El hijo del expresidente brasileño abandonó el país pese a tener prohibida la salida y la obligación de entregar sus pasaportes, en una maniobra que contó con la complicidad del gobierno de Javier Milei y el respaldo explícito de la Casa Blanca, que ya anunció visas y asilo para toda la familia.
La escapada de Flávio Bolsonaro de territorio brasileño, concretada en la madrugada del miércoles tras un operativo que durante horas pareció improbable, terminó por convertirse en un episodio que sacude el tablero político de la región y deja al descubierto una trama de complicidades que involucra a la Casa Blanca, al gobierno argentino y a una red de contactos empresariales de dudosa reputación. El hijo del exmandatario, acusado en dos causas por irregularidades y blanqueo de dinero, había declarado el lunes que entregaría sus pasaportes y que no abandonaría Brasil. Nueve horas después de esas palabras, una caravana partió del complejo residencial donde vive en Brasilia y, según todas las evidencias, ese fue el punto de partida de una huida que lo llevó primero a la frontera argentina y luego a bordo de un avión privado con destino a Guayaquil, Ecuador.
El gobierno de Donald Trump no tardó en pronunciarse: una vez que Bolsonaro llegue a Estados Unidos, se le concederá asilo y se emitirán visas para él, su esposa Fernanda, y sus hijas Luiza, de catorce años, y Carolina, de doce. La jugada, lejos de ser un gesto humanitario, exhibe de manera grosera la injerencia geopolítica de Washington en los asuntos internos de Brasil. El plan que se atribuye a la administración norteamericana consiste en que el derrotado candidato conduzca la oposición contra Lula desde territorio estadounidense, posiblemente desde Texas, donde ya reside su hermano Eduardo, también prófugo. Sin embargo, ese diseño carece de sustento real: la fuga constituye un golpe para la oposición brasileña, que ahora mira a Flávio con recelo y desconfianza, consciente de que un líder que huye de la justicia difícilmente pueda encabezar una alternativa política creíble.
El operativo de escape estuvo lejos de ser sencillo. En el aeropuerto de Iguazú, el lunes, circulaban varios agentes de la SIDE, lo que hizo presumir a las autoridades de la terminal aérea que algo estaba por ocurrir. Ese despliegue exhibe algún indicio de complicidad del gobierno de Javier Milei, que hasta ahora se niega a reconocer el triunfo de Lula en las urnas. En Iguazú están convencidos de que Bolsonaro quiso utilizar un avión de Baires Fly, contratado por un bróker norteamericano y previsto para despegar a las dos de la mañana del martes con cuatro pasajeros, justamente los integrantes de la familia. La operación se frustró en ese momento por razones que aún se desconocen, pero finalmente se concretó en la madrugada del miércoles. En el medio circularon versiones que ubicaban la huida en Paraguay o en algún punto del propio Brasil cercano a la frontera, e incluso se especuló con una ruta amazónica hacia Guyana o Venezuela, sembrando una pista falsa en Iguazú.
La Dirección Nacional de Migraciones argentina confirmó oficialmente lo que horas antes había desmentido: que a las 22:50 del 27 de octubre, Flávio Nantes Bolsonaro, Fernanda Antunes Figueira Bolsonaro, Carolina Figueira Bolsonaro y Luiza Figueira Bolsonaro ingresaron por el paso fronterizo del Puente Internacional Tancredo Neves, en la provincia de Misiones, con documentación válida y sin impedimento legal alguno. A las 23:30, la comitiva abordó un vuelo privado despachado por Baires Fly S.A. con destino a Guayaquil, Ecuador, según el plan de vuelo informado. La aeronave, un Gulfstream G400 matrícula LV-JQW, había despegado a las 22:14 desde Aeroparque, llegó a Iguazú a las 23:45 y pidió autorización para continuar hacia Miami a las dos de la mañana, consignando expresamente que viajarían cuatro pasajeros brasileños. Detrás de esa contratación aparece la figura de Sergio Daniel Mastropietro, propietario del Gulfstream y de Baires Fly, quien fuera imputado como lavador del dinero robado en la causa por el desfalco en discapacidad. La empresa emitió cientos de millones de pesos en facturas falsas por vuelos que nunca se realizaron, blanqueando fondos originados en esas maniobras.
Los indicios de la fuga se acumularon desde temprano. El mismo domingo a la noche, conocidos los resultados electorales, la Policía Federal de Brasil solicitó al juez Alexandre de Moraes la orden para retirarle a Flávio sus dos pasaportes, el brasileño y el italiano que posee desde 2023. El magistrado recién entregó el escrito a los uniformados el lunes. Cuando fueron a reclamarlos, Bolsonaro argumentó que no los tenía y que los entregaría el martes, por lo que se le otorgó plazo hasta las once de la mañana. A esa hora no había entregado nada. Las sospechas se habían intensificado antes: las dos hijas del candidato faltaron al colegio y, al llegar al domicilio, los policías se enteraron de que Flávio había dejado el complejo de Brasilia al atardecer del lunes. Para despistar, Eduardo Bolsonaro, prófugo en Texas, aseguró que su hermano no había escapado, y un par de colaboradores del candidato repitieron la versión. El gobierno argentino, a media mañana, emitió un comunicado señalando que Flávio no había ingresado al país y que no había registro en Migraciones. Con el correr de las horas, la fuga se hizo evidente: Bolsonaro no aparecía por ningún lado. Finalmente, el gobierno argentino confirmó oficialmente el ingreso y la posterior partida en el avión privado.
El contraste con la conducta de Luiz Inácio Lula da Silva resulta inevitable. Mientras el líder del Partido de los Trabajadores permaneció en Brasil, rechazó la domiciliaria con pulsera, estuvo 580 días en prisión y salió por la anulación de la condena dispuesta por el Tribunal Supremo, Flávio Bolsonaro optó por la huida. El candidato prófugo enfrenta dos causas de peso: las irregularidades y el blanqueo de dinero en el financiamiento de la película Dark Horse, sobre su padre, donde se investigan diez millones de dólares atribuidos al banquero Daniel Vorcaro, hoy preso, y una segunda causa conocida como Willer Tomaz, que apunta al blanqueo de dinero a través de una casa de apuestas. Por esos expedientes y otros dos menores se le había prohibido salir del país y se le había exigido la entrega de los pasaportes.
La trayectoria del avión alimenta la hipótesis de una trama con Trump detrás. La aeronave debió atravesar países alineados con Washington y probablemente hizo una escala en Ecuador. Los especialistas sugieren que la ruta probable fue por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia hasta llegar directamente a Miami o Dallas. Todo habría requerido las órdenes del presidente estadounidense y la mano de obra del secretario de Estado, Marco Rubio. Ambos aparecen como los grandes protagonistas de una fuga que, más temprano que tarde, dejará a Flávio Bolsonaro con el sello indeleble de la cobardía y a la oposición brasileña con la tarea de reconstruirse sin quien pretendía conducirla desde el exterior.
