Represión y multitud en las calles: la Marcha Federal Universitaria sacudió al Congreso mientras el oficialismo redoblaba la ofensiva

Represión y multitud en las calles: la Marcha Federal Universitaria sacudió al Congreso mientras el oficialismo redoblaba la ofensiva

La jornada de ayer dejó una estampa que condensa, con crudeza, el clima político que atraviesa la Argentina. Una protesta masiva y pacífica en defensa de la educación pública y del cumplimiento de la ley fue respondida por el Gobierno con un operativo represivo de una intensidad inusual, que se prolongó durante horas y cubrió la zona del Congreso con una densa nube de gases lacrimógenos. La Quinta Marcha Federal Universitaria, convocada bajo las consignas de educación, soberanía y democracia, logró imponerse como una demostración de fuerza social y legitimidad, aun cuando la sesión parlamentaria prevista para ese día se desplomó por falta de quórum y el Ejecutivo redoblaba sus provocaciones institucionales.

El documento leído en el escenario, suscrito de manera conjunta por el Consejo Interuniversitario Argentino, la Federación Universitaria Argentina y las principales federaciones gremiales docentes y no docentes, denunció el incumplimiento sistemático de las leyes y de las medidas judiciales por parte del Gobierno nacional. Los firmantes advirtieron que esa conducta expresa una voluntad de gobernar por decreto de necesidad y urgencia, sustituyendo las funciones legislativas propias del Congreso. En ese marco, exigieron la derogación del DNU 70/23, que anula normas emanadas del Poder Legislativo y declara otras sin el debido debate parlamentario.

La convocatoria trascendió ampliamente la defensa del sistema universitario y funcionó como un canal para reclamos de múltiples sectores golpeados por las políticas oficiales. Personas con discapacidad, jubilados, deudores, defensores de la soberanía y de la ley de tierras encontraron espacio en el acto. También participaron representantes de excombatientes de Malvinas, quienes retomaron su planteo por la Ley de Tierras, rechazado en la primera instancia de la actuación de la Corte.

Los oradores coincidieron en señalar que se trata del tercer año consecutivo en que la comunidad universitaria se moviliza en defensa de la educación superior, la ciencia y la salud públicas. Destacaron además la sanción de la Ley de Financiamiento Universitario en el Congreso, incumplida por el Ejecutivo a pesar de los fallos judiciales en su contra. Las autoridades universitarias definieron al Gobierno como una gestión que destruye el país, que va en contra del conocimiento, del avance científico y de la formación de los jóvenes, y que pretende un país para pocos.

El acto debió finalizar antes de lo previsto. Los gases comenzaron a volar como proyectiles y afectaron notoriamente incluso a quienes se encontraban sobre el escenario, entre ellos rectores y representantes de universidades de todo el país. En ese momento, la Plaza del Congreso y sus alrededores estaban repletos de manifestantes, con cuadras y cuadras cubiertas. El cierre estuvo a cargo de un dirigente estudiantil, quien afirmó que el Presidente terminará su mandato y se irá de la Casa Rosada, pero que la universidad pública seguirá existiendo. «Están en contra de la democracia, y nosotros somos la democracia, somos la universidad pública», sentenció.

Desde los centros de estudiantes de varias facultades porteñas denunciaron que se trata de la primera Marcha Federal Universitaria en la que el Gobierno se anima a reprimir estudiantes. Señalaron que, en paralelo, se judicializa y persigue a quienes participaron de una sentada pacífica en el Palacio Pizzurno una semana atrás.

La movilización dejó en claro que no hubo enfrentamientos entre manifestantes y policías, como intentaron instalar algunos medios. Los disturbios se redujeron a un puñado de agitadores encapuchados que arrojaban piedras y que los propios manifestantes intentaron detener e identificaron como infiltrados. Las fuerzas de seguridad, en cambio, actuaron con violencia a lo largo de toda la tarde y de a cientos frente a una multitud pacífica. Primero con carros hidrantes y una cantidad inusitada de gases lacrimógenos, cuyo efecto irritante se agravó con las lluvias intermitentes. Más tarde con policía motorizada y balas de goma. Trascendió el video de una joven que recibió seis impactos de bala de goma por la espalda y que fue atendida en el Hospital Ramos Mejía. La ministra de Seguridad denunció en redes que los violentos de siempre buscan imponer el caos y convertir las calles en una zona liberada, y acompañó su mensaje con imágenes de los encapuchados a los que la policía dejó actuar con libertad.

Por la mañana, mientras el Presidente daba una conferencia en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, en Washington, y sostenía que sacó a un cuarto de la población de la pobreza, en Buenos Aires se movilizaban las primeras columnas ante un enorme operativo policial ya desplegado. En distintas provincias se replicaban grandes manifestaciones. Las agrupaciones estudiantiles partieron desde sus facultades y desde Plaza Houssay. Se sumaron sindicatos docentes y no docentes, centros de estudiantes secundarios, organizaciones sociales, políticas y gremiales. La enorme bandera que en cada marcha federal se proclama en defensa de la universidad pública y la democracia avanzó por Avenida de Mayo, portada por rectores, representantes estudiantiles y gremiales, con la presencia del gobernador bonaerense.

Los lápices y cuadernos, los guardapolvos blancos de los trabajadores de hospitales universitarios, la célebre estrella del Conicet y los carteles que celebraron la educación pública como herramienta de justicia social, movilidad ascendente y construcción de soberanía nacional marcaron el pulso de una jornada que quedó signada por la tormenta y por una represión que el Gobierno solo pudo ensayar como respuesta.

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