“La desesperación de un hombre que quedó atrapado en la usura: ‘No hay trabajo y la deuda me consume’”

“La desesperación de un hombre que quedó atrapado en la usura: ‘No hay trabajo y la deuda me consume’”

Gastón, de 47 años, vecino de Lanús, relató en Radio 750 cómo un préstamo para reparar su auto —su única fuente de ingresos— lo llevó a deber casi diez millones de pesos a prestamistas ilegales. Su historia refleja la cruda realidad de millones de argentinos endeudados, donde la falta de empleo formal y los intereses abusivos conforman una trampa de la que es casi imposible escapar.

La situación que atraviesa Gastón, un hombre de 47 años oriundo de Lanús, expone con crudeza el drama de quienes, ante la ausencia de trabajo formal y la necesidad imperiosa de sostener a sus familias, caen en las redes de prestamistas usureros. En diálogo con Radio 750, el hombre describió una realidad que lo golpea desde hace tiempo: la dificultad de conseguir empleo a su edad y con una discapacidad que lo margina del mercado laboral convencional. “La realidad del país es que no hay trabajo porque yo busco y no hay, y menos a mis 47 años”, expresó con resignación.

Su calvario se profundizó cuando el automóvil con el que realizaba viajes puerta a puerta —su único sustento— sufrió una avería. Ante la imposibilidad de afrontar los costos de reparación, que según sus propias palabras oscilan entre trescientos y cuatrocientos mil pesos, no le quedó más alternativa que recurrir a préstamos informales. Lo que parecía una solución temporaria se transformó rápidamente en una pesadilla financiera. “Si pido quinientos mil pesos, en un mes tengo que devolver un millón. Y si no lo devolvés, te cobran el diez por ciento de intereses diarios”, explicó, al tiempo que señaló que durante el tiempo en que el vehículo permaneció en el taller tampoco pudo generar ingresos.

A la carga de la deuda se sumaban el alquiler —vivía solo— y la manutención de su hija de seis años, a quien dejó de ver para protegerla de las amenazas de los prestamistas. El escenario se tornó aún más desesperante cuando le robaron el auto, dejándolo sin su herramienta de trabajo y con una deuda que no dejaba de crecer. “Cuando querés empezar a pagar, la plata ya no es la misma. Hoy tengo una deuda acrecentada de casi diez millones de pesos. ¿Cómo hago para pagar ahora que estoy sin trabajo?”, se preguntó durante la entrevista. Aunque realiza changas, el dinero que obtiene carece de valor frente a la magnitud de la deuda, que se expande como una bola de nieve imposible de detener.

La historia de Gastón no es un caso aislado. Según las cifras que manejan los especialistas, alrededor de seis millones de personas se encuentran en situación de morosidad dentro de un universo de veinte millones de endeudados en la Argentina actual. Se trata de un efecto dominó que comienza con un préstamo que, en poco tiempo, se vuelve incontrolable. La falta de empleo, los intereses desmedidos y la desesperación de quienes buscan sobrevivir conforman un círculo vicioso que atrapa a los más vulnerables.

En la actualidad, Gastón recibe amenazas de personas que, según estima, trabajan para sus acreedores. Estas aparecieron en la puerta del departamento de su novia, donde se mudó al no poder sostener el alquiler de su propio hogar. Su pareja tiene dos hijas adolescentes, lo que añade una preocupación más a su ya complicada situación. “Se manejan con impunidad. Juegan con la desesperación de la gente”, denunció.

Para quienes deseen colaborar con Gastón y ayudarlo a salir de esta encrucijada, se encuentra disponible su alias personal: gastonpanduri79. Su testimonio, más que una historia individual, se erige como un reflejo de la crisis social y económica que afecta a millones de argentinos que, como él, quedaron atrapados entre la falta de oportunidades y la usura.

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