Fabio Santana, veterano de la guerra de 1982, entonó las estrofas patrias en la despedida del Diez con la albiceleste; el emotivo gesto revivió la bandera improvisada que apareció en la semifinal del Mundial 2026 ante Inglaterra
En una jornada que quedará grabada en la memoria colectiva del fútbol argentino, el estadio Monumental fue testigo de un cierre cargado de simbolismo y sentimiento. La despedida de Lionel Messi con la camiseta de la Selección Nacional, en el encuentro frente a Benín, tuvo como uno de sus momentos más altos la interpretación del Himno Nacional Argentino a cargo de Fabio Santana, excombatiente de la guerra de Malvinas. Su voz, quebrada por la emoción y el peso de la historia, resonó en un coliseo repleto de hinchas que acudieron a ver por última vez al capitán con los colores patrios.
La presencia de Santana no fue un detalle menor. Sobre el campo de juego, volvió a aparecer la sábana improvisada con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas”, aquella que se había hecho viral durante la semifinal de la Copa del Mundo 2026 entre Argentina e Inglaterra. El trapo, desplegado por los jugadores, encontró en la voz del veterano una suerte de continuidad emocional, un puente entre la gesta deportiva y la memoria histórica.
Minutos antes de salir a escena, el propio Santana había confesado ante las cámaras de televisión que no sentía nervios, sino una adrenalina singular. “Estoy ansioso, no lo voy a negar, pero soy muy feliz. Me siento un privilegiado”, expresó, dejando entrever la dimensión de un momento que lo conectaba con su pasado y con el presente glorioso de la Selección.
Al referirse al paño que inmortalizó el reclamo de soberanía, el exsoldado no ocultó su conmoción. “Cuando los vi a estos chicos desplegar el trapo sobre Malvinas, sentí una emoción tremenda. Lloré mucho, me acordé de todo lo que había pasado y de mis compañeros. Dije: ‘Todo no fue en vano’. Los jugadores nos dieron una felicidad colectiva, es un honor estar en la despedida del Diez”, relató con la voz entrecortada.
La historia personal de Santana está íntimamente ligada al conflicto del Atlántico Sur. Nacido el 16 de diciembre de 1962, tenía apenas 19 años cuando fue convocado durante la guerra. Siete días después de la declaración argentina recibió la cédula de llamado y, once jornadas más tarde, arribó a Puerto Argentino. Allí fue destinado a Wireless Ridge junto a sus compañeros, donde participó en tareas de colocación de minas para frenar el avance terrestre británico. Tras el final de la contienda, el 14 de junio de 1982, permaneció como prisionero de guerra en el aeropuerto de Puerto Argentino y regresó a la Argentina cinco días después. Tres décadas más tarde, en 2012, volvió a las islas.
El clima del Monumental acompañó la magnitud del homenaje. Lionel Scaloni, visiblemente emocionado, y un Messi con los ojos anegados en lágrimas, acompañado por sus tres hijos, fueron el corolario de una primera parte colmada de espectáculos que celebraron la trayectoria y el legado del gran capitán. La actuación de Santana, entonando las estrofas del himno, puso el broche de oro a un ciclo que unió el deporte, la patria y la memoria de quienes alguna vez defendieron la bandera en el campo de batalla.
