Multitudinaria marea transfeminista desbordó Córdoba y desafió el avance reaccionario

Multitudinaria marea transfeminista desbordó Córdoba y desafió el avance reaccionario

Más de cien mil personas de todo el país se congregaron en el Encuentro Plurinacional, que se consolidó como un espacio de resistencia y proyección política frente al gobierno de Milei y las fuerzas conservadoras de la región

La capital cordobesa se convirtió durante el fin de semana en el epicentro de una marea humana que superó todas las previsiones. Desde diversos rincones del territorio nacional arribaron más de cien mil personas dispuestas a demostrar que la potencia de las calles constituye una fuerza que el oficialismo no consigue contener. La irrupción en el espacio público evidenció la acumulación y la transversalidad que los transfeminismos ostentan en una época signada por la deshumanización, al tiempo que ratificó su papel decisivo en la contienda política.

La magnitud de la convocatoria no pasó desapercibida para las referentes que participaron de las jornadas. Lucía Cámpora, legisladora nacional, subrayó desde Córdoba la relevancia de que en la apertura se haya denunciado la proscripción de Cristina Fernández de Kirchner. Según su lectura, la resistencia que Javier Milei encuentra en el electorado femenino, muy superior a la que registra entre los varones, constituye una muestra concreta de la representación que edifica el feminismo popular gestado en estos encuentros.

Estela Díaz, titular de la cartera de Mujeres, Género y Diversidad bonaerense, coincidió en que se trató de la edición más concurrida desde la pandemia. Para la funcionaria, la capacidad de convivir en un mismo espacio con sectores que mantienen diferencias profundas representa una construcción que fortalece las opciones políticas de cara al porvenir. En ese sentido, advirtió que allí reside una energía capaz de organizarse y de confrontar electoralmente tanto con Milei como con las alianzas que el oficialismo pueda tejer.

La diputada Myriam Bregman, acompañada por la referente izquierdista cordobesa Laura Vilches, también destacó el caudal convocante del encuentro. Bregman reflexionó sobre la transversalidad que atraviesa su militancia y reconoció que nunca se termina de aprender ni de formarse como feminista socialista. Vilches, por su parte, recordó que la transversalidad se conquistó primero en las calles y recién después se reflejó en las estructuras políticas.

La antesala del encuentro, denominada jornada Zero, incluyó una actividad de reflexión sobre el tecnofascismo en la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación. Allí, María Pía López clausuró el ciclo «entre el ágora y el quilombo» con una invitación a pensar un presente confuso y desencantado, recuperando la interrogante que Pier Paolo Pasolini formuló en tiempos de fascismo acerca de dónde reside el alma del pueblo. Esa pregunta resonó con fuerza en una ciudad que concentró la organización y el activismo de quienes enfrentan proyectos gubernamentales deshumanizantes, dándole continuidad a un hecho político que se repite desde hace casi cuatro décadas.

Esa alma popular pareció manifestarse en las jóvenes y los jóvenes que llegaron por primera vez y que, frente al cansancio de años de militancia, alientan a creer en la causa. Una sindicalista novel instó en una asamblea a reivindicar la catarsis que producen los talleres desbordados, donde la insistencia y la voluntad de viajar hasta Córdoba se ponen al servicio de temas que el feminismo vuelve transversales: la vejez, la discapacidad, la defensa de la tierra, la tecnología, el trabajo, la educación, los pueblos originarios, la salud, los derechos humanos y la organización gremial. Casi cien talleres distribuidos en las escuelas de la ciudad ordenaron esas preocupaciones a lo largo del fin de semana. El dedicado a tecnopolítica, soberanía digital y ciberactivismos reunió a más de cuatrocientas personas, que advirtieron que las tecnologías no son neutrales ni enemigas, y llamaron a disputar sus modos de producción y a democratizar sus códigos.

En la plaza de la intendencia, miles se congregaron para la Asamblea Internacionalista de Feministas del Abya Yala, inaugurada con una ceremonia de pueblos originarios. Los gritos contra el fascismo y el sionismo se multiplicaron, y la referente Liliana Daunes leyó el documento que convocó con urgencia a repudiar a Milei bajo la consigna de memoria, solidaridad y organización. El texto llamó a reagrupar las fuerzas antifascistas ante la ola reaccionaria que recorre la región, mencionando a José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz Pereira en Bolivia, Nasry Asfura en Honduras, Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú. La asamblea desbordó la plaza y demostró que el cuerpo a cuerpo, la escucha y la solidaridad que se producen en el encuentro no solo son inéditos en Argentina, sino que acumularon injerencia en la escena global. «Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza», corearon las miles de personas que sostuvieron la jornada hasta la tarde.

Silvia Manzur, integrante de la comisión organizadora y participante también en la edición de 2007, expresó su orgullo por una ciudad desbordada. Reconoció que ese desborde también opera en sentido político, ya que desintoxica de las tensiones y los estrés transitados durante un año que no siempre fue romántico ni amoroso, sino que también albergó disputas y contradicciones. Para ella, el problema de la representación sigue estando en las organizaciones de los encuentros, y sostuvo que la representación dificulta escuchar y cambiar de postura en el debate.

Ayelen, llegada desde Salta con un grupo de vecinas que sostiene un comedor popular, afirmó que el proyecto político de Milei observa los territorios como un excedente y concentra los beneficios en quienes ya tienen todas las posibilidades. A minutos de encolumnarse en una marcha de treinta cuadras, aseguró que la preparación para los encuentros es casi tan importante como estar presente, porque permite autogestionarse y volver al barrio a contar qué significa este fenómeno que lleva cuarenta años habilitando espacios para pensar la vida en común.

Claudia, integrante de la Biblioteca Popular La Cárcova en José León Suárez y participante por tercera vez, se emocionó ante la magnitud de la marcha. Contó que en los talleres de educación popular surgieron problemáticas que atraviesan a las compañeras en los territorios, como la salud mental, los consumos problemáticos y la dificultad de llegar a fin de mes, frente a lo cual consideró imprescindible unirse y dejar de lado los colores políticos.

Desde temprano, con la lluvia acechando, las columnas de partidos, organizaciones sociales y sindicatos se prepararon sobre la calle Emilio Olmos. Una delegación de mujeres de pueblos preexistentes a la nación abrió el camino de una cabecera integrada por la comisión organizadora, que puede jactarse de haber hecho posible un encuentro de semejante envergadura. Mates, volantes, cañas, bombos, redoblantes, canciones y una algarabía que mezcló generaciones, territorios, identidades y orientaciones políticas conformaron un cóctel que sigue haciendo mella cuando se concentra y moviliza.

También se abrieron paso las mujeres y diversidades de Vía Campesina, y la soberanía alimentaria formó parte de la construcción del fin de semana. Manzur relató que el debate sobre qué comida ofrecer a los asistentes llevó mucho tiempo y terminó entrelazándose con una discusión sobre los modelos de economía. Finalmente se decidió que las viandas las cocinaran compañeras de las economías populares, como gesto afectivo y solidario y como toma de posición política.

«Qué cagazo, qué cagazo caminan por la calle las hijas del Córdobazo» fue uno de los cantos recurrentes durante una marcha que recorrió una ciudad que de bastión de la derecha no tiene nada. Fue una movilización conmovedora y, tal vez, un gesto más del alma del pueblo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *