Con un gol de Ramiro Hernandes en tiempo de descuento, el Pirata se impuso 1 a 0 como visitante, repitió la historia del Apertura y se afirmó en la cima de su zona, mientras que la T sigue hundida en el fondo de la tabla.
El reloj marcaba cuarenta y un minutos del complemento cuando el estadio Mario Alberto Kempes, colmado de simpatizantes albiazules, se preparaba para celebrar un empate sin goles. Sin embargo, el destino tenía preparada otra función para el clásico cordobés. Casi cinco meses después de aquel 9 de mayo en el que Francisco González Metilli selló el único tanto del triunfo en los octavos de final del torneo Apertura, la historia volvió a repetirse con un final idéntico aunque con distinto protagonista. Esta vez fue Ramiro Hernandes quien, con una zurda precisa, clavó la pelota en el ángulo superior derecho del arco defendido por Unsain y desató un festejo que retumbó en el silencio de un estadio teñido de hinchas del Matador.
El partido, correspondiente a la undécima fecha del Clausura, había comenzado con un ritmo propio de un duelo de vecinos. Ambos equipos parecían contenidos, atenazados por esa presión que suele envolver a los clásicos. El visitante, el equipo de barrio Alberdi, dio el primer paso con mayor decisión, aunque sin la contundencia necesaria para inquietar al arquero rival. Un remate de Rick que se estrelló en el palo pudo haber cambiado el rumbo del encuentro y, a partir de allí, Talleres comenzó a adueñarse del desarrollo. Sobre el cierre de la primera etapa, el Pirata tuvo una oportunidad inmejorable tras un error en la defensa de la T, pero no supo capitalizarla y ambos se marcharon al descanso con el marcador en blanco.
En el segundo tiempo, la sensación era que todo se encaminaba hacia la paridad. El conjunto de Zielinski era más incisivo, pero salvo cuando Depietri encendía la chispa, nunca logró generar verdadero peligro ante Vicentini, un arquero que se mostró sólido en cada salida, ya sea cortando centros aéreos o anticipando como líbero ante los pelotazos frontales. Llegaron las variantes en ambos bandos y, a los quince minutos, Hernandes reemplazó a González Metilli, el héroe de mayo.
Del lado local, Omar De Felippe también movió el banco y una de sus decisiones estuvo a punto de quebrar el partido. Giovani Baroni, en su primera intervención con la pelota, ejecutó un tiro libre con maestría que se estrelló en el travesaño. La suerte no estuvo del lado de la T. Los minutos transcurrían y el dueño de casa comenzó a despertarse, asumiendo un mayor protagonismo. Cuando el cronómetro marcaba cuarenta y un minutos, Talleres contaba con un tiro de esquina desde la izquierda, una jugada que tendría un desenlace nada casual.
La pelota enviada desde ese sector pasó por encima de todos los futbolistas y llegó al extremo opuesto, donde Velázquez comenzó a trasladarla. Se apoyó en Zelarayan, quien se la devolvió larga para que el primero corriera hasta el fondo de la cancha. Envió el centro, hubo un primer intento de remate, la pelota rebotó en Riquelme y apareció Hernandes, que había corrido desde el punto del penal de su propia área hasta la contraria, para golpear de zurda y desatar la locura. La figura del partido tuvo el mérito de haber acompañado la jugada en todo momento, un esfuerzo que quedó grabado en la memoria de los presentes.
En los instantes finales, el equipo de De Felippe, que había tenido dos ocasiones claras, insistió con ahínco, pero no logró alcanzar la igualdad. Fue una victoria enorme para el último campeón del fútbol argentino, que volvió a derrotar a su clásico rival tal como lo había hecho el 9 de mayo, cuando lo eliminó de los octavos del Apertura. Además, le sacó dos partidos de ventaja en el historial, que ahora favorece a los de barrio Alberdi por 135 a 133.
Los dirigidos por Zielinski tienen sobrados motivos para festejar. Con la participación en la Copa Libertadores 2027 ya asegurada, por ahora lideran el grupo B del Clausura con 19 unidades y una diferencia de gol de +5. Talleres, en cambio, atraviesa una realidad opuesta: marcha último en el grupo A con apenas 8 puntos, muy lejos de la zona de clasificación a las copas internacionales. La noche del Kempes dejó una vez más al Pirata sonriendo y a la T sumido en la preocupación.
