La Marcha del Orgullo volvió a copar Buenos Aires con un reclamo urgente: vivir sin miedo

La Marcha del Orgullo volvió a copar Buenos Aires con un reclamo urgente: vivir sin miedo

Miles de personas se movilizaron desde el Congreso hasta el centro porteño bajo la consigna «¡El orgullo al poder! ¡El odio al carajo!», en una jornada que combinó festejo y denuncia contra el avance de los discursos de odio y el retroceso de derechos en la Argentina de Milei

La 35ª Marcha del Orgullo LGBTINB+ transformó este sábado las calles de Buenos Aires en un escenario donde la celebración y la protesta se entrelazaron sin contradicciones. Desde las primeras horas de la jornada, contingentes de amigos, familias homoparentales con niños pequeños y decenas de organizaciones sociales comenzaron a concentrarse en las inmediaciones del Congreso y en la intersección de Avenida de Mayo y 9 de Julio, decididos a hacer oír una voz que atraviesa generaciones: ser quien uno es no puede implicar ponerse en peligro.

El documento elaborado por la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo – Línea Histórica dejó constancia de una realidad que excede la celebración. Las personas trans y travestis continúan enfrentando exclusión, hostigamiento y discriminación sistemática, y el texto fue categórico al repudiar el salvaje ataque perpetrado por más de doscientos individuos contra trabajadoras sexuales trans en los Bosques de Palermo el pasado lunes 2 de noviembre. La exigencia de justicia y protección se formuló sin ambages, junto al reclamo por una Ley Integral Trans y una Ley Antidiscriminatoria ya, entendiendo que las normas legales constituyen un piso y nunca un techo. La demanda abarcó salud, educación, trabajo, vivienda y una existencia libre de violencias, además de una reparación histórica para el colectivo travesti-trans sobreviviente en cada provincia del país.

Un contexto de retroceso y amenaza

María Rachid, directora del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, advirtió que el país atraviesa situaciones que no se registraban desde la década de los noventa. La violencia hacia las personas trans que se observó en Palermo, por su magnitud, no tenía precedentes recientes, y la funcionaria fue precisa al señalar que los discursos oficiales avalan y legitiman actitudes y conductas violentas y discriminatorias. Cuando un gobierno nacional promueve ese tipo de mensajes hacia la comunidad, un sector de la sociedad —todavía minoritario— se siente respaldado por el poder para expresarse con agresividad, lo que se traduce en un aumento de los crímenes de odio, como los ocurridos en Palermo y en Barracas.

Las cifras resultan elocuentes. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, durante 2025 se relevaron al menos 227 hechos motivados por la orientación sexual o la identidad de género, lo que representa un 62 por ciento más que el año anterior y un promedio de uno cada 38 horas. Se trata de casos registrados, no de una medida exhaustiva de todo lo que sucede, y detrás de cada uno hay una vida afectada y vínculos que reciben el impacto.

La inexistencia de un organismo como el INADI agrava el panorama. María Laura Olivier, secretaria de la Comunidad Homosexual Argentina, llamó a seguir defendiendo los derechos conquistados y a luchar por los que faltan, con un mensaje que no admitió matices: basta de persecución, basta de odio hacia la comunidad, basta de cazar maricas y travas, basta de quemar personas por su elección sexual o su identidad de género, y basta de felicitar a quienes lo hacen. La activista sostuvo que los discursos que ya salieron de las redes generan mucho miedo, pero que aun con ese miedo la comunidad sigue en las calles, en los trabajos, existiendo y luchando, y reclamó que la sociedad castigue esos comentarios y que la justicia caiga con todo el peso de las leyes sobre quienes los provocan y muy fuertemente sobre quienes los incitan, comenzando por el presidente Milei.

Los derechos adquiridos, en la mira

El Gobierno nacional no logró derogar las leyes de matrimonio igualitario y de identidad de género porque cada vez que se expresó contra esta comunidad hubo una respuesta contundente de la sociedad. Rachid recordó el discurso de Milei en Davos y el fuerte rechazo que generó, no solamente de la comunidad LGBT sino del conjunto social, con medios de comunicación y referentes del arte y la cultura que también respondieron. Esa reacción social y de las organizaciones impidió que se avanzara con lo que se les antoja, y aunque Agustín Laje ya expresó en varias conferencias que el Gobierno quiere derogar estas leyes, todavía no tiene los números en las cámaras para hacerlo ni el aval de la sociedad.

La movilización se vivió con intensidad y conciencia del peligro que corren las minorías. La consigna central que se coreó con fuerza fue «¡El orgullo al poder! ¡El odio al carajo!», y los manifestantes entonaron también «fuera Milei» con convicción. Un joven caminaba con un palo que llevaba una cabeza de plástico con una peluca monstruosa clavada con un cuchillo en alusión al presidente, mientras una niña llevaba en un cochecito a una muñeca morocha de pelo largo con un cartel que decía «Cristina Libre».

El documento de la comisión organizadora expresó que el orgullo no se proscribe, porque los proyectos que transformaron la vida de millones de argentinos no caben en fallos judiciales armados a medida de los poderes concentrados. También repudió la condena ilegítima a Cristina Kirchner por considerarla una persecución judicial infundada que busca disciplinar al movimiento nacional y popular para que nunca más una presidenta o presidente se anime a abrirle las puertas de la Casa Rosada a las travas, travos, maricas, tortas y a todo el colectivo. La exigencia fue clara: Cristina es inocente y la queremos libre, fuera Milei porque no nos vamos a acostumbrar a que nos gobierne el odio, y junto a ese reclamo, la construcción de una alternativa democrática.

Una jornada que unió festejo y memoria

La organización funcionó a la perfección. Hubo una feria para emprendedores trans en la plaza Congreso y la posibilidad de realizarse test gratuitos de VIH. Vendedores ambulantes ofrecían brownies, cortes de flequillo para pasar las crisis, masajes y empanadas veganas, mientras grupos de amigos y familias recorrían las calles sacándose fotos y compartiendo un día que tuvo como ejes la defensa de los derechos humanos en un contexto donde la gente no llega a fin de mes y lo público intenta ser destrozado por el Gobierno.

Las artistas María Becerra y La Joaqui cerraron la festiva jornada con dos presentaciones que coronaron un día de reivindicación. Las consignas de la marcha fueron más allá de la denuncia e incluyeron una ley integral trans, una nueva ley antidiscriminatoria, el cumplimiento del cupo laboral y presupuesto para salud sexual, además del reclamo por acceso a la educación, a los tratamientos y a un empleo digno. La Línea Histórica exigió prohibir las terapias de conversión y garantizar una reparación para travestis y trans adultas mayores, sobrevivientes de la cárcel, los edictos policiales y la expulsión de sus hogares, escuelas y trabajos. El documento también rechazó toda política que pretenda excluir al colectivo de espacios que les pertenecen, con un «basta de exclusión a las personas trans en el deporte» y un no a las políticas discriminatorias del Comité Olímpico Internacional y otras instituciones deportivas, exigiendo una sociedad que valore y respete la diversidad corporal, libre de prejuicios y violencias.

Susy y Rosa conforman una familia desde hace diez años y vinieron a la marcha junto a sus gemelos de ocho años para que entiendan con los ojos la importancia de formar parte de un colectivo castigado tanto por el presidente como por un sector de la sociedad. Rosa aseguró que ellas son unas privilegiadas que cuentan con estudios, casa propia y una red afectiva que nunca las discriminó, pero que hay muchas historias de desprecio y soledad de hombres y mujeres discriminados desde sus infancias. Como madres, quieren que sus hijos sepan que nadie tiene derecho a juzgar su intimidad ni a apartarlos por su sexualidad, y observan que en las escuelas hay mucho bullying al negro, al gordo, al amanerado, conductas que vienen de lo que se habla puertas adentro.

A pesar del retroceso con el que este gobierno castiga al pueblo, el amor en su expresión más saludable atravesó cada cuadra y a cada pareja de mujeres y de hombres que iban tomadas de la mano. Martina, una mujer trans que perdió todo para seguir su pulsión de vida, asume que es quien es gracias a la lucha de personas que le abrieron el camino a ella y a tantas otras del colectivo, como Carlos Jáuregui, Lohana Berkins y Diana Sacayán. El orgullo lleva esas memorias a la calle para reclamar algo urgente e innegociable: que las próximas generaciones puedan caminarla sin que su identidad las convierta en un blanco.

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