La fuga de Flavio Bolsonaro: un operativo conjunto entre Buenos Aires y Washington que desnuda la trama de la SIDE

La fuga de Flavio Bolsonaro: un operativo conjunto entre Buenos Aires y Washington que desnuda la trama de la SIDE

Un agente recién incorporado a la central de inteligencia argentina, un avión pagado desde Estados Unidos y la presencia del asesor presidencial Santiago Caputo en la ruta misionera configuran un escenario que contradice la versión oficial y expone la participación argentina en la salida del senador brasileño.

El gobierno argentino no se limitó a “dejar pasar” a Flavio Bolsonaro. Por el contrario, según surge de documentos policiales, registros migratorios y testimonios recogidos por distintos medios, el hijo del expresidente brasileño protagonizó una fuga cuidadosamente orquestada en la que confluyeron la administración de Javier Milei y el gobierno de Donald Trump. La organización del operativo tuvo como eje central a un agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) identificado como J.M.B., un personaje de apellido de raíz alemana que, por razones legales, no se revela, y que había prestado servicios en la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires antes de ingresar a la central de inteligencia durante la gestión libertaria.

Fuentes internas de la SIDE señalan que este agente es un caso atípico: no proviene de la carrera de inteligencia, sino que fue incorporado directamente y destinado a Ezeiza, uno de los puestos más codiciados por los propios espías porque, según dicen, “da poder y negocios”. Su designación estuvo a cargo de la Dirección de Terminales, dependiente de Contrainteligencia. En ese aeropuerto, J.M.B. trabajó en estrecha coordinación con la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y, según versiones que circulan en la central, mantiene vínculos fluidos con la CIA, agencia que sigue con obsesión la llegada de ciudadanos rusos al país y que habría favorecido la colocación de un hombre de su confianza en un punto estratégico. Incluso hay quienes sostienen que el agente posee doble nacionalidad.

La otra pata del operativo se apoyó en Estados Unidos. De acuerdo con el diario The New York Times, el avión que trasladó a Bolsonaro fue pagado a través de James Miller, funcionario de comunicaciones de la Casa Blanca. El secretario de Estado, Marco Rubio, intentó este sábado despegarse de la evidencia al afirmar que su país “no tuvo participación directa”, aunque admitió que Donald Trump autorizó el ingreso del senador brasileño. La contradicción resulta evidente: sin el visto bueno presidencial, la aeronave no habría podido despegar. La autorización del viaje constituyó, en los hechos, la intervención principal. Mientras tanto, en Brasilia las autoridades minimizan el episodio y evitan vincularlo con Milei.

El matutino neoyorquino añade que Miller estuvo detrás del bróker estadounidense que costeó el vuelo y que, posteriormente, Bolsonaro fue autorizado a entrar al país del norte con “una visa provisoria por razones humanitarias”. Migraciones norteamericanas validó el pasaporte diplomático brasileño que portaba el senador y, de inmediato, las propias autoridades estadounidenses lo invalidaron. Todo indica que recibirá una visa definitiva, como ya ocurrió con su hermano Eduardo. Rubio, al desmentir la participación directa, dejó entrever el trasfondo político: Trump no desea un conflicto con Lula. Este mismo fin de semana, el secretario de Estado se reunió en Atlanta con el canciller brasileño, Mauro Vieira, en un gesto que busca bajar el tono de la disputa.

Del lado argentino, la ejecución estuvo a cargo de J.M.B., quien mantuvo el contacto con la custodia de Flavio, con la PSA y con los estadounidenses. No se utilizó a los agentes de la Triple Frontera ni a los veteranos de la Casa, como se denomina coloquialmente a la SIDE. Se optó por un outsider de confianza de los jefes vinculados a Santiago Caputo, el asesor presidencial que también estuvo en el terreno. El acta de la Unidad Regional IV de la Policía de Misiones, labrada por el Comando Radioeléctrico de Capioví, deja constancia textual de su presencia: “en el vehículo se desplazaba Santiago Luis Caputo, quien solicitó evitar demoras en su traslado”. El documento detalla que una Toyota Hiace fue detenida a las 2.50 del miércoles y que en la caravana también circulaba una Ford Ranger perteneciente a la Entidad Binacional Yacyretá, conducida por Jorge Omar Waisman, jefe de Seguridad de esa entidad, mientras que la Hiace era guiada por Ignacio Orlando Palacios, asesor de la Secretaría General de la EBY.

El canal C5N pudo filmar casi toda la operación en la madrugada del miércoles. Los periodistas permanecieron en el aeropuerto con la foco puesta en el Gulfstream, cuando ya corría la versión de que Bolsonaro llegaba a Miami, y así captaron las camionetas y la salida del avión. En Misiones, los policías que participaron del control señalan que si los implicados hubieran actuado con mayor discreción —sin una caravana de camionetas— nadie los habría detectado. “Hicieron demasiado ruido”, coinciden. Waisman y Palacios, según se sabe, vivían en Miami; el primero era policía y ambos pasaron a trabajar en la Entidad Binacional en cargos de seguridad. Se dice que también poseen doble nacionalidad. La mayoría de los que se movieron esa noche tenía vínculos con Estados Unidos.

La fuga se precipitó con una secuencia que las autoridades brasileñas todavía no logran comprender. Flavio Bolsonaro mantuvo su última reunión a las 17 del lunes 26 de octubre, al día siguiente de su derrota en el balotaje. A las 20, una caravana de vehículos partió de su domicilio en Brasilia con su familia a bordo; por eso, al día siguiente, martes 27, sus hijas Luiza y Carolina ya no asistieron al colegio. Esa misma noche, a las 22.14, despegó de Aeroparque un Gulfstream G400 rumbo a Iguazú, que aterrizó a las 23.45. En la hoja de ruta presentada ante las autoridades, la aeronave continuaría hacia Miami a las 2 de la mañana con cuatro pasajeros brasileños. La operación, por lo tanto, estaba prevista para la noche del lunes y la madrugada del martes.

En el gobierno brasileño reina la incredulidad. Consideran que el plan fue diseñado de antemano y que resulta insólito porque Bolsonaro conservaba inmunidad como senador hasta diciembre. Todo les parece aparatoso y, en cierto modo, favorable a sus intereses. Consultados por este diario sobre cómo viajó Bolsonaro de Brasilia a Foz de Iguazú durante su huida, un vocero del equipo de Lula respondió con desdén: “no nos importa, la verdad”.

La dimensión política del episodio se refleja en la reacción diplomática. La cancillería brasileña citó a la encargada de Negocios de la Argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, quien repitió al director de Mercosur —un rango notablemente bajo para un asunto de semejante delicadeza— el comunicado de Migraciones: que Bolsonaro no tenía orden de captura y que, por lo tanto, no hubo irregularidad alguna. El encuentro fue breve, casi un trámite burocrático. La orden era no darle relevancia y dejar en claro que no se estaban pidiendo explicaciones. Altas fuentes de Itamaraty confiaron a este diario que minimizan lo ocurrido. No lo dicen expresamente, pero la intención es ningunear a Javier Milei y no asignarle ningún papel relevante. Incluso hicieron circular la versión de que Lula invitará a Milei a la toma de posesión del 5 de enero, una fecha que se corrió por una enmienda constitucional y que resulta casi humillante para el libertario. En Itamaraty remarcaron que, a la misma hora de la cita con la encargada de Negocios argentina, se encontraban en Atlanta el secretario de Estado Rubio y el canciller Vieira, quienes no solo dialogaron y se fotografiaron, sino que acordaron una reunión para antes de la cumbre del G-20, en diciembre, en Miami. “Nosotros jugamos en las grandes ligas y no nos enredamos en peleas chicas”, sintetizaron funcionarios brasileños.

El gobierno de Javier Milei queda expuesto. Sigue sin reconocer el triunfo de Lula y profundiza un aislamiento que ya se manifiesta en sus insultos y en viajes en los que casi nadie lo recibe. La fuga de Flavio Bolsonaro, lejos de ser un episodio menor, revela una trama en la que la inteligencia argentina, un agente de dudosa trayectoria, la PSA, el asesor presidencial Santiago Caputo y el gobierno de Estados Unidos actuaron en concierto para sacar del país a un senador brasileño que hoy encuentra refugio en el norte.

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