Mientras el ministro de Economía admite en privado que Milei «está intratable» y sugiere un cambio de rumbo ante una recesión que recién comienza, la ministra de Seguridad sorprendió en un evento portuario defendiendo su postura inquebrantable frente a la crisis. La sombra del triunfo de Trump amenaza con disparar el Riesgo País a niveles críticos.
En una jornada que expuso las fisuras internas del oficialismo, el ministro de Economía, Luis Caputo, protagonizó un episodio revelador durante su exposición en un encuentro sobre la cadena de valor del RIGI celebrado en Rosario. Visiblemente fatigado y con signos de desorganización, el titular del Palacio de Hacienda admitió haber extraviado una diapositiva de su presentación, excusándose con un lacónico «perdónenme, pero estos días no pude ver bien las cosas». Quienes lo observaron de cerca describieron un cuadro de agotamiento producto de la dinámica de una economía que no logra despegar y que, según su propio equipo, le está pasando factura a través de las constantes giras que realiza.
Lo que trasciende del entorno del ministro es aún más delicado: existe una creciente tensión con el presidente Javier Milei, a quien Caputo percibe como «intratable» y desbordado por una conducta explosiva en el umbral de una recesión que, advierten, será extensa. El vínculo entre ambos funcionarios atraviesa su peor momento, y el malestar se refleja en el cuerpo del propio ministro, quien intenta hacerle ver al primer mandatario, a su manera, la necesidad imperiosa de corregir el rumbo económico. La imagen de un Caputo desordenado y exhausto contrasta con la de un Presidente que, según sus colaboradores, no está dispuesto a escuchar señales de cambio.
En la vereda opuesta, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, eligió mostrarse firme y desafiante. Apareció por sorpresa en una reunión con empresarios y gremios portuarios, donde dejó en claro que su posición frente a la crisis económica es inalterable. «La gente me quiere como soy», habría expresado según fuentes que presenciaron el cónclave, en lo que se interpreta como un mensaje directo a su propio Círculo Rojo, ese selecto grupo de empresarios y referentes que la siguen. Bullrich está de campaña, y lo hace mientras el gobierno nacional se resquebraja internamente.
El escenario se complica aún más con la inquietud que genera la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Analistas advierten que un triunfo del republicano podría desatar una volatilidad financiera global que impactaría de lleno en la Argentina, con un Riesgo País que podría escalar a niveles letales para la precaria estabilidad macroeconómica. En este contexto, las señales contradictorias del Gabinete, la fatiga del ministro de Economía y la postura desafiante de Bullrich configuran un cóctel explosivo que pone en jaque la cohesión del equipo de gobierno en uno de los momentos más delicados de la gestión.
