El empresariado argentino oscila entre la esperanza de un cambio estructural y el temor a un clima electoral anticipado

El empresariado argentino oscila entre la esperanza de un cambio estructural y el temor a un clima electoral anticipado

Ejecutivos reunidos en el Coloquio de IDEA advierten que la estrategia confrontativa del Gobierno y la aceleración de los tiempos electorales podrían profundizar la parálisis inversora y agravar las dificultades económicas

La edición número 62 del Coloquio de IDEA, celebrada en el Hotel Sheraton de Mar del Plata, dejó al descubierto una profunda dualidad que recorre al mundo corporativo argentino. Mientras una porción significativa de los directivos presentes se aferra a la convicción de que el país transita un cambio de época capaz de sostener algunos pilares del programa de ajuste impulsado por Javier Milei más allá de lo que ocurra en las urnas en 2027, otras señales de alarma comenzaron a encenderse con fuerza ante la aceleración del clima electoral que el propio Presidente alimenta desde el poder. Esa tensión, que atraviesa pasillos y almuerzos, empuja a compañías e inversores hacia una postura de cautela que amenaza con retroalimentar las dificultades que ya muestra la coyuntura económica.

El discurso que Milei pronunció por videoconferencia desde París condensó esa dicotomía que envuelve el ánimo empresarial. El mandatario dedicó buena parte de su alocución a prometer un shock de reformas a una velocidad que calificó como única e irrepetible en caso de ser reelecto, y trató a sus principales opositores de energúmenos dispuestos a romperlo todo. Sin embargo, fueron tres frases encadenadas a continuación las que quedaron rebotando en los comentarios de pasillo posteriores entre algunos empresarios. La primera, una advertencia sobre la necesidad de atravesar el año próximo. La segunda, una afirmación sobre que los argentinos se jugarán el futuro en la próxima elección. La tercera, el reconocimiento explícito de que en el empresariado todos están haciendo wait and see para ver qué sucede el año que viene en los comicios. Un ejecutivo del sector financiero no tardó en calificar esa postura como un error que empieza a hipotecar demasiado temprano la gestión.

La preocupación no se limita a la retórica presidencial. Muchos de los asistentes al coloquio, incluso aquellos que mayoritariamente desean ver revalidado en las urnas el proyecto que hoy encarna Milei, comenzaron a observar con inquietud que la estrategia discursiva del Gobierno se oriente a adelantar el clima electoral y a pintar de anticristo a Axel Kicillof, como lo hizo días atrás el ministro Luis Caputo. Una de las expositoras del evento lo expresó sin ambages fuera de micrófono: adelantar el clima electoral constituye un tiro en el propio pie, sobre todo en un momento económico más tenso, porque puede llevar a postergar decisiones en las empresas y porque introduce ruido en el frente financiero.

Los datos duros de la economía parecen darle razón a esas advertencias. El INDEC informó una caída desestacionalizada de la actividad económica del 2,9 por ciento mensual en julio, un registro que llevó a bancos internacionales como J.P. Morgan a advertir sobre la posibilidad concreta de que al cabo del tercer trimestre el país haya entrado en recesión técnica. El mismo organismo confirmó además un repunte de 4,1 puntos en la tasa de pobreza durante el primer semestre. En paralelo, en las últimas tres semanas el riesgo país pegó un salto del 35 por ciento ante una ola de venta de bonos soberanos argentinos, y este viernes el indicador alcanzó los 655 puntos básicos. A principios de agosto, cuando apenas superaba las 400 unidades, el Gobierno se ilusionaba con volver a los mercados globales una vez que lograra perforar ese umbral. Ahora, esa posibilidad se alejó.

¿Qué ocurrió para que se produjera ese giro? La reducción al mínimo de las compras de divisas del Banco Central en septiembre y las dificultades del Tesoro para volver a colocar bonos en dólares en el mercado local durante las últimas licitaciones empezaron a sembrar dudas sobre el programa financiero 2027. A eso se sumaron la debilidad de la actividad en los sectores clave para el empleo y el deterioro de la imagen presidencial en las encuestas, factores que acicatearon la incertidumbre sobre el panorama electoral del próximo año. Ese círculo, que sumerge a inversores y empresas en el modo espera, es el que ahora temen que gane impulso con el clima de confrontación electoral anticipado que estimula fundamentalmente el Ejecutivo. El dueño de una de las principales compañías argentinas de servicios financieros y del mercado de capitales lo graficó con crudeza: cómo le voy a decir yo a mis clientes del exterior que tienen que mantener su posición en Argentina si escuchan que a un año de las elecciones el propio Presidente dice que el futuro del país se define en 2027 y que la postura de esperar tiene valor para los empresarios. En las últimas dos semanas muchos decidieron desarmar.

En la industria, el panorama es aún más incierto. La actividad fabril operó en julio 4,9 por ciento por debajo del mismo mes de 2025 y 18,7 por ciento por debajo del pico alcanzado en 2017, según los últimos datos oficiales, y la propia Unión Industrial Argentina ya adelantó que en agosto se sumó otra baja del 0,3 por ciento mensual sin estacionalidad. Presentes en IDEA, los ejecutivos de una de las grandes empresas industriales del país, hoy en manos de capitales multinacionales, trazaron un panorama preocupante: nuestro objetivo de acá a fines de 2027 es amortiguar el impacto, compramos sostener el nivel actual. Esta firma siderúrgica llegó a recortar 30 por ciento su producción entre comienzos de 2024 y la segunda mitad de 2025; para principios de 2026 había logrado recuperar apenas 5 puntos a través de la exportación a países como Chile, en el marco de un fuerte ajuste operativo y de personal que redujo los costos. Pero la demanda local sigue planchada: la construcción privada no arranca, la obra pública sigue en mínimos, la industria de línea blanca está en crisis, y no hay muchos sectores que hoy puedan contribuir a un repunte.

La incertidumbre del presente contrasta con el tono que buscó imponer IDEA a su 62° Coloquio, una discusión sobre los lineamientos que el empresariado cree que se deberían profundizar para avanzar en la agenda de transformación iniciada por el gobierno de Milei y para alcanzar veinte años de estabilidad y crecimiento. El sustrato de esos conceptos es una esperanza que albergan muchos de los ejecutivos: que el país atraviesa un cambio de era marcado por un mundo en transformación, por la oportunidad que representan Vaca Muerta y la minería, y porque al menos algunos de los pilares del programa aplicado por el Gobierno van a ser difíciles de revertir, gane quien gane en 2027, como plantearon distintos empresarios en diálogo con este medio. Juan Francisco Politi, CEO de Allaria, lo expresó con optimismo en una entrevista: en las próximas dos décadas se va a hablar diferente del país cuando se mire para atrás. En las últimas dos décadas se habló mucho de restricción externa. Argentina vivió siempre con la angustia de que faltan dólares para que la economía pueda crecer suficientemente, y hoy ese ya no es el diagnóstico. Dólares hay, van a ir sobrando cada vez más, de a poco, a medida que las inversiones lleguen y se vayan concretando las exportaciones de energía, minería y agro.

Sin embargo, la euforia no se hizo presente a lo largo de las tres jornadas en el Hotel Sheraton de Mar del Plata, excepto en los sectores nítidamente ganadores. Más bien predominó un clima de cautela. En parte por el modo espera y el clima electoral anticipado; en parte porque el grueso de los sectores de la economía no disfruta de las mieles que saborean la energía, la minería y parte del agro y las finanzas. Luciana Paoletti, directora ejecutiva de IDEA, se mostró satisfecha con el resultado del coloquio y resumió los dos grandes mensajes que se instalaron: lograr consolidar la idea de que lo primero que hay que hacer es consolidar la estabilidad y que es necesario no andar recalibrando el modelo de país cada cuatro años en cada elección, y trabajar en la competitividad con una agenda de reformas estructurales que tiene que venir hacia delante, las reformas tributaria, previsional y educativa.

Esa agenda de reformas es la que le plantearon tanto a los funcionarios del Ejecutivo que participaron por videoconferencia desde París, donde en paralelo se desarrolló la Argentina Week, como a la propia Patricia Bullrich, que aprovechó el espacio vacío para copar el centro de la escena y mostrarse como alternativa presidenciable, en caso de que las acciones electorales de Milei como candidato bajen, ante un empresariado que quiere ver revalidado el proyecto gobernante en las urnas. Paoletti sintetizó que quedó claro que estas reformas forman parte de la agenda del Gobierno, pero tanto el Presidente como Bullrich dejaron en claro que el capital político para poder hacerlas hoy no está y depende de una reelección. La ejecutiva, sin embargo, advirtió sobre los riesgos de la escalada discursiva que se hizo presente en el tono de los funcionarios durante el evento: nosotros no estamos de acuerdo con adelantar el clima electoral. Eso no genera una base sólida, por ejemplo, para poder proyectar inversiones. Hoy no deberíamos estar sintiendo la previa electoral y creemos que las elecciones no deberían ser tan determinantes para el proyecto de país.

De todas maneras, quedó claro que los empresarios siguen en busca de su mejor alternativa electoral. Cerca de cuarenta ejecutivos se dieron cita en el Hotel Costa Galana para almorzar con Bullrich un pescado en costra de hierbas con cremoso de zapallo cabutiá y tiramisú de limón y maracuyá. Jugaba de local, sintetizó uno de los presentes en diálogo con este medio. No va a romper con el Gobierno, pero vino a recoger apoyos para una eventual candidatura, interpretó otro de los comensales. No faltaron preguntas sobre los sectores más golpeados por el actual modelo: desmarque mediante, la senadora dijo que necesitan acompañamiento y mejora en la competitividad. Mucha menos atención concitó un almuerzo que se dio en simultáneo con Hernán Lacunza en el restaurante Sarasanegro, al que asistieron otros directores de IDEA. Lacunza busca instalarse como presidenciable de PRO y advirtió que la economía entró en recesión. Los empresarios creen que es parte de una estrategia de negociación con el Gobierno del partido de Mauricio Macri. Con todo, durante la comida le preguntaron por los insultos de Milei a periodistas y opositores en pleno adelantamiento del clima electoral: una de las empresarias presentes contó que no cayó bien que esquivara una definición contundente.

El Coloquio de IDEA dejó así una fotografía compleja del empresariado argentino, dividido entre la ilusión de un cambio de era que trascienda los ciclos electorales y el temor a que la anticipación del debate sucesorio, combinada con una economía que no termina de despegar, termine por consolidar un modo espera que postergue las inversiones que el país necesita para sostener cualquier proyecto de crecimiento.

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