En su primera escala de una gira que también comprenderá Argentina y Perú, el pontífice estadounidense reivindicó el carácter laico del Estado uruguayo, defendió la vida en todas sus etapas y compartió su reciente experiencia con la enfermedad para reclamar un acceso sanitario equitativo.
El papa León XIV pronunció este viernes en Montevideo un discurso de fuerte contenido social en el que reclamó una atención médica accesible para todas las personas, puso el foco sobre la preocupante realidad del suicidio en Uruguay y subrayó la necesidad de que el Estado laico garantice un ámbito de convivencia libre y respetuoso entre creyentes y no creyentes. La capital uruguaya constituyó la primera parada de una gira que posteriormente lo conducirá a Argentina y Perú, en el marco de una visita al país más secularizado de América Latina.
Durante su alocución en la Plaza de la Independencia, frente a miles de ciudadanos y después de escuchar las palabras del presidente Yamandú Orsi, el pontífice sostuvo que la condición laica de la nación está llamada a asegurar un espacio donde quienes profesan una fe y quienes no lo hacen puedan coexistir con libertad y respeto mutuo. En ese sentido, aclaró que esa neutralidad estatal no implica que la dimensión religiosa deba quedar recluida al terreno íntimo. El papa quiso resaltar además que la convivencia entre personas de orígenes y tradiciones diversas forma parte de la propia historia uruguaya y que esa pluralidad se manifiesta hoy en las creencias y convicciones de sus habitantes, en un territorio donde cerca del cuarenta por ciento de la población se declara no creyente.
Ante el monumento al héroe nacional José Gervasio Artigas, emplazado en el centro de la plaza, el líder religioso de origen estadounidense reflexionó sobre el Uruguay contemporáneo y abordó la relevancia que tiene para la Iglesia la defensa de la vida en cada una de sus fases. Aprovechó la ocasión para reivindicar la protección de quien aún no ha nacido y que, según sus palabras, ya pertenece a la familia humana y al porvenir de su pueblo, añadiendo que la dependencia absoluta respecto de la madre no menoscaba la dignidad que le corresponde ni el amparo que merece. Asimismo, puso de relieve la importancia de atender las necesidades de la infancia y señaló que asegurar una educación apropiada constituye una parte esencial de ese cuidado, ya que la formación recibida debe abrir oportunidades concretas para incorporarse al mundo laboral, aplicar lo aprendido y alcanzar la autonomía mediante el esfuerzo propio. Frente a los vertiginosos avances de la tecnología y la inteligencia artificial, el pontífice indicó la necesidad de procurar que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo.
En otro tramo de su intervención, el papa abordó la problemática del suicidio, una de las mayores preocupaciones del país, que registra la tasa más elevada de América Latina con 19,16 fallecimientos por cada cien mil habitantes, de acuerdo con datos de 2025 del Ministerio de Salud Pública. Ante esa dolorosa realidad, afirmó que la atención sanitaria, los lazos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables, y sentenció que nadie debería llegar a sentirse ajeno entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia. En el país donde recientemente se legalizó la eutanasia, el pontífice manifestó que la Iglesia desea colaborar con todos aquellos que trabajan por aliviar el sufrimiento cuando ello es posible y por sostener a la persona cuando el dolor no puede ser eliminado.
La defensa de una asistencia sanitaria para todos ocupó también un lugar central en su mensaje. El pontífice mencionó la operación a la que fue sometido el 13 de octubre por un tumor maligno, durante la cual le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, y confesó que recientemente experimentó en carne propia las limitaciones que impone la enfermedad y recibió cuidados por los que se siente profundamente agradecido. Esa vivencia, según explicó, lo llevó a pensar en tantos hombres y mujeres que carecen de medios para obtener un diagnóstico oportuno o recibir los tratamientos que necesitan, y por ello afirmó que procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, con independencia de sus recursos, constituye una responsabilidad que interpela a toda la sociedad. Agregó que quien atraviesa cualquiera de esas situaciones no deja por ello de ser miembro pleno de la comunidad ni pierde nada del valor de su vida, y que en esas circunstancias su fragilidad hace más urgente que reciba la asistencia, los recursos y el acompañamiento que requiere.
