El presidente argentino emprende su decimonovena gira a ese país desde que asumió, en medio de un creciente cuestionamiento sobre la verdadera utilidad de sus desplazamientos y su impacto en la vida cotidiana de los argentinos.
En una nueva demostración de que su discurso y sus actos transitan por caminos divergentes, el mandatario argentino vuelve a abordar el avión presidencial con destino a Washington. La partida está prevista para mañana y constituirá su quinta visita a Estados Unidos en lo que va del año, además de convertirse en la decimonovena desde que juró como jefe de Estado. La estadía incluirá su participación en la Official Hispanic Heritage Gala, un evento social donde, una vez más, su figura será exhibida como una suerte de atracción exótica dentro del firmamento conservador internacional.
Resulta llamativo que quien alguna vez confesó que detestaba viajar y que había abandonado esa práctica porque extrañaba profundamente a su perro Conan, hoy acumule kilómetros y sellos en su pasaporte con una frecuencia que contrasta con su escaso recorrido por el territorio nacional. Durante una entrevista radial, el propio presidente había relatado que sus desplazamientos laborales en el sector privado lo obligaron a cambiar de pasaporte por la cantidad de estampillas acumuladas, y que luego decidió quedarse en Olivos para estar cerca de su mascota. Sin embargo, la realidad de su gestión muestra una agenda exterior que lo mantiene más tiempo fuera del país que dentro de las provincias que gobierna.
El contraste entre el exterior y el interior
Mientras el presidente suma visitas a tierras norteamericanas, apenas ha pisado cuatro provincias argentinas: Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Tucumán. La cifra adquiere una dimensión aún más crítica si se considera que nueve distritos del país nunca lo han visto como presidente. Ese desequilibrio entre la proyección internacional y la presencia federal alimenta las sospechas sobre los verdaderos motivos de sus giras. ¿Cuánto responde a los intereses estratégicos de la Nación y cuánto a la construcción de una imagen personal alineada con Donald Trump y la derecha global?
La semana no podría ser más elocuente. Mientras los médicos del PAMI atraviesan una situación de pobreza extrema y anuncian un paro, y los universitarios marchan acompañados por amplios sectores de la sociedad, el presidente estará pronunciando discursos insustanciales ante el frustrado premio Nobel de la Paz, el delirante asesino Donald Trump. Lo hará, además, con la esperanza de conseguir más dólares para sostener un gobierno que hace agua por todos lados. Esa parece ser su única propuesta: pedir dinero mientras entrega el país.
Las imágenes que se repiten
Volverán a aparecer las postales que ya se han vuelto un símbolo de su gestión: el baile imitando a Trump, la carrera hacia el abrazo de Elon Musk con una motosierra en la mano. Mientras tanto, los argentinos que ya no pueden más observan cómo su presidente se convierte en un payaso internacional, mientras las provincias siguen esperando una visita que nunca llega y los sectores más vulnerables enfrentan un presente cada vez más difícil.
