Valdemar Costa Neto calificó de insatisfactoria la carta del senador, quien se autoproclamó «verdadero presidente electo», mientras un informe de la embajada estadounidense tilda la victoria del líder del PT de «definitiva» y los aliados del excandidato toman distancia tras su fuga a Miami.
La dirigencia del Partido Liberal salió este jueves a marcar distancia del comunicado que el senador y excandidato presidencial Flávio Bolsonaro difundió en sus redes sociales, en el que se atribuyó el título de «verdadero presidente electo de Brasil». Valdemar Costa Neto, máximo responsable de la agrupación, expresó su desagrado por el contenido del texto y sostuvo que la prioridad ahora pasa por impulsar el avance del país, declaraciones que formuló antes de ingresar a la residencia del expresidente Jair Bolsonaro en Brasilia, donde cumple arresto domiciliario por su responsabilidad al frente de un intento de golpe de Estado en 2022.
La misiva del legislador, que provocó el rechazo incluso dentro de su propio espacio político, volvió a insistir en una presunta manipulación electoral que ni el Tribunal Electoral ni los referentes de su fuerza respaldaron, dado que estos últimos aceptaron los resultados del balotaje del domingo. El documento fue eliminado y reeditado en sucesivas versiones; en la tercera, el senador mantuvo la acusación de fraude pero se limitó a presentarse como «líder de Brasil». Consultado sobre si el exmandatario estaba al tanto de las intenciones de su hijo mayor, Costa Neto aseguró que Flávio no conversó con su padre acerca del plan de abandonar el territorio nacional, pese a haberlo visitado el lunes, un día después de los comicios y en la víspera de su partida. «Ni Bolsonaro sabía que se iría», subrayó el dirigente.
Fue precisamente a la salida de la casa paterna cuando el excandidato de 45 años recibió la notificación judicial que le impedía salir del país en el marco de una investigación por supuesta corrupción y le ordenaba entregar sus pasaportes en un plazo de veinticuatro horas. El propio Flávio difundió un video en el que afirmó que nunca había considerado la posibilidad de escapar, que cumpliría con la entrega de los documentos y que se defendería en Brasil de lo que calificó como una «aberración».
La partida del ultraderechista estuvo rodeada de una campaña de desinformación motorizada por sus propios aliados, quienes hicieron circular ante medios locales la versión de que Flávio y su familia se hallaban en Estados Unidos el martes al mediodía, cuando en realidad todavía permanecían en suelo brasileño. El excandidato pasó prácticamente toda esa jornada oculto en el país antes de cruzar la frontera horas después de que trascendieran las primeras informaciones sobre sus planes de fuga. Acompañado por su esposa y sus dos hijas, embarcó en un avión privado en Puerto Iguazú, en la provincia argentina de Misiones, poco después de atravesar el límite internacional, hizo escala en Guayaquil y aterrizó el miércoles en Miami.
El reconocimiento del resultado electoral por parte de la derecha brasileña se profundizó a medida que se confirmaba la huida. Rogério Marinho, coordinador de campaña del senador, afirmó ante periodistas que no existen pruebas para sostener la existencia de un fraude y describió la carta como un simple «desahogo». El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, manifestó en un comunicado que, aunque comprende la indignación de Flávio, el rumbo adecuado pasa por acatar los resultados de las urnas y pasar página, y añadió que la coyuntura exige responsabilidad, serenidad y la construcción de una oposición sólida que respete el proceso democrático y actúe dentro de las instituciones.
Las principales fuerzas de centroderecha, entre ellas Unión Brasil, el Partido Social Democrático, el Movimiento Democrático Brasileño y el Partido de la Social Democracia Brasileña, también salieron en defensa del proceso que consagró la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva con el 52 por ciento de los sufragios. Aécio Neves, presidente nacional del PSDB y derrotado por Dilma Rousseff en 2014 en unos comicios cuyo resultado tampoco reconoció en su momento, calificó la postura de Flávio de incomprensible y cuestionó su decisión de ejercer la oposición desde el exterior. Referentes del centro político, habituados a aliarse con el bloque vencedor, se sumaron al respaldo: el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, y el titular de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, fueron los primeros en validar el triunfo del líder petista, mientras que Gilberto Kassab, presidente nacional del PSD, deseó un buen gobierno a todo el equipo entrante.
En paralelo, un informe interno de la delegación diplomática estadounidense en Brasilia, filtrado a la prensa internacional y difundido por el diario Folha de São Paulo bajo el título «Elecciones en Brasil: Lula es elegido en un resultado sorprendente, pero definitivo; Flávio Bolsonaro considera que el resultado es imposible de aceptar», calificó la victoria del mandatario electo como «definitiva» y «sorprendente», señaló que la votación transcurrió de manera pacífica y descartó de plano las acusaciones de irregularidades. Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó pronunciarse sobre quién consideraba el legítimo ganador y se limitó a señalar que conversará con Lula, que no quería hacer comentarios por ahora y que, a su juicio, los comicios constituyeron una vergüenza para el pueblo brasileño, aunque aclaró que no tomó partido y dejó que las cosas siguieran su curso. Consultado específicamente sobre la autoproclamación de Flávio, respondió que no emitiría opinión al respecto pero que sabía que se le había concedido permiso para ingresar al país. Washington confirmó que otorgará visados al senador, su esposa y sus hijas, sin precisar la modalidad de los permisos. La derrota bolsonarista en las urnas representa un revés para la administración republicana, que aspiraba a alinear a la mayor economía latinoamericana con sus posiciones, tal como ocurrió con otros países de la región donde la derecha se impuso en los últimos meses.
