispo advirtió que el papa verá aquí que “hay un deterioro, primero de la unidad” y que “se va a encontrar una Argentina cascoteada por la pobreza”. Añadió que “se va a encontrar con una Argentina herida, una Argentina dividida por esa famosa grieta. Una Argentina donde la descalificación y la intolerancia están a la orden del día”.
Días pasados, en una entrevista concedida a La Nación, el cardenal Rossi sostuvo que León “se va a encontrar con un pueblo golpeado, un pueblo sufriente, un pueblo necesitado de consuelo, de esperanza y de paz”. Y en un documento titulado “La fragilidad nos humaniza”, la semana anterior la Pastoral Social que preside el obispo Dante Braida explicó que “no se trata de un hecho casual” que el papa haya elegido que “uno de los primeros lugares de su visita sea una casa donde viven y son acompañadas personas con discapacidad”, sino de un gesto de profundo contenido simbólico. También, aunque no se diga, una forma de visibilizar los reclamos que sufren los colectivos de personas con discapacidad, fuertemente golpeadas por los recortes del gobierno y por el desconocimiento de sus derechos. Marcelo Colombo, el presidente del episcopado, ha dicho que “cada lugar elegido (por el papa) representa una realidad simbólica profunda, donde el Santo Padre desea hacerse presente y regalarnos su palabra orientadora”.
Al cierre de esta edición se está realizando la tradicional peregrinación a pie al santuario de Luján y el arzobispo García Cuerva hará en la mañana una homilía de cierre en la que probablemente sume nuevas alusiones a la visita papal. Tampoco puede perderse de vista que entre sus cercanos colaboradores el papa también tiene argentinos. Entre ellos se destacan el prefecto del dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor “Tucho” Fernández, y la teóloga laica Emilce Cuda, Secretaria de la Comisión Pontificia para América Latina, quien también integra la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y la Pontificia Academia para la Vida.
Mientras el gobierno nacional, fundamentalmente a través de Karina Milei, hace todo lo posible no solo para evitar cualquier tipo de roce con las autoridades del episcopado y para ello aceita todos los resortes del Estado para que la visita pontificia transcurra sin mayores inconvenientes, el gobernador bonaerense Axel Kicillof juega sus propias cartas. Ya tiene asegurados dos encuentros cercanos con el papa: acompañará al pontífice en su visita al Cottolengo de Claypole y estará en primera fila cuando León celebre misa y hable en la basílica de Luján, en uno de los actos centrales de la estadía. Pero esta semana Kicillof se acercó personalmente hasta la nunciatura apostólica acompañado del ministro de Seguridad, Javier Alonso, y del director de Cultos, Juan Ignacio Torreiro, para entregarle al embajador vaticano una declaración que distingue a León XIV como “visitante ilustre de la Provincia”. Fue además la ocasión para poner en conocimiento de Wallace sobre el despliegue organizativo, logístico y de seguridad que la provincia de Buenos Aires está poniendo a disposición para la visita pontificia.
Los pronunciamientos recientes de León XIV
El papa acaba de cerrar una visita a Francia con mucha repercusión popular a pesar de ser ese uno de los países europeos con menor cantidad de católicos. Pero lo más importante en esa instancia son las declaraciones del pontífice sobre temas que importan al mundo y a la sociedad internacional. En París, Metz y ante la UNESCO, el pontífice subrayó la urgencia de desarmar tanto el lenguaje como las armas. Y sobre la inevitabilidad del conflicto pidió “nunca resignarse ante la perspectiva de una guerra considerándola inevitable”. Prevost ha puesto la cuestión de la paz en el centro de sus predicaciones y de sus manifestaciones. Por eso sostuvo que “es necesario comprometerse en un diálogo paciente, mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz”. Consecuentemente argumentó contra la “ilusión del rearme” e instó a los líderes internacionales a “redirigir los presupuestos de defensa hacia las necesidades básicas humanas como la nutrición, el empleo y la vivienda digna”. También reafirmó su respaldo irrestricto al “derecho internacional y el multilateralismo” para evitar el aislamiento de los Estados y la fragmentación geopolítica. Invitó a su vez a las naciones europeas a estructurar políticas de integración fraterna y a construir sociedades “armoniosas” que defiendan la dignidad humana desde el servicio al bien común. No hubo señalamientos puntuales, ni acusaciones a personas o países. Pero sí un mensaje claro dirigido a los problemas y a las situaciones que le preocupan.
Pero también se refirió al uso político de la fe y la religión. Dijo que “invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia es una profanación”. Y en sus intercambios con la prensa regresando a Roma abordó el crecimiento de corrientes de extrema derecha en Europa y el mundo, marcando un límite ético frente al uso de identidades religiosas. Afirmó que la combinación de posiciones políticas de extrema derecha con expresiones religiosas “no es una expresión auténtica del cristianismo”; y agregó que “los valores del Evangelio no están relacionados con el odio y la división, sino con la comprensión, la compasión y el acompañamiento”.
A la vista de todo lo anterior, de su conocimiento de la realidad argentina y de su línea pastoral argumentativa no resulta difícil discernir cuál será el contenido de las palabras de León XIV en la Argentina y cuáles pueden ser algunos ejes de su predicación. Emilce Cuda, quien asesora a León y que fue también directa colaboradora de Francisco, sostiene que “el catolicismo es una palabra pública que, con la mediación de otros saberes científicos o culturales, se ocupa de sanar y cuidar la vida de las personas, que es lo que hizo Nuestro Señor Jesucristo durante sus tres años de vida pública”. En consecuencia, como sostiene García Cuerva, “es una visita pastoral que nos va a dejar tarea para el hogar”.
