León XIV llega a la Argentina en medio de una relación tirante entre el Gobierno y la Iglesia

León XIV llega a la Argentina en medio de una relación tirante entre el Gobierno y la Iglesia

El pontífice, que ya cumplió la primera escala de su gira sudamericana en Uruguay, arriba este domingo al país natal de Francisco. La visita, impulsada por los obispos argentinos y resistida en silencio por el mileismo, estará atravesada por la tensión con el Ejecutivo y por la expectativa acerca de los mensajes que el Papa dejará sobre la realidad social.

León XIV ya concretó la primera etapa de su recorrido por Sudamérica en territorio uruguayo y este domingo desembarca en la Argentina. Durante el vuelo que lo condujo hacia Montevideo, el sumo pontífice dialogó con los periodistas que lo acompañaban y dejó sentado su anhelo de regresar a Perú. La escala peruana constituye, según sus propias palabras, un retorno al hogar, un reencuentro con un lazo que jamás se quebró entre un obispo misionero “con olor a oveja” y su pueblo, tal como lo evocó Andrea Tornielli, editorialista de Vatican News. Robert Prevost residió casi veinte años en el país andino: primero como religioso agustino, después como obispo consagrado por Francisco y, más tarde, como vicepresidente de la conferencia episcopal elegido por el sufragio de sus pares. El destino argentino representa, sin lugar a dudas, un homenaje a Francisco y a su “legado”, conforme lo manifestó el propio Prevost, quien se reconoce como continuador del magisterio del papa argentino.

Jorge Bergoglio tuvo una gravitación decisiva en el ascenso de Prevost dentro de la estructura vaticana. No solamente lo consagró obispo, sino que lo condujo a la Santa Sede para ocupar cargos de relieve y directamente ligados a la toma de decisiones en la Iglesia católica a escala planetaria. El 30 de enero de 2023, Francisco lo convocó a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Posteriormente le sumó otras responsabilidades importantes en la Curia Vaticana. Antes, mientras residía en Perú, compartió espacios y reflexiones con el sacerdote y teólogo Gustavo Gutiérrez, uno de los iniciadores de la “teología de la liberación” de raíz latinoamericana y una figura de enorme incidencia en la comunidad católica peruana.

No pocos observadores sugieren que, al margen de las especulaciones periodísticas, dentro del colegio cardenalicio que elige al pontífice, Prevost fue el hombre señalado por Bergoglio para sucederlo, y eso fue lo que terminó inclinando la balanza en su elección. Todo ello, sumado al pedido expreso de los obispos argentinos para que se concretara el viaje, generó las condiciones para que León arribe este domingo a la Argentina en una etapa previa al regreso al país que lo adoptó y cuya ciudadanía adquirió.

“En Argentina, país natal de Francisco (…) el Papa encontrará una sociedad fuertemente polarizada y grandes desafíos sociales”, escribió recientemente Tornielli. Después del grave error cometido por Javier Milei al calificar al papa Bergoglio como “representante del maligno en la tierra” y a pesar del encuentro entre Francisco y el presidente en el Vaticano en febrero de 2024 que la Casa Rosada vendió como “reconciliación”, el mileismo creyó ver en Robert Prevost una figura “con un perfil distinto” y, como les sucedió también a muchos analistas del tema religioso, dispuesto a tomar distancia de la doctrina social y de la defensa de los excluidos que Francisco exhibió durante todo su pontificado. Fue en ese marco que la cancillería argentina puso en marcha la invitación oficial necesaria para que el Papa incluyera un viaje a la Argentina dentro de su agenda. Era la forma de salvar el error anterior, pero a la vez de recomponer ciertos lazos con el catolicismo.

En la balanza no se consideró que uno de los propósitos de Bergoglio fue cambiarle el perfil al episcopado argentino mediante el nombramiento de obispos y sacerdotes comprometidos con la justicia social, la dignidad de la persona y la defensa de los pobres y excluidos como parte inescindible de su labor evangelizadora. Este nuevo perfil de los obispos fue ganando también espacio dentro de la estructura de la Conferencia Episcopal, posicionando a la iglesia y a su jerarquía de otra manera también en el diálogo con la sociedad y dejando atrás la marca conservadora que fue característica de la iglesia institucional durante muchos años. Crecieron los espacios de la pastoral social, pero también el compromiso con los pobres y en los barrios marginados, además de la alianza con los movimientos sociales y populares.

Esto es lo que permitió que, frente a las políticas de ajuste implementadas por Milei y su equipo, comenzaran a alzarse voces de miembros de la jerarquía católica —incluso la de su presidente Marcelo Colombo y del vice, el cardenal cordobés Ángel Rossi, entre otros— manifestando solidaridad con los reclamos de las personas con discapacidad, los trabajadores de la salud, de la universidad pública y en contra de la baja de edad de imputabilidad para los jóvenes o de la extranjerización de la tierra. A partir de esto, Milei solo mantuvo la necesaria vinculación institucional con la jerarquía católica y nunca recibió formalmente a las autoridades de la Conferencia Episcopal. Solo el obispo castrense, Santiago Olivera, tuvo las puertas abiertas en la Rosada.

Cuando el gobierno de LLA daba por caída la invitación al Papa para que nos visite —aunque formalmente seguía vigente—, fueron los obispos argentinos quienes activaron la posibilidad de concretarla y reforzaron el pedido. León XIV llega a la Argentina en un momento de evidente tensión en la relación entre el gobierno de Milei y la jerarquía católica. En estas circunstancias, Milei y los suyos habrían preferido que no ocurriera, aunque en voz alta digan exactamente lo contrario. Llegado el momento, Karina Milei —con más olfato político que otros— decidió ponerse ella misma al frente del operativo imprescindible para que la visita papal salga de la mejor manera y con el menor costo para el mileismo.

Casi todas las cuestiones formales e institucionales están cubiertas. También hubo aportes presupuestarios del Gobierno nacional. Las mayores tensiones estuvieron dadas en el armado de la agenda y en la resistencia oficial a que la gira papal incluyera visitas a barrios populares o encuentros con organizaciones populares. Finalmente, el Cottolengo de Claypole que atiende a personas con discapacidad —afectadas también por el ajuste presupuestario y la corrupción en la ANDIS—, quedó como un gesto inequívoco de la solidaridad de la iglesia con esas personas. Esto más allá de cualquier palabra que se pronuncie. La visita pontificia a la cárcel de Devoto fue de alguna manera desnaturalizada por el vaciamiento de las personas allí detenidas, pero se mantuvo dentro del periplo pontificio. León XIV pidió contacto con gente y, en particular, con los jóvenes. Para este fin se organizó la vigilia juvenil en Palermo.

Las preguntas acerca de qué dirá el Papa en la Argentina y a qué temas se referirá comenzaron a responderse en Uruguay. León XIV habló allí de la preocupación por los suicidios y sobre la necesidad de que el Estado garantice salud para toda la población. Se refirió a los temas que los obispos locales le habían planteado como preocupación. Sin acusar a nadie con el dedo, pero ofreciendo criterios para la consideración de todos. Esa es la metodología y el estilo. La ministra Sandra Pettovello dijo con certeza que “de ninguna manera va a venir el Papa a hacer un comentario sobre la política local”. Es correcto. Tanto como lo que dijo el obispo presidente de la Pastoral Social, Dante Braida, al afirmar que León encontrará “una Argentina que padece necesidades y que busca el camino”.

Seguramente el Papa no ofrecerá soluciones, pero es inevitable que aquí, como en cualquier lugar del mundo que visite, trate de aportar —desde su condición de jefe de la Iglesia y en base a sus convicciones— criterios para responder de la mejor manera a la realidad local. Y seguramente esos aportes, que se conjugan en la llamada “doctrina social de la Iglesia”, tendrán como eje la búsqueda de la justicia, la opción por los pobres y los excluidos, recogiendo también el lema de Francisco: “tierra, techo y trabajo”. De más está decir que todo lo que diga y haga el Papa quedará sujeto a interpretación de unos y de otros. Y también sometido al nivel de movilización popular que logre concitar su presencia.

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