Francia: el gobierno de Lecornu combina represión y diálogo frente a una ola de protestas estudiantiles sin precedentes en décadas

Francia: el gobierno de Lecornu combina represión y diálogo frente a una ola de protestas estudiantiles sin precedentes en décadas

Tras dos semanas de tomas en liceos y manifestaciones duramente reprimidas, el Ejecutivo recibió a delegaciones de alumnos y padres, prometió acelerar las sustituciones docentes y retiró el cobro de aranceles para estudios superiores, aunque mantiene la congelación de ayudas al alquiler y amenaza con nuevas huelgas para el 6 de octubre

Después de catorce días de ocupaciones en establecimientos secundarios y de marchas callejeras protagonizadas por estudiantes, algunas de las cuales fueron sofocadas con violencia extrema por las fuerzas policiales, según evidencian numerosos registros audiovisuales difundidos en plataformas digitales, el gabinete encabezado por el primer ministro francés, Sebastien Lecornu, resolvió modificar su estrategia inicial de mano dura y abrir un canal de negociación con los jóvenes movilizados.

En la tarde del viernes, el titular de Educación, Edouard Geffray, recibió en su despacho a una comitiva integrada por voceros de alumnos de secundaria y representantes de agrupaciones de padres, con el propósito de escuchar sus demandas. Los estudiantes, provenientes en su mayoría de barrios humildes de las principales ciudades del país galo, exigen un incremento en la plantilla docente para descongestionar unas aulas que hoy albergan a un número excesivo de alumnos, la cobertura inmediata de las vacantes dejadas por profesores ausentes, un mantenimiento digno de unos edificios escolares que presentan un deterioro alarmante y mayores recursos para atender las necesidades pedagógicas. A estas reivindicaciones se suma el rechazo frontal al Parcoursup, el mecanismo instaurado durante la gestión de Emmanuel Macron en 2018 para ordenar el ingreso a la educación superior, cuya eliminación figura entre las principales exigencias de los manifestantes.

El responsable de la cartera educativa formuló un compromiso concreto ante los representantes estudiantiles. Según sus palabras, a partir de los primeros días de la semana entrante se pondrá en marcha un dispositivo de acción coordinado con todos los rectores para que las sustituciones de docentes se agilicen de manera sustancial, otorgando prioridad absoluta a aquellos cursos que enfrentan exámenes. Esta promesa oficial llega acompañada por el proyecto presupuestario para el año 2027, que en medio de la agitación en los liceos contempla una inyección adicional de mil cien millones de euros, lo que apartaría por primera vez en años a este sector de los severos ajustes con los que el gobierno pretende economizar cincuenta y cuatro mil millones de euros.

En otro gesto de cesión frente a la capacidad de movilización de los jóvenes, el Ejecutivo de Lecornu y Macron retiró el jueves su propuesta de instaurar aranceles para los estudiantes de ciclos terciarios cortos, que habría significado un desembolso anual de ciento setenta y ocho euros, así como un cobro de doscientos setenta euros para quienes cursaran clases preparatorias destinadas a ingresar a las grandes escuelas, ese sistema de enseñanza superior francés que funciona al margen de las universidades y al que se accede mediante concurso. Pese a esta concesión, el primer ministro mantiene firme su intención de congelar en el nuevo presupuesto las ayudas para el pago de alquileres, un subsidio del que dependen numerosos universitarios para poder sostener sus estudios. Ese mismo viernes, setecientos treinta y cinco establecimientos secundarios se vieron alcanzados por las medidas de fuerza estudiantiles, frente a los mil liceos que habían registrado perturbaciones el día anterior, según datos aportados por el ministro de Educación, quien presentó esta disminución como una señal de que la combatividad juvenil comienza a atenuarse.

Sin embargo, más allá de la percepción optimista del ministro Geffray, el movimiento actual ha alcanzado una dimensión que no se observaba en este tipo de protestas desde hace varias décadas. Los alumnos de secundaria anunciaron una jornada de huelga para el martes 6 de octubre, a la que ya confirmaron su adhesión la CGT y otras organizaciones sindicales del ámbito educativo que no forman parte de esa central.

La reacción inicial del primer ministro ante la magnitud de las demandas fue la represión. Desde el estallido de las manifestaciones estudiantiles el 18 de septiembre pasado en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, en el Valle del Marne, el gobierno ha apresado a alrededor de dos mil estudiantes y se contabilizan decenas de heridos, entre ellos tres adolescentes que habrían perdido un ojo y otro que habría sufrido la pérdida de sus dientes a causa del empleo de balas de goma por parte de los cuerpos de seguridad.

En ese marco, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, remitió un telegrama a los prefectos de todo el territorio nacional en el que sostiene que el uso proporcionado de la fuerza jamás debe inhibir la acción destinada a restablecer el orden, una directiva que en la práctica otorga vía libre a la represión. El candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, arremetió contra el jefe del Estado al señalar que desde que Macron ocupa la presidencia se han suprimido diez mil puestos en la enseñanza bajo el argumento de que hay menos jóvenes y, por consiguiente, menos necesidad de profesores. Agregó que el promedio actual es de treinta alumnos por aula, mientras que en 2017, cuando Macron asumió el poder, esa cifra era de veintisiete, lo que demuestra que hoy hay más estudiantes por clase.

La conflictividad social no se limita al ámbito estudiantil, pues a ella se suman los empleados públicos, que protagonizaron una huelga y una manifestación con trescientas mil personas en las calles el martes 29 de septiembre, y los bomberos, que permanecen movilizados reclamando mayores recursos presupuestarios y más personal. Ante este panorama, el primer ministro optó por el camino fácil de adherir a teorías conspirativas para explicar el conflicto con los jóvenes. Así, Lecornu, desbordado y carente de respuestas, buscó un chivo expiatorio y acusó a La Francia Insumisa y a sus proxys de la ultraizquierda de ser los responsables de la movilización estudiantil, empleando incluso terminología de corte militar para designar a sus adversarios políticos.

El propio Mélenchon le respondió con firmeza. El movimiento popular se dirige a sí mismo, por autoorganización y a través de sus propios representantes, afirmó el líder de LFI, quien añadió que su organización acompaña a los estudiantes y que en numerosas ocasiones los diputados insumisos interpusieron sus cuerpos entre la policía y los jóvenes para impedir la represión. No decidimos en su lugar, concluyó, el movimiento popular se enciende y se apaga por sí solo.

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