El organismo confirmó que la gestión de Santiago Bausili y el gobierno de Javier Milei usaron las reservas de lingotes enviadas a Londres para operaciones de riesgo que terminaron en un quebranto sin precedentes, mientras el titular del Central acumuló versiones contradictorias ante el Senado
La Auditoría General de la Nación ratificó este jueves lo que se había anticipado en exclusiva el 13 de septiembre: el Banco Central, bajo la conducción de Santiago Bausili, y la administración de Javier Milei consumaron una pérdida de 1.023 millones de dólares al incursionar en operaciones especulativas con el oro de las reservas que fue remitido a Londres. El informe del organismo de control fue aprobado por unanimidad en su aspecto general, aunque el señalamiento del quebranto provocó disidencias parciales de los dos auditores designados por La Libertad Avanza y del representante de la Unión Cívica Radical.
El presidente de la AGN, Juan Manuel Olmos, fue el encargado de divulgar las conclusiones del trabajo, que confirman el descalabro protagonizado por quienes se autodenominan genios de las finanzas. El documento deja al descubierto, en primer término, que el titular del Central faltó a la verdad ante el Senado cuando aseguró que los movimientos del metal precioso ya habían sido fiscalizados. En aquel momento, la Auditoría desmintió esa versión al señalar que no había podido completar su informe porque el Banco Central le negó los datos necesarios. Ahora queda claro que el estudio recién acaba de finalizar, contrariamente a lo declarado por Bausili.
Una segunda falsedad atribuida al funcionario se refiere al motivo del envío de los lingotes a Suiza, que justificó argumentando una supuesta necesidad de refundición por baja calidad. La realidad indica que, de los mil lingotes enviados, cuyo valor aproximado ascendía a 1.800 millones de dólares, solo 115 fueron refundidos y la pérdida en esa operatoria resultó mínima porque el metal era de buena calidad. La verdadera razón del traslado a Londres no fue otra que la fallida jugada financiera.
Olmos anticipó que la Auditoría elaborará un informe de gestión sobre el movimiento físico del oro, es decir, sobre el traslado al exterior en sí mismo. Ese documento deberá determinar por qué se resolvió sacar el metal del país, hacia dónde fue enviado y si la operación reportó algún beneficio concreto para el Banco Central.
El organismo realiza dos tipos de auditorías. La primera es contable y verifica los registros: si están correctos o mal asentados. En ese aspecto, el informe sostiene que los movimientos reflejan de manera razonable, en sus aspectos técnicos, la situación patrimonial de la entidad. La segunda es de gestión y analiza el resultado de las operaciones vinculadas a las reservas de oro. En ese terreno, la Auditoría señala que durante 2025 el oro adquirido en las gestiones de Alfonso Prat Gay y Mercedes Marcó del Pont registró una ganancia patrimonial de 8 billones de pesos, explicada únicamente por la suba del precio internacional del metal. Es decir, que si los lingotes hubieran permanecido en Buenos Aires también se habría obtenido esa ganancia, porque proviene del aumento del precio.
La segunda valuación surge de la operatoria propiamente dicha. Ese mismo año, bajo la conducción de Bausili, el Banco Central concertó operaciones de derivados liquidables en dólares con fines de cobertura y utilizó parte del oro de las reservas como bien de respaldo. Según los estados contables, esas operaciones arrojaron una pérdida de 1,5 billones de pesos, equivalentes a 1.023 millones de dólares, que se pagó con divisas de la entidad.
De acuerdo con la exposición de la Auditoría, el quebranto se compone de dos elementos: 960 millones de dólares de resultado negativo de las operaciones de derivados y 62,8 millones de dólares correspondientes a primas de opciones. La mención de las primas indica que entre los instrumentos utilizados hubo opciones, es decir, contratos que otorgan el derecho a comprar o vender a un precio pactado a cambio de un costo fijo. Al cierre del ejercicio auditado no quedaban posiciones ni operaciones abiertas por este concepto. La explicación más clara surge del propio informe cuando afirma que el Banco Central realizó operaciones financieras especulando con una determinada trayectoria para el precio internacional del oro, erró en el cálculo y registró la pérdida. En otras palabras, se concretó una operación de REPO: se vendió el oro con el compromiso de recomprarlo en determinado tiempo y a determinado precio, pero el metal subió mucho más de lo previsto y por eso se produjo el quebranto. Especularon y perdieron.
La Auditoría agrega que desde que se auditan los estados contables del Banco Central nunca se había registrado una pérdida de esa magnitud, y que tampoco se habían utilizado antes las reservas físicas de oro para transacciones de riesgo como estas. Resulta obvio que el traslado del oro a Londres se hizo justamente por la especulación financiera. Si el metal hubiera quedado en el edificio del centro porteño no habría servido para la timba, porque nadie presta si los lingotes que están en garantía permanecen en el país que solicita el dinero, ya que, en caso de incumplimiento, no podrían venir a buscar el físico. De manera que todo el movimiento se explica por lo que la Auditoría denomina transacciones de riesgo.
El informe fue votado por unanimidad en general, pero el señalamiento de la pérdida motivó tres disidencias sin explicación: las de Mónica Almada y Mariano Piazza, ambos de La Libertad Avanza, y la de Luis Naidenoff, de la Unión Cívica Radical. En algún momento fundamentarán su postura, lo que seguramente motivará una respuesta de la mayoría.
En verdad, la maniobra del Central consistía en diluir la pérdida en la ganancia obtenida por el aumento del precio internacional del oro. Se ganaron 8 billones y se perdieron 1,5 billones, con lo que el saldo habría sido de 6,5 billones. Sin embargo, los 8 billones se habrían ganado igual si los lingotes se mantenían en las bóvedas de la calle Reconquista, en la sede del Banco Central. Eso planteó en su momento una polémica entre la Auditoría y el Banco Central: la primera sostenía que debían consignarse las pérdidas de la operación en la que se usó el oro como garantía, mientras que Bausili pretendía disimularlas en la suba del precio internacional.
Queda pendiente el informe que elaborará la Auditoría sobre el traslado del oro como operación en sí misma. Allí quedará claro dónde están los lingotes. Página/12 ya señaló que se encuentran en el Bank of England, en Londres, a nombre del Banco Internacional de Pagos, con sede en Basilea, y que fue falso lo dicho por Bausili ante el Senado, donde afirmó que el oro estaba en Suiza. La verdad es que nunca estuvo allí. La Auditoría determinará, además, si ese movimiento fue razonable o no. Existen antecedentes de que las reservas de Irlanda fueron embargadas estando en Londres y, por otra parte, existe un riesgo obviamente originado en el conflicto de Malvinas. Las denuncias por el envío de los lingotes fueron formuladas por Sergio Palazzo, líder de La Bancaria, en el momento en que el físico era trasladado en camiones de caudales hacia Ezeiza. Posteriormente, las mentiras de Bausili fueron detalladas por los senadores Juliana Di Tullio y Martín Soria.
